Historia
Napoleón capturó al rey de España Fernando VII
El 2 de mayo estalló la sublevación de los españoles contra Francia, al mando del general Juan Martín Diez.

Napoleón Bonaparte (Fuente externa)
El 23 de marzo de 1808, el mariscal francés Joaquín Murat, Gran Duque de Berg y rey de Nápoles, montado en su caballo blanco, de raza árabe pura, ataviado con su traje militar de seda, bordado en oro y sombrero con plumas de pavo real, entró con las tropas napoleónicas a Madrid, bajo el pretexto de usar la ruta hacia la ocupación de Portugal.
En 1807 España y Francia habían firmado el Tratado de Fontainebleau, que permitía a los franceses cruzar el territorio español para invadir Portugal, pero el emperador Napoleón Bonaparte aprovechó y ocupó posiciones estratégicas en la península con la intención de un dominio total.
El 17 de marzo ya se había dado el motín de Aranjuez contra el primer secretario de Estado, Manuel Godoy, hombre de confianza del rey Carlos IV, responsable de la alianza con Francia.
Ante tal situación, el rey Carlos IV abdicó a favor de su hijo Fernando VII, quien estaba implicado en la revuelta.
Sin embargo, Napoleón estaba al acecho y convocó a padre e hijo a Bayona, ciudad francesa ubicada en el suroeste, en la confluencia de los ríos Nive y Adur, donde obligó a Fernando VII a devolver la corona a su padre, quien ya había cedido sus derechos al emperador francés. Tales acontecimientos, sucedidos entre el 5 y el 6 de mayo de 1808, se conocen en la historia de España como “las abdicaciones de Bayona”.
Allí mismo Napoleón Bonaparte dejó cautivo a Fernando VII, quien después fue trasladado al castillo de Valençay, en el centro de Francia, y dicen los historiadores que durante su cautiverio fue tratado con respeto y dignidad por el emperador de Francia. Napoleón designó a su hermano José I como rey de España.
El 2 de mayo estalló la sublevación de los españoles contra Francia, al mando del general Juan Martín Diez, llamado el Empecinado. El levantamiento español contó entonces con la alianza de Reino Unido y Portugal, que buscaban cerrarles el paso a las ambiciones imperiales de Napoleón.
Los liberale que luchaban por la partida de las tropas napoleónicas y la independencia de España buscaban también la restauración de la monarquía a favor del rey Fernando VII, pero se dice que el cautivo se mantenía indiferente y que incluso le enviaba cartas aduladoras al emperador de Francia (Ver Fernando García de Cortázar y José Manuel González, Breve Historia de España, Alianza Editorial, 1994).
Mientras tanto en el este de la isla de Santo Domingo, el 7 de noviembre de 1808 estallaba la revuelta de los dominicanos contra el dominio francés, que había comenzado en 1802, con la llegada de las tropas francesas dirigidas por Jean-Louis Ferrand.
En 1809, los dominicanos, dirigidos por el general Juan Sánchez Ramírez logran expulsar a los franceses y devolver el territorio al dominio español, pero los españoles tal vez no se dieron cuenta, pues estaban muy ocupados en la llamada “Guerra de los seis años”.
La guerra franco-española terminó el 11 de diciembre de 1813, con la firma del Tratado de Valençay, entre Napoleón y Fernando VII para poner fin a las hostilidades y permitir el retorno del rey a su tierra natal.
Luego, Fernando VII fue liberado de su cautiverio y el 22 de marzo de 1814 cruzó la frontera a caballo, por el paso de Figueres (Gerona). Entró en Valencia el 16 de abril y el 13 de mayo llegó a Madrid, donde fue recibido por una gran multitud que gritaba ¡Viva el rey! El pueblo le llamó “El Deseado”. Anuló la constitución de Cádiz de 1812 (La Pepa), promulgada el 19 de marzo, día de San José.
Es bueno anotar que el pueblo dominicano no tuvo tiempo a conocer “La Pepa”, por razones lógicas.
El vacío de poder que se dio en España con la prisión del rey y la guerra con Francia fue aprovechado por los líderes hispanoamericanos José de San Martín y Simón Bolívar para impulsar el movimiento emancipador en América.