Economía
Sin margen fiscal, el ajuste cae en la política monetaria
El aspecto más relevante de la reunión de política monetaria del Banco Central de abril no fue la decisión, previsible, de mantener la tasa de referencia en 5.25%, sino la admisión de que en los próximos meses la inflación podría situarse por encima del rango meta de 3.0% a 5.0%

Banco Central
El aspecto más relevante de la reunión de política monetaria del Banco Central de abril no fue la decisión, previsible, de mantener la tasa de referencia en 5.25%, sino la admisión de que en los próximos meses la inflación podría situarse por encima del rango meta de 3.0% a 5.0% y que actuarían para mantenerla dentro de las metas de inflación.
En este espacio señalábamos la semana pasada (“Menos dinero en la calle, intereses más altos”) que durante marzo el Ministerio de Hacienda ejecutó cuatro subastas de instrumentos de deuda (los días 5, 6, 24 y 25) captando cerca de RD$100,000 millones. A esto se sumó la colocación de notas del Banco Central por RD$10,000 millones, en una clara acción coordinada orientada a retirar liquidez del sistema.
A esta dinámica se agrega que en mayo los bancos deberán devolver alrededor de RD$55,000 millones correspondientes a Fondos de Liquidez Rápida (FLR), lo que profundizará el proceso de contracción monetaria.
El economista Milton Friedman popularizó la expresión “no hay almuerzo gratis”, recordándonos que toda política implica costos. Reducir la liquidez presiona al alza las tasas de interés, algo que ya se observa, especialmente en las tasas pasivas, y contribuye a ralentizar el crecimiento económico. Resulta inviable pretender simultáneamente estimular la economía, mantener bajas las tasas, controlar la inflación y sostener la estabilidad cambiaria. Alguna variable necesariamente debe ceder.
Entre junio de 2023 y diciembre de 2025, el Banco Central mantuvo una postura expansiva basada en liberaciones de encaje legal y FLR, con breves pausas restrictivas. Sin embargo, los resultados fueron modestos: el crecimiento fue de apenas 2.4% en 2023 y 2.1% en 2025. A pesar de la reducción gradual de tasas entre marzo de 2025 y marzo de 2026, el mecanismo de transmisión monetaria mostró signos de debilitamiento, como advirtió la misión del FMI en el marco del Artículo IV de 2025.
En nuestro artículo pasado advertíamos: “En este contexto, el Banco Central enfrenta una disyuntiva compleja: priorizar la estabilidad de precios y el anclaje de las expectativas inflacionarias, aun a costa de restringir la liquidez y encarecer el crédito, o flexibilizar las condiciones monetarias con el riesgo de reavivar presiones inflacionarias y cambiarias”.
En su comunicado de abril, el Banco Central reconoce que su sistema de pronósticos indica que la inflación interanual podría ubicarse temporalmente fuera del rango meta, y deja claro que adoptará “las medidas necesarias que contribuyan al cumplimiento de las metas de inflación”.
Tanto las autoridades monetarias como fiscales saben que el margen de maniobra es limitado. No existen colchones fiscales ni espacio para reorientar gastos por unos RD$40,000 millones que permitan sostener los subsidios crecientes a combustibles y electricidad.
La alternativa sería un mayor endeudamiento externo para financiar el déficit, lo cual favorecen algunos funcionarios. Opción compleja en un contexto de condiciones financieras internacionales restrictivas. Más aún, cuando Fitch Ratings mantuvo la calificación en BB-, pero revisó la perspectiva de positiva a estable, citando el bajo crecimiento y la fragilidad fiscal.
Si el conflicto en Medio Oriente persiste, el escenario más probable es un aumento de la inflación, una desaceleración del crecimiento y una nueva presión sobre el tipo de cambio. En ese contexto, la postura del Banco Central luce consistente: enfrentar las presiones inflacionarias mediante alzas en la tasa de política monetaria y una reducción sostenida de la liquidez.