Estados Unidos
Trump, la doctrina Monroe y la frontera imperial
Mientras el corolario Roosevelt era una muestra de fortaleza en ascenso, el corolario de Donald Trump a la doctrina Monroe, o Donroe, como empiezan a llamarle los estudiosos de la política internacional

Estados Unidos
(5-6)
El mensaje del presidente Teodoro Roosevelt ante las cámaras legislativas de su país, en diciembre de 1904, parecerían pronunciadas en este cuarto del siglo XXI, como si fuera un discurso del Estado de la Unión, leído el martes pasado en el mismo hemiciclo en que habló el premio Nobel de la Paz de 1901:
“Al afirmar la doctrina Monroe, el emprender pasos tales como los que hemos emprendido en relación a Cuba, Venezuela y Panamá, y al tratar de circunscribir el teatro de la guerra en el Lejano Oriente, y de asegurar la puerta abierta en China, hemos actuado de acuerdo a nuestro interés como en interés de la humanidad en general”.
Y advierte lo siguiente: “Los casos en que pudiéramos intervenir por la fuerza de las armas, como intervinimos para poner fin a las condiciones intolerables en Cuba, son necesariamente muy escasos. Pero no es que esperarse que un pueblo como el nuestro, que a pesar de algunas fallas muy obvias, sin embargo, en general, muestra por su práctica continuada su creencia en los principios de libertad civil y religiosa y de ordenada libertad…”
Ya lo habían puesto en práctica en el caso de la guerra de Cuba y en otras ocasiones:
“El brazo fuerte del gobierno para obligar respeto a sus justos derechos en cuestiones internacionales es la marina de los Estados Unidos. Recomiendo encarecidamente que no haya detención alguna en la obra de construcción de la marina americana. No existe deber más patriótico ante nosotros como pueblo que mantener a la marina en una base adecuada a las necesidades de la posición de este país”.
Y aclaraba que Estados Unidos “ciertamente declinaría ir a la guerra para evitar que un gobierno extranjero cobrara una deuda justa”, pero consideraba “muy poco aconsejable permitir a ningún poder extranjero tomar posesión, aun temporalmente, de las aduanas de república americana para obligar al pago de “obligaciones…”.
“Ningún poder extranjero”, decía el presidente Roosevelt, en el entendido de que los pueblos americanos eran una especie de extensión de su gran país. Y vino a suceder que la primera víctima del “corolario de Roosevelt” fue la República Dominicana, que “acosado por las deudas, la corrupción de la administración hacía ilusoria toda esperanza de cobro por parte de los acreedores. La situación se agravó aún más después de la muerte del presidente (Ulises) Heureaux (1899), de modo que en 1904, el mismo año que Teodoro Roosevelt anunció su corolario, Santo Domingo no pudo pagar los intereses de su deuda. Las potencias europeas protestaron.”
Fue por su preocupación de una supuesta intervención europea en América que Roosevelt decidió celebrar con el gobierno dominicano un convenio (1905), mediante el cual a los Estados unidos se le concedía la misión de dirigir las finanzas del país y de administrar la deuda. Con ese fin tomaron el control de las aduanas, cuyo producto pasó a dividirse de la manera siguiente: un 15 por ciento para el gobierno dominicano, y un 55 por ciento para reembolsar a los acreedores extranjeros.
“La experiencia dominicana –apunta Claude Julien- ventajosa en el aspecto financiero y evitando que las potencias dominadoras puedan ser tachadas de ¨colonialistas¨ , sería renovada en otros países del Caribe antes de ser perfeccionada, medio siglo más tarde, para su extensión a otros continentes. En Santo Domingo, el imperialismo económico dio, tímidamente, sus primeros pasos”.
Roosevelt, con su corolario, había trazado el camino. Continuarían acciones diplomáticas y militares encubiertas en Panamá, hasta desmembrar esa provincia de Colombia e intervenciones militares en Nicaragua, Haití y República Dominicana. La etapa del incipiente hegemonismo estadounidense no era un fantasma que recorría el mundo. Era una realidad viva y palpitante.
Mientras el corolario Roosevelt era una muestra de fortaleza en ascenso, el corolario de Donald Trump a la doctrina Monroe, o Donroe, como empiezan a llamarle los estudiosos de la política internacional, no es fruto de debilidad, pero sí expresión de una gran potencia en proceso de declive, frente a China, India y Rusia; en fin, toda la marcha imparable de los Brics.