Política
En política hay menos resquemor en la adversidad que en el éxito
Lo más importante es sumar voluntades y procurar mayor integración de quienes puedan contribuir al éxito.

Política
Según ciertos estudiosos de la conducta humana, en cualquier país del mundo, pero más en algunos específicos, no es raro que en materia política se produzcan menos casos de resquemor durante los períodos de dificultades que cuando se logran los éxitos. Esa expresión no deja de ser una realidad. Y aunque lo mismo ocurre en otras actividades, es el campo político donde, por su propia naturaleza, tiene una connotación especial. Cosa que no deja de llamar la atención y confirmar la complejidad del ser humano.
No hay que entrar en detalles particulares ni específicos. Pero durante el desarrollo político o partidario, es notorio ese señalamiento de que, en cierto modo, se percibe más solidaridad humana durante los períodos, por ejemplo, de oposición entre los compañeros de distintos niveles, que cuando estos llegan a obtener el triunfo o logrado sus objetivos.
De acuerdo a algunos expertos, uno de los motivos fundamentales que provocan esas actitudes es por el hecho de que durante lo que se denomina adversidad, para no llamarle oposición, las expectativas adquieren un nivel más amplio y se expande hacia el conjunto. Casi todos se arropan con las mismas sábanas. Y aunque alguien en particular tenga alguna ilusión por adquirir una posición específica, durante la lucha por lograrlo, se entrega al trabajo colectivo y procura el apoyo y la solidaridad de los demás.
En esos períodos, todos los propósitos están supeditados al éxito. Lo más importante es sumar voluntades y procurar mayor integración de quienes puedan contribuir al éxito. Saben que solo mediante el éxito del conjunto podrán lograr cualquier aspiración particular. Entienden que sabiendo cuáles son sus campos de acción y áreas de influencias, dedican la mayor cantidad de tiempo a esas labores.
La contrapartida está en que, cuando se producen los éxitos, ya las cosas comienzan a cambiar. A partir de ahí, todo el que tiene un objetivo particular trata por todos los medios de colocarse y estar presente, ya no necesariamente donde sus áreas de influencias, si no donde el capitán lo vea. Donde pueda ser tomado en cuenta de manera especial por los que influyen en las tomas de decisiones.
Por esas razones, partiendo de lo que plantean estos expertos en la conducta humana, ya logrado el éxito e iniciarse los procesos de conformación de los equipos de mando, existiendo aspiraciones específicas y variadas entre tantos actores, empiezan a producirse las heridas o rencillas. Un fenómeno que puede considerarse, lamentablemente, normal entre los seres humanos.
Durante el ejercicio del poder, como no todos pueden entrar al tren con las mimos niveles ni en los lugares a los que aspiraban, se profundizan los resquemores, los resentimientos y hasta las malas voluntades. Todos lucen contentos, pero haciendo uso de la simulación. Desde los comienzos, los disgustos de los que no fueron seleccionados en los lugares de aspiración, se van acumulando. Y al pasar el tiempo, muchos disfrutarían el fracaso de algunos de sus compañeros y a los demás les daría igual.
Para la mayoría, los presidentes son buenos si los complace. Y a veces, aunque los tome en cuenta, no necesariamente terminan agradeciéndole porque no les dio aquello que entendían que se merecían.
¡Que complejo es el ser humano!