Carta abierta (No Biodegradable) Juan Basanta Ortiz un cine de coraje y corazón

Carta abierta (No Biodegradable) Juan Basanta Ortiz un cine de coraje y corazón
Querido Juan, te escribo esta carta abierta, bajo los cielos azules que han cobijado nuestros afectos por años, por encima de toda tempestad pasajera, bajo la lluvia de alegría que nos ha inspirado siempre. Que hayas hecho tu Ópera Prima con tantos sacrificios y concentración, