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Pellizcar para simular

La necesidad de aparentar poder ha obligado la tenencia de vehículos, casas, cambios en la vida familiar, esa poligamia caribeña aceptada sin el menor mohín de disgusto.

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El boato fue parte sustancial de la tiranía. Desde la vestimenta hasta la afectación personal, esa manera de aparentar sin ser, marcó tres décadas. Basta una revisión gráfica del gabinete, de la familia del sátrapa, de los personajes allegados para comprobar la corrección y ese paso de lo sublime a lo ridículo con el uso de mitones, pieles, cofias, sin olvidar el bicornio napoleónico del jefe.

El uso del chaqué para fechas importantes continuó durante los mandatos de Joaquín Balaguer y del presidente Guzmán. Poco a poco la donosura de los integrantes de los gabinetes fue cambiando, primaba el funcionariado “gordo y colorao” y naturalmente la ostentación.

La necesidad de aparentar poder ha obligado la tenencia de vehículos, casas, cambios en la vida familiar, esa poligamia caribeña aceptada sin el menor mohín de disgusto. El arribo del Cambio con sus muchachos engominados y pulcros trajo los modelos de Hugo Boss y las impecables camisas blancas que usa el presidente. Conlleva la presencia en torneos de golf, inscripción en Cigar Clubs, paseos por las calles de Madrid y la infaltable exhibición -discreta- del apartamento en Miami y la inocultable visita cotidiana a los restaurantes cinco estrellas de aquí y acullá.

Símbolos de poder, señales que identifican las distintas administraciones del erario y sirven para establecer la distancia de la gleba y deslumbrar a esa masa que ayuda a ganar y a mantener el solio.

Los intentos de comedimiento que pretenden enfrentar tiempos difíciles comienzan con anunciar la reducción del disfrute de esos símbolos. Limitación del uso de vehículos oficiales, menos regalos, viáticos, viajes, disimulo por doquier.

La factibilidad de los planes es nula, porque la restricción se limita a lo superficial. Pellizcos de monja en el presupuesto, aunque ayudan a la percepción de frugalidad y sacrificio.

Quince días después del anuncio de austeridad, los “pica pica” todavía disfrutan la presencia de los funcionarios en los restaurantes del Gran Santo Domingo y de las provincias, la asistencia a las salas de fiestas y conciertos continúa.

Desde la publicación del plan para enfrentar la crisis que el alza del precio de petróleo puede provocar en esta isla dividida, el comentario omite los sacrificios personales, la ciudadanía obligada a la moderación y a cambios de hábitos. Todo se ha concentrado en la crítica a la rebaja de la asignación, establecida por la ley orgánica de Régimen Electoral, a los partidos políticos. Anzuelo mordido de inmediato. Es propuesta, sugerencia, porque su ejecución implica la derogación del artículo 224 de la ley citada.

La provocación sirvió para la reacción del Foro Permanente de Partidos Políticos, también para validar el controversial estipendio. Algunos afirman que la reducción permitiría la entrada de capital espurio al ejercicio político. Risible. Detrás de las siglas y las consignas se lavan y planchan activos, pruebas al canto hay y muchas.

Mientras suman, restan y negocian, la violencia ocupa cada rincón del territorio. El presidente dijo que “este gobierno escucha” y por eso ordenó la suspensión de los trabajos mineros en Romero, ahora debería prestar atención a la caótica y peligrosa convivencia nacional e intentar enfrentarla.

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Carmen Imbert Brugal

Carmen Imbert Brugal

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