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Historia

La “revolución" de abril

La “revolución de abril” quedó como un símbolo de resistencia y sacrificio, pero no como un proceso de un nuevo modelo de la superestructura nacional, por lo que no pasa del plano del mito y del discurso.


La “revolución de abril”

La “revolución de abril”

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El pasado viernes se cumplieron 61 años de los acontecimientos iniciados el 24 de abril de 1965. En el imaginario ideológico dominicano persiste la tendencia a denominar “revolución” a esos hechos; algunos hablan de “revolución democrática burguesa” o de una “revolución interrumpida”. Sin embargo, un examen serio e imparcial demuestra que aquello no constituyó una revolución en sentido estructural. Hablar de revolución implicaría demostrar que hubo una transformación profunda de las estructuras económicas, políticas y sociales de República Dominicana, acompañada de un proyecto ideológico definido y sostenido en el tiempo. Nada de eso ocurrió en 1965.

Aunque inspirado en la restauración del orden constitucional, el proceso se limitó a un enfrentamiento entre dos fuerzas: los denominados constitucionalistas, liderados por Francisco Alberto Caamaño Deñó y Rafael Fernández Domínguez, frente a las Fuerzas Armadas regulares que defendían el statu quo y el orden establecido.

En las aulas de la Escuela de Graduados de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, pude aprender que ese episodio se clasifica de acuerdo al DIH como un conflicto armado interno que posteriormente se convirtió en un conflicto armado internacionalizado con la llegada de la Fuerza Interamericana de Paz. Los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos confirman esta clasificación y ubican a abril de 1965 como un conflicto armado que, de interno, pasó a ser internacionalizado, no pudo ser una revolución por su objetivo limitado, sin capacidad de alterar las bases de las estructuras socioeconómicas de la República Dominicana ni como propósito de quienes lo dirigieron.

En consecuencia, la Guerra de Abril no produjo una transformación estructural ni contribuyó a la sanidad social del país. El esquema de gobernabilidad permaneció intacto y las tensiones sociales siguieron sin resolverse. Incluso, muchos de los que enarbolaron el retorno al orden constitucional terminaron décadas después enfrentando aquello mismo que procuraban restaurar, y algunos murieron en el intento.

Con claridad meridiana vemos cómo lo de abril de 1965 fue un conflicto armado internacionalizado con alto contenido simbólico, pero sin capacidad de generar un nuevo modelo de organización estatal ni de resolver las fracturas sociales de la nación. La “revolución de abril” quedó como un símbolo de resistencia y sacrificio, pero no como un proceso de un nuevo modelo de la superestructura nacional, por lo que no pasa del plano del mito y del discurso

Abril de 1965 debe ser asumido como lo que fue: un conflicto armado internacionalizado, valiente en su espíritu, pero limitado en sus efectos. Solo desde un análisis objetivo y sin pasiones ideológicas, se puede comprender la verdadera naturaleza de aquel episodio. El mito revolucionario persiste porque responde a una necesidad de dotar de sentido ideologizante a un episodio que, aunque valiente y cargado de simbolismo, no logró revolucionar las estructuras del Poder nacional, por eso, la revolución nunca ocurrió.

Sobre el autor
Juan Manuel Morel Pérez

Juan Manuel Morel Pérez

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