Guardianes de la verdad Areíto

El persistente mito del discurso histórico dominicano

Bobadilla, redactor de la Manifestación del 16 de enero de 1844

A petición de Ramón Mella, ellos hicieron remitir una copia del Manifiesto a Tomás Bobadilla, hombre instruido, iniciado entonces en la conjuración

Tomás Bobadilla Este hombre prefirió el protectorado francés a cualquier otra potencia extranjera.

Tomás Bobadilla Este hombre prefirió el protectorado francés a cualquier otra potencia extranjera.

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§ 1. No ha bastado la afirmación conclusiva siguiente para situar los efectos ideológicos y políticos del mito hatero urbano construido por la mayoría de los historiadores dominicanos, ideólogos del autoritarismo, en el sentido de que Tomás Bobadilla fue el redactor único de la Manifestación del 16 de enero de 1844: «Cada uno [de los trinitarios] expresó su opinión, y se decidió que se tomaran las armas la noche del 27 al 28 de febrero (…) A petición de Ramón Mella, ellos hicieron remitir una copia del Manifiesto a Tomás Bobadilla, hombre instruido, iniciado entonces en la conjuración…». Así consta en Emilio Rodríguez Demorizi (El Acta de la Separación dominicana y el Acta de Independencia de los Estados Unidos de América. Ciudad Trujillo: Impresora La Opinión, 1943, p. 18 [1977, Sociedad Dominicana de Bibliófilos, ed. facsimilar del ejemplar que perteneció a José Gabriel García, hoy en el Archivo General de la Nación.]

§ 2. Los cultivadores de este mito y de la ideología del autoritarismo, aficionados a la historia, son adoradores de Santana, Bobadilla, Báez, Lilís, Trujillo, Balaguer y los regímenes dictatoriales que, según estos mixtificadores, resuelven los problemas económicos y el caos social que generan los gobiernos democráticos o populistas, pero débiles. En contra de los adoradores del autoritarismo, enemigos de la democracia, va este discurso desmitificador que recoge las versiones más lógicas, críticas y con mayor racionalidad acerca de la redacción del Manifiesto del 16 de enero de 1844 y aboga, mi propuesta, porque se siga investigando el tema.

§ 3. Pese a dejar escrita esta afirmación demoledora del § 1 en 1943, Rodríguez Demorizi no vigiló nunca su discurso y se permitió repetir hasta la saciedad el error garrafal en algunas obras posteriores (v. g. La Constitución de San Cristóbal, Santo Domingo: Del Caribe 1980, pp. 426-428, en la que copia el mismo texto de 1943 ya citado) y donde trató este tema llevado por la emoción santanista y por la confianza en el discurso del propio Bobadilla, quien, caído en desgracia con su amo Santana, se defendió en la sesión del Congreso del 10 de junio de 1847 ante la furia del dictador por haber incriminado con el cargo de malversación de fondos al ministro de Hacienda Ricardo Miura. El gobierno de Santana en pleno solicitó al Congreso la destitución del cargo de tribuno y el exilio de Bobadilla en un plazo de 48 horas. Amenazado de muerte, Bobadilla salió al exilio en junio de 1847 hacia Santomas, pero sin renunciar a su cargo, ocasión que aprovechó para pronunciar su célebre discurso citado más abajo.

§ 4. La diferencia entre Santana y su ministro Bobadilla se vio anteriormente erosionada por la deportación de su hermano, el sacerdote José María Bobadilla, quien se opuso en un opúsculo publicado el 17 de mayo de 1845 al proyecto de ley, aprobado el 7 de junio de 1845, que incluía «los bienes de la Iglesia Católica entre los del Estado”, a lo que se opuso el gobierno a través del opúsculo de Manuel María Valencia, quien argumentaba que eso era muy difícil de cumplir porque, desde 1824 con Boyer hasta el momento actual, su derogación afectaba intereses de terceros, lo que la hacía de difícil aplicación. El padre Bobadilla tomó el camino del exilio a Venezuela donde murió víctima del cólera (1797-1855) en la ciudad de La Victoria, según Rufino Martínez (Diccionario biográfico-histórico dominicano -1821-1930-. Santo Domingo: De Colores, 2ª ed. 1997 [1975], p. 72 col 2). Otro historiador famoso que desdeñó la afirmación del § 1 fue Vetilio Alfau Durán, quien atribuyó la autoría del Manifiesto del 16 de enero de 1844 a Bobadilla (Revista Ahora nº 70 de 29 de agosto de 1977, p. 29), órgano de prensa donde afirmó: «Lamentablemente fue Bobadilla», citado por Manuel Otilio Pérez y Pérez en El legado imperecedero de Tomás Bobadilla. Santo Domingo: Santuario, 2017, p. 120 n. 96).

