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Conflicto

¿Por qué Xi y Putin no interfieren con las acciones de Trump?

Ni a Putin ni a Xi les interesa tener un adversario impredecible; y ocurre que el impredecible, aunque a menudo lo pueda parecer, no es Trump, sino los líderes musulmanes chiitas, de Irán y de otros lugares del Oriente, que también buscan espacio en nuestros lares

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Ni a Putin ni a Xi les interesa tener un adversario impredecible; y ocurre que el impredecible, aunque a menudo lo pueda parecer, no es Trump, sino los líderes musulmanes chiitas, de Irán y de otros lugares del Oriente, que también buscan espacio en nuestros lares. De hecho, ya nuestros líderes religiosos y patrióticos han manifestado su rechazo a la instalación de mezquitas en nuestro territorio. Se trata de una religiosidad que declara guerra a muerte a las demás religiones. Nada comparable a la “libertad de culto” de nuestra Constitución, tampoco comparable a la tolerancia de nuestra cultura al respecto.

Toda tolerancia exige al menos un razonable “coeficiente de predictibilidad”; que es fundamental para todo tipo de sociabilidad y convivencia.

Muchas expectativas generaron desde el comienzo de la guerra contra Irán la posible interferencia o participación de Rusia y China, esto es, la posible intervención de Putin y Xi Jinping. Especialmente, porque para muchos, las acciones de Donald Trump les resultan caprichosas o aleatorias.

Pero resulta que ellos, como otras no pocas personas entienden que a menudo hay circunstancias en las que las reglas generales, las más aceptadas o populares no son necesariamente las que pueden resolver ciertas situaciones.

Durante décadas hemos visto cómo los organismos más prestigiosos de la gobernabilidad mundial han sido prácticamente asaltados por therians o, dicho de otro modo, por personas que fueron capaces de llevar la racionalidad del pensamiento y la convivencia a los límites de la autodestrucción. Como lo suele ser la tolerancia que han adoptado padres irresponsables o insuficientemente instruidos o preparados para manejar las reglas liberales de nuestra sociedad y cultura respecto de hijos que no son manejables con patrones de conducta que aprendimos de nuestras anteriores generaciones.

Erasmo de Rotterdam escribió su muy famoso “Elogio de la Locura” en circunstancias en las que la cuasi perfecta racionalidad e inteligencia espiritual de la Iglesia católica pareció llegar o llegó a abusar de una serie de reglas que muchos pueblos y ciudadanos no estaban en capacidad de aceptar y ni siquiera entender tales imposiciones.

Hay momentos en los que, como quienes vemos el caos del tránsito de nuestra capital, particularmente a los nuestros motociclistas, no podemos aceptarlo; pero acaso sí podríamos aceptar que como “en palo largo no se pisan bases”, como suelen hacerlo “los de arriba”, y también nuestras autoridades, el caos puede ser una solución para lo que no tiene solución (racionalmente hablando).

“Jugamos todos o se rompe la baraja”, suelen decir muchos en situaciones donde la ley no los favorece. Que es lo que vemos en la política, en los narconegocios, la corrupción de los pobre del barrio; el tráfico de haitianos, y los intereses de empresarios agrícolas y de altas esferas respecto a “cuestiones de poder”, “asuntos de Estado”, para los que la “lógica de sentido común”, la moral social ni los códigos legales tienen respuestas adecuadas.

También funciona así para funcionarios y gente decente que cumple leyes y buenas costumbres solo cuando conviene.

Sobre el autor
Rafael Acevedo

Rafael Acevedo

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