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discriminación y el maltrato

discriminación y el maltrato

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Esperé adrede el paso del tiempo para poder empezar este título. Yo mismo no recuerdo su nombre, aunque traigo su caso porque en el mismo hay cosas más importantes que la vida de una jovencita inmigrante que fue víctima de ruda discriminación entre sus compañeritos de colegio en Santiago.

El tema de la discriminación y el maltrato a miembros de grupos minoritarios es probablemente de toda la vida y todas las culturas, porque hasta las aves maltratan a sus propios polluelos con defectos físicos, a los “patitos feos” que no tienen todos los rasgos definitorios de la identidad del grupo, especie o variedad.

Históricamente, diferentes culturas han desarrollado mecanismos de protección de los niños y adultos que no tienen los rasgos más deseados y valorados por los diferentes grupos de la sociedad.

Pero aquí y ahora el tema es algo más específico y ciertamente previsible para un país como el dominicano que se precia de ser cristiano, y que la mayoría de sus nacionales se enorgullece de su sentido humanitario y el respeto a los demás, entre otras cualidades loables.

La propuesta y el desafío son evidentes: actualmente hay cerca de un 10% de niños de origen haitiano en nuestras escuelas. No es cuestión de la escuela o colegio, público o privado, puesto que el bulling y la discriminación son una conducta que suele presentar surgir en cualquier grupo o nivel social.

Por lo cual, todo el sistema de educación de nuestro país está moralmente obligado a cuidar la buena relación que, con normas y vigilancia inteligentes, garantice una buena acogida de los niños haitianos en nuestras escuelas, principalmente en las del estado.

De partida, se sabe en cuales escuelas hay niños de origen haitiano, y en qué proporción y niveles de edad. Y ha de ponerse el mayor cuidado para que niños haitianos, descendientes, nacionalizados, no intenten ni lleguen a formar agrupaciones de autodefensa, lo cual suele ser una respuesta natural y espontánea de adaptación que puede convertirse en pernicioso patrón cultural si las autoridades no desarrollan estrategias especiales para evitar los naturales enfrentamientos que como mecanismos de adaptación y defensa surgen en esas circunstancias.

Es probable que estos niños hijos de inmigrantes incluso entren en conflicto con otros niños del mismo origen étnico de grupos migratorios más antiguos y con los del mismo tipo racial de nacionalidad dominicana, porque ocurre demasiado a menudo que “las peores cuñas son las del mismo palo”. En estos casos, los criollos pueden sentir que el solo hecho de que los confundan con los inmigrantes les baja el estatus y a menudo también los hace víctima de persecución y acoso.

El asunto amerita estudios serios y medidas programáticas e inteligentes. Desde los orígenes de la dominicanidad hemos tenido la sabiduría de manejar el racismo con bastante dignidad y con especial respeto para nuestros negros. Incluidos grandes héroes nacionales.

Nuestra raza ha superado triunfalmente diversos procesos de autoaceptación mediante mecanismos inteligentes de manejo de los sentimientos etno-racistas. Tan naturales entre los humanos.

Sobre el autor
Rafael Acevedo

Rafael Acevedo

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