§ 5. Fue quizá un acto desesperado de Bobadilla para evitar su caída en desgracia ante su amo y exorcizar la deportación que veía venir. Y para “probar su patriotismo”, declaró lo siguiente en la sesión del Congreso Nacional, del cual era presidente y líder de la oposición a Santana: «Creo, Señores, que ninguno puede ser mejor Dominicano que yo. Yo fui el primero que dije: Dios Patria y Libertad; yo fui el autor del manifiesto del 16 de Enero; yo en la noche del 27 de Febrero me encontraba a la cabeza del pueblo; yo fui el Presidente de la Junta Gubernativa más de tres meses, el que dirigió los negocios públicos, uno de los fundadores de la Patria sin ninguna ambición ni ningún interés personal ni otro deseo que el bien del Público, y el sacudir el yugo degradante de los Haytianos…» (En Emilio Rodríguez Demorizi. Discursos de Bobadilla. Ciudad Trujillo: J. R. Viuda García, Sucs., 1938, pp. 34-35). Frente a esta afirmación tan “contundente”, Rodríguez Demorizi olvidó lo que había escrito en 1943, citado supra. Víctima de su propio engaño, su memoria borró el mandato de los trinitarios quienes, reunidos en casa de Francisco del Rosario Sánchez la noche del 24 de febrero de 1844, le ordenaron a Mella que le llevara la copia del Manifiesto (redactado ya por Sánchez y el propio Mella y copiado por el secretario de Sánchez José Dolores Galván). ¿Para qué y por qué llevarle a Bobadilla una copia del Manifiesto?

§ 6. Para desmantelar las falsedades del discurso de Bobadilla en el que se atribuyó todos los méritos de la acción del Baluarte la noche del 27 de febrero de 1844, Ramón Lugo Lovatón invocó los testimonios del historiador haitiano Tomás Madiou, sin ninguna simpatía hacia la independencia de 1844 y la versión de José Joaquín del Monte (este último secretario de Boyer), así como el testimonio más demoledor: el de Manuel Dolores Galván, secretario de Sánchez, a quien este le dictó el Manifiesto del 16 de enero 1844, con el cual se destruye la mentira de Bobadilla: «Por tanto, ambos: Madiou, desinteresado en atribuciones indebidas de glorias nacionales dominicanas, y Galván, amigo íntimo de Sánchez, constituyen una suma testimonial que señala sin lugar a dudas la paternidad difícil de destruir, como lo intentara don Tomás Bobadilla, como ya dijimos, en calidad de juez, parte y testigo de su propia causa.» (Sánchez, t. 1º. Ciudad Trujillo, Montalvo, 1947, p. 168).

§ 7. Aunque no fue filólogo ni lingüista, Lugo Lovatón creó una lectura comparada entre el Manifiesto y dos documentos importantísimos redactados por Sánchez: «Y cotejando frases del Manifiesto de Enero con la Comunicación que Sánchez dirigió a los Ministros haitianos en 1861, luchando contra la Anexión, se encuentran los mismos arranques pasionales, idéntico impulso, una misma fe que palpita en ambos documentos, así como también en el “Manifiesto de los Pueblos del Sur”. Todos ellos denuncian al hombre que siente antes de decir, y no al hijo de Gregoria Briones, que pensaba mucho antes de hablar o escribir, por ser así su temperamento y su escuela, y por encarnar esa clase de tipo criollo, clásico y redondo, que parte en dos la raya del meridiano conservador.» (Ibid., p. 169). Y yo le agrego la descripción y frase de Miguel Ángel Garrido en sus Siluetas sobre la personalidad de este oportunista, mago del cálculo político: «Bobadilla no realizaba sus cambios de opiniones a menos que el triunfo estuviera a la vista.» (Citado por Lugo Lovatón, ibid., p. 168). Voy más lejos de lo que planteé más adelante: hay que realizar un estudio no solamente paleográfico de la escritura de Galván y Bobadilla, sino también del ritmo-sentido del Manifiesto de 1844 y los demás documentos de Sánchez y Bobadilla relacionados con su respectiva práctica política independentista.

§ 8. La respuesta a la pregunta de por qué y para qué se le envió copia del Manifiesto a Bobadilla la aportó ya el propio Rodríguez Demorizi: Bobadilla era «hombre instruido, iniciado entonces en la conjuración». Pero no solamente eso: Bobadilla era el representante de Santana y el enlace ante el cónsul francés Saint-Denis, quien luego del 27 de febrero de 1844 negociará la capitulación del general Desgrottes y se convertirá, a partir de esa fecha, en el apoyo del protectorado francés a la naciente república, aprobado a solicitud de Bobadilla el 10 de marzo de 1844 por la Junta Central Gubernativa presidida por él. Bobadilla era el hombre de más prestigio social e intelectual de la Capital y esta es la razón por la que le llevaron el Manifiesto con la finalidad de que le diera su visto bueno y encabezara la lista de firmantes de dicho documento y reclutara partidarios amigos suyos para la causa.

