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Esas prácticas inoportunas

La narrativa optimista, ese “aquí no pasa nada”, desde tiempos inmemoriales, ha sido efectiva para persuadir y mandar..

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La experiencia es fascinante, el intento loable, los resultados óptimos. La narrativa optimista, ese “aquí no pasa nada”, desde tiempos inmemoriales, ha sido efectiva para persuadir y mandar.

Referentes sobran. Con sus precedentes y objetivos logrados, desviar la atención desde los centros de poder siempre ha sido un desiderátum y a pesar del impacto de las redes y con ellas como aliadas se consigue. Ahora más cuando la frivolidad dicta y el coro repite dicterios tanto como alabanzas.

Contrarrestar “el chismorreo”-Harari- requiere actitudes que el discurso político dejó atrás. La banalidad se impone para “sonar”. Sumarse o perecer es la consigna, por eso Pedro Sánchez, presidente del gobierno español cita a Bad Bunny en una discusión y aspira trascendencia con la mención. No encontró citas contundentes para hablar de sentimientos en lecturas previas menos en su ejercicio político. Aquel “Imagine” de John Lennon usado en el pasado cuando los políticos querían demostrar amor por la paz y conocimiento de la cultura pop está descartado. Sánchez además no había nacido cuando Massiel cantaba “Rosas en el Mar” y apeló a la tendencia dominante, construida por la poderosa industria del espectáculo y la manipulación.

Algo similar ocurrió aquí cuando el presidente felicitó a un personaje denominado “La fruta” muchas personas tuvieron que “googlear” para saber quién era el dichoso que entraba en el reino abinaderista.

Todo para mantener y conquistar la aprobación de la mayoría emocional que asume “el perreo” como una reivindicación y compensación a su condición de irremediable marginalidad, lejos del aula y cada vez más cerca de la alienación y la violencia.

Y como la narrativa política pretende convencer en desmedro de la verdad, las reacciones oficiales para explicar algunos percances son parecidas a la burla.

En el gobierno de la pureza, ficción fundacional del régimen las primeras infracciones divulgadas por el rumor sin lograr la calificación para iniciar procesos penales se convirtieron en “errores subsanables”. Desde el santuario ético de Palacio se dictaron las indulgencias pertinentes y la historia concluyó. Después ocurrió aquel tímido resabio cuando la directora de Ética e Integridad Gubernamental se enteró que nunca fue ejecutada la suspensión del controversial contrato para “La Modernización, Ampliación, Supervisión y Gestión del Sistema Integral del Centro de Control de Tráfico y la Red Semafórica del GSD", suscrito por Intrant con la empresa Transcore. "A mí no me gustan los contratos que se suspenden y se siguen cumpliendo".

El presidente Balaguer conocedor de la codicia de sus más cercanos colaboradores durante el periodo de los 12 años, cambió la denominación de las infracciones por “indelicadezas”.

La nomenclatura del Cambio es ingeniosa, prolífica. Inolvidable la explicación oficial, cuando fue divulgada la existencia de una categoría de empleado público insospechada: “asistente de asesor” en ministerios y direcciones. “Son directores, pero por asuntos burocráticos se les da esa denominación” afirmó el vocero de la presidencia.

El presidente del PRM considera “prácticas inoportunas” el cobro de cuotas a empleados públicos para financiamiento político. La descripción enriquece el diccionario del Cambio, queda por averiguar cuándo la práctica, remedo de la coacción propia del Partido Dominicano, será oportuna.

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Carmen Imbert Brugal

Carmen Imbert Brugal

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