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Crisis

Cuba se juega su última carta

En la Habana, a finales de los 80, en una reunión en un centro de investigación, plantee que Cuba podía aprovechar la embrujante atmósfera de la Perestroika impulsada por Gorbachov en la ex URSS en esos años, e iniciar un proceso de reformas democratizadoras del sistema.

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En la Habana, a finales de los 80, en una reunión en un centro de investigación, plantee que Cuba podía aprovechar la embrujante atmósfera de la Perestroika impulsada por Gorbachov en la ex URSS en esos años, e iniciar un proceso de reformas democratizadoras del sistema. Como respuesta, el jefe del centro hizo una evasiva, larga y vacua perorata. Un miembro del centro, que poco después salió del país, apostilló algo así: “El punto más alto de la democracia es el pueblo en armas”. Huera bravata. Yo recogía el sentimiento de varios sectores que percibían que ese país necesitaba una reorientación. Perdió esa y otras coyunturas para reorientar su rumbo. Hoy, en su peor momento y casi absolutamente colapsada, juega su última carta.

El embrujo de la Perestroika llegó a China y la juventud la abrazó con pasión y decisión, expresándolo en la multitudinaria manifestación en la Plaza Tiananmén en 1989, brutamente aplastada por Deng Xiaoping con decenas de muertos. Admitiendo su error, poco después éste dejó el poder. Pero ya había plantado las bases de las reformas que han conducido el país a su primacía económica mundial. La dirección cubana se interesó por ese proceso, principalmente su ala militar, pero no pasó de ahí. Los cambios estructurales hechos por China y Vietnam han situado sus respectivas economías entre las más dinámicas y pujantes del mundo

La dirección China sintió que el sistema no funcionaba y cambió los rieles, los vietnamitas no esperaron el desastre y con sus proverbiales intrepidez e ingenio, también los cambiaron. Podría discutirse sobre la naturaleza y futuro de esos regímenes, pero funcionan y sacan millones de gente de las garras de la pobreza. Sectores del exilio cubano, con sus particulares razones, desean una invasión que barra el régimen. No son conscientes de que la democracia no se importa ni se exporta, la construyen los pueblos con su historia, su cultura política y respetando la diversidad. Ejemplos: Chile, España, Sudáfrica. Nada bueno puede Cuba esperar de un imperio que durante décadas la saqueó, torturó y prostituyó con gobiernos represivos y corruptos.

Lo mismo podríamos decir los dominicanos de ese imperio. Aquí, en su primera invasión creó las bases para una dictadura que duró 30 años y en su segunda en 1965, ahogó en sangre el intento de restablecer el gobierno de la Constitución más democrática de nuestra historia, al cual antes había contribuido a derrocar. A pesar de las amenazas contra Cuba, al estar el gobierno norteamericano inmerso en una guerra contra un Irán que resiste, que en este caso significa vencer, le resulta muy complicado abrirse otro conflicto bélico a sólo 90 millas de su frontera. Tampoco propiciar un caos en la isla que provoque una estampida humana hacia su territorio difícilmente controlable.

Apoyar a Cuba contra las agresiones de EE. UU. es un imperativo moral y político, pero defender acríticamente un sistema cuyo balance de 60 años con esos resultados más que insensatez, es ceguera política. A su dirección debe exigírsele que, en esta coyuntura, como última carta inicie una reforma económica conjugada con una política que para ser sostenible deberá ser profundamente estructural.

Sobre el autor
César Pérez

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