¿Les digo algo?

Nexcy D´León
El país amaneció distinto después del Congreso Ciudadano por el Agua y la Vida, celebrado en el auditorio Manuel del Cabral de la biblioteca Pedro Mir de la UASD. Distinto, porque se sintió el pulso de la gente que ya no quiere callar, que no acepta que el agua, fuente de toda vida, sea convertida en mercancía.
Allí se encontraron campesinos, académicos, activistas, religiosos, estudiantes y, sobre todo, comunidades y organizaciones que desde hace años defienden ríos, montañas, cuevas y humedales. El aire estuvo cargado de indignación, pero también de esperanza: la indignación frente a la amenaza de una Ley de Aguas que abriría la puerta a la privatización; la esperanza de que la unidad popular, tejida en la diversidad, pueda torcer el rumbo de las decisiones políticas.
No hubo discursos huecos ni aplausos complacientes. Hubo denuncias concretas: la mina que contamina, la presa de cola detenida en Cuance, el riesgo en el Naranjo, la destrucción del Pomier, la depredación en Managua y el relleno de humedales. Y, sobre todo, un clamor unánime: el agua es patrimonio universal, inalienable e intransferible.
La consigna “¡El agua no se vende, se defiende!” retumbó en cada rincón. Cada voz sumó fuerza a un movimiento que ya no es sectorial ni disperso, sino ciudadano, transversal y nacional.
¿Les digo algo? Este Congreso no terminó el sábado 30 de agosto en la UASD. Apenas empezó. Porque mientras existan intereses dispuestos a contaminar ríos, privatizar el agua y quebrar montañas, habrá siempre quien levante la voz, el cuerpo y la conciencia para defender el derecho más elemental: el agua y la vida.