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A Rafael Santos Badía

Rafael Santos Badía, hombre humilde, nacido en Tenares, ha tenido que, como muchos de nosotros, los de extracción humilde, combinar trabajo, estudios, familia, militancia y servicio público.

Rafael Santos Badía

Rafael Santos Badía

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Todo el que me conoce sabe que nací en la provincia Monte Plata y que, desde la tierna infancia, mi papá compró una casa en el Barrio Duarte de Herrera, sector donde crecí, inicié y concluí el ciclo de formación preuniversitaria: desde la escuelita hogar de la profesora Francia, hasta recibirme como bachiller en el Liceo Las Palmas de Herrera.

Ese territorio de calles polvorientas, cargado de memorias, esfuerzo y comunidad, fue también el espacio donde nació mi cariño y admiración hacia el profesor Rafael Santos Badía, quien entonces estaba casado con la profesora Taty, también maestra de educación primaria.

Por sus manos pasaron algunos de mis hermanos mayores, amigos y, hasta hoy, en casa recordamos ese episodio con respeto y gratitud. Aun cuando luego Rafael emigró del barrio, su progreso profesional y humano siempre nos llenó de satisfacción. Era evidente que aquel maestro estaba destinado a trascender el aula sin desprenderse jamás de ella. En su trato había firmeza, pero también una sensibilidad social que dejaba huellas.

Con el paso del tiempo, siendo aún muy jóvenes, lo vimos aparecer en los noticiarios nacionales en su rol de dirigente sindical dentro de la Asociación Dominicana de Profesores. Para nosotros, muchachos del barrio, era motivo de orgullo ver a “nuestro profesor” alzando la voz en defensa de la educación pública y de la dignidad del magisterio. Aquella exposición pública no lo alejó de su esencia: la reforzó.

Ese liderazgo también fue determinante en la consolidación de lo que hoy es el Liceo Las Palmas de Herrera, fundado por el inolvidable director José Miguel Gil Sena, con el respaldo activo de Rafael Santos Badía como dirigente de la ADP, organización de la que llegó a ser secretario general. Incluso, cuando residía en el barrio, Rafael ya formaba parte del Comité Ejecutivo de la ADP y era reconocido como uno de los forjadores de ese sindicato magisterial.

En aquellos inicios, el liceo funcionaba en varias casas alquiladas, por lo que solíamos decir, con humor y resignación, que estudiábamos en un “archipiélago”. Gracias a sus diligencias y gestiones, muchos profesores lograron convertirse en maestros titulares de ese recinto educativo, todos con sólida formación académica y, sobre todo, con una profunda vocación social. Basta mencionar a uno de ellos, mi profesor de Física, Pericles de Jesús Romero.

Ese compromiso social lo condujo, de manera natural, al Congreso Nacional, donde se desempeñó como diputado de la República, llevando al escenario legislativo la mirada del maestro y del dirigente social. Desde esa curul, su accionar estuvo vinculado a temas clave como educación, formación docente y políticas públicas orientadas al desarrollo humano. No fue un legislador distante: fue un diputado que comprendía el país desde abajo, desde las aulas, los barrios y las comunidades que conocía de primera mano.

El camino que ha transitado ha sido largo y exigente, combinando responsabilidades académicas, sindicales, legislativas y de gestión pública. Sin embargo, en Rafael siempre ha prevalecido una forma de ejercer el liderazgo basada en el respeto, la cercanía y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Esa consistencia explica su posterior paso por distintas instituciones del Estado.

Su gestión al frente del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional fue una muestra clara de ello. Allí impulsó una transformación positiva, modernizando la formación técnica y ampliando oportunidades para miles de dominicanos, especialmente jóvenes, convencido de que la educación práctica es una poderosa herramienta de movilidad social.

Hoy, al verlo asumir la conducción del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, volvemos a sentir la misma satisfacción de antaño. Confiamos en que su gestión seguirá impactando positivamente a quienes fuimos sus alumnos en la infancia y a las nuevas generaciones que necesitan ciencia, investigación y especialización para construir futuro.

Rafael Santos Badía, hombre humilde, nacido en Tenares, ha tenido que, como muchos de nosotros, los de extracción humilde, combinar trabajo, estudios, familia, militancia y servicio público. Y en ese trayecto ha demostrado que se puede crecer sin olvidar de dónde se viene.

Gracias, profesor, porque algunos maestros no solo enseñan materias: enseñan caminos.

Sobre el autor
Rossanna Figueroa

Rossanna Figueroa

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