§ 9. Y hay más: Fue Mella quien inició a Bobadilla entre diciembre de 1843 y enero de 1844 en la conjuración. Una leyenda le sitúa en el Baluarte junto a Mella la noche del grito de independencia. Pero Rufino Martínez (Diccionario biográfico-histórico dominicana -1821-1930-, ya citado, p. 67 col. 2 y 68 col 1), afirma lo contrario: «La noche señalada para el golpe en la Puerta del Conde [Bobadilla] estaba ausente de la ciudad, buscando por los campos [de Monte Plata y Boyá, según José Gabriel García (Compendio de la historia dominicana, t. I. Santo Domingo: Archivo General de la Nación/Banreservas, p. 444] hombres que hacían falta para engrosar el reducido número de los conjurados, pero al amanecer del día 28 de febrero se hallaba de regreso, y se le confiaba la más delicada misión, por pender de ella la solución definitiva del triunfo: solicitar la mediación del Cónsul Francés cerca del Comandante Haitiano de la plaza, General Desgrottes. Todo resultó a la medida de la habilidad de Bobadilla, aunque en ese encargo no está él solo.»

§10. Afirmación de Rufino que refuta José Gabriel García, quien afirma que Bobadilla estuvo en la puerta del Conde la noche del 27 de febrero. Esta disidencia exige una contrastación de otras fuentes. (Ibid., t. I. p. 436). Bobadilla era hombre respetado por su firmeza de carácter, sus convicciones y su prestigio social, cualidades que le valieron que Sánchez, presidente por méritos de la primera Junta de Gobierno Provisional, le cediera el puesto de presidente de la primera Junta Central Gubernativa. Aunque fuera por unas horas, Sánchez fue el primer presidente de la Junta de Gobierno Provisional y por eso su retrato debe estar en la galería de fotos de presidentes existente en el Palacio Nacional. Tanto la Junta presidida por Sánchez como la que dirigió Bobadilla tuvieron un carácter provisional hasta tanto no se celebrara una Constituyente y se realizaran elecciones para escoger al primer Presidente de la República.

§ 11. Y valido de estos atributos de su carácter, Bobadilla lee a sus colegas del Congreso Nacional la parrafada de las páginas 34 y 35 (Discursos de Bobadilla, libro ya citado) cuando los héroes del Conde están casi todos en el exilio a perpetuidad y con pena de muerte si pisan el territorio de la patria por decreto de la Junta firmado por Santana en agosto de 1844 a instancia de ese mismo Bobadilla, o sea que ni Duarte, ni Sánchez, ni Mella ni los demás estaban ahí para desmentir lo dicho por Bobadilla. El secretario Galván, trinitario y firmante del Manifiesto, era de los pocos vivientes en aquel momento, por haber copiado, dictado por Sánchez, el Manifiesto, pero no lo hizo, pese a que murió en 1894. ¿Valía la pena correr el riesgo de desmentir en junio de 1847 a un hombre tan poderoso? García, que sabía que esos méritos que se atribuyó Bobadilla eran falsos, tampoco desmintió esa falacia, pero no aporta (obra citada, p. 435) los nombres de quienes redactaron el Manifiesto del 16 de enero de 1844.

§ 12. Tampoco menciona García a Bobadilla como autor del histórico Manifiesto cuando el historiador reseña el discurso del tribuno ante el Congreso Nacional para defenderse de la acusación del gobierno de Santana (obra citada, pp. 513-514). Y de Bobadilla todavía más: la ausencia singularísima al no consignar en su Hoja de Servicios dirigida a la monarquía española el trascendental hecho histórico de la redacción del Manifiesto del 16 de enero de 1844, de su alegada autoría, documento publicado por Rodríguez Demorizi en Clío 88 (1950: 94-104). El polígrafo continuó catorce años más tarde la repetición de la leyenda inventada por Bobadilla: «Al referirse a Mella como firmante del Manifiesto del 16 de enero, afirma que fue «redactado por Bobadilla…» (Academia Dominicana de la Historia. Homenaje a Mella. “Cronología”. Santo Domingo: Del Caribe, 1964, p. 9)

(CONTINUARÁ).

A:/areíto sábado 13 de diciembre de 2025 Manifestación 1 de 3.

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DIÓGENES CÉSPEDES

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