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Historia

En la UASD, el movimiento renovador se agotó

La UASD no puede seguir siendo una academia del pasado consumiendo un alta suma del presupuesto de la nación en carreras y proyectos de investigaciones que de poco sirven por estar desconectados de la realidad nacional.

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La pasada semana me atreví a opinar sobre la necesidad de emprender un gran proceso de reorientación de la educación dominicana, para superar la dispersión y el dispendio de recursos, procurando la elevación de la calidad y altos niveles de excelencia. Propuse que los institutos dedicados a la enseñanza técnica y tecnológica pasen a ser coordinados bajo un centro único de dirección y unificar los programas formativos.

En la graduación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), del pasado 25 de febrero, estuvo mi esposa en calidad de tía de una de las egresadas de nombre Wendy Reyes Donastorg, quien se tituló como licenciada en Mercadeo.

Resulta que junto a esa nueva profesional se graduaron más de dos mil trescientos egresados de la UASD, la mayoría de más de 30 años y de carreras tradicionales, que no guardan relación con la revolución tecnológica que vive la humanidad ni de los técnicos y profesionales que necesita y requiere el aparato productivo de la República Dominicana, pensando en el presente y el futuro de la nación.

Fueron pocos o nulos los graduados en ciencia de la computación, la química, las matemáticas, las físicas, las geologías, así como también los agrónomos y los veterinarios, reflejando una falta de sintonía con los profesionales que requiere el país y la sociedad dominicana de hoy y del mañana.

La UASD no puede seguir siendo una academia del pasado consumiendo un alta suma del presupuesto de la nación en carreras y proyectos de investigaciones que de poco sirven por estar desconectados de la realidad nacional. Requiere de una nueva mirada renovadora desde su propio seno, auspiciada además por la sociedad y el Estado, desde fuera. De un cambio en su papel como academia de altos estudios del Estado. No es tolerable que sea asumida como fuente de ingreso de quienes la administran, ni de sus docentes, empleados y funcionarios.

La sociedad dominicana entró a una era de cuestionamiento y transparencia. Nuestra más alta casa de estudios no puede quedar ni escapar de ese proceso revolucionario que se ha puesto en marcha, no solo por la voluntad de las autoridades, sino también gracias a la apertura digital del mundo en que estamos viviendo.

Es preciso retomar la bandera del Movimiento Renovador que se desató como un torbellino bajo la égida espiritual de la revolución de abril del 1965. Ese MR se agotó y para la UASD no ir a parar en el zafacón de la historia, debe relanzarlo con un gran movimiento de cuestionamiento y cambios. Necesita ser revolucionada.

Sobre el autor
Luis Felipe Rosa Hernández

Luis Felipe Rosa Hernández

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