Tragedia Jet Set, ¿Y si hubieses sido tú?

Nisaly Brito. Psicóloga clínica
“Mamá ¿Y si hubieses sido tú?” fue la pregunta que me lanzó mi hijo de 13 años con una mezcla de miedo y ternura, apenas se enteró del desplome del techo en el Jet Set. Él sabe cuánto me gusta bailar. Cuatro días después del trágico suceso, sus preguntas continúan. Y es que cuando algo nos sacude colectivamente, como esta tragedia, los niños, niñas y adolescentes también lo sienten, lo piensan… lo viven.
Ellos, con su asombrosa claridad y rapidez emocional, nos hacen las preguntas que a veces nosotros, los adultos, evitamos formularnos. Son parte activa de nuestra sociedad: sienten, reflexionan, quieren entender y participar. Esta tragedia no solo dejó dolor, sino también interrogantes profundas que pueden ayudarnos a crecer, como personas, como familias, como comunidad. Es por ello que en estos días, les invito a conversar desde el amor y responder desde la vida misma.
Cuando mi hijo me preguntó, no tuve todas las respuestas. Pero sí recordé que el dolor educa, que las pérdidas nos enseñan, y que a veces, lo mejor que podemos hacer es hablar con el corazón.
Le dije que, de haber estado allí, me hubiese quedado con mucho amor por darle a él y a su hermana, y muchas palabras aún por decirles. Por eso, debemos recordarnos el amor todos los días, sin esperar ocasiones especiales.
También le recordé que, aunque una pérdida así sería devastadora, él estaría rodeado de personas que lo aman y cuidarían de él y su hermana con todo el cariño posible. Le hablé de nuestra red de apoyo como recordatorio de que nunca estará solo.
Y con serenidad le aseguré: “Estoy aquí, sana, fuerte, para ti y tu hermana. Estamos bien. Vamos a cuidarnos todos los días para seguir juntos por muchos años más”. Porque ofrecer seguridad también es una forma de amar.
Además, me comprometí con él a cuidarme, a evitar riesgos innecesarios, y le dejé claro que siempre puede hablar conmigo cuando sienta miedo, tristeza o angustia. Porque el miedo es normal, y compartirlo es una manera de aliviarlo.
También le dije que yo también me lo pregunté ¿Y si hubiese sido yo?
Cuando la muerte se nos asoma tan de cerca, no hay forma de no hacerlo. Y esa pregunta abre la puerta a otras, tal vez más difíciles, pero necesarias de responder con honestidad y valentía:
- Si muero hoy, ¿me voy satisfecha con la vida?
- ¿Hago lo que me gusta?
- ¿Estoy con las personas que amo?
- ¿He perdonado y sanado lo que debía sanar?
- ¿He tomado las decisiones que quiero tomar?
- ¿Soy feliz?
Te invito a hacerte estas preguntas en silencio, a escucharte y si aún no lo has hecho, a empezar a vivir. Aunque no podamos controlar lo inesperado, sí podemos decidir cómo conduciremos nuestras vidas día a día.
Hoy, antes de mi hijo irse al colegio, me dio un beso largo y fuerte. Me permití soltar el celular, cerrar los ojos para sentir su abrazo, su respiración, su olor. De lejos me volvió a tirar un beso y me dijo “¡Te quiero!” y esa es una es la enseñanza más poderosa de todas: Estamos presentes, escuchemos, sintamos, hagamos pausa para criar sin culpa y amar sin prisas. ¡Vivamos!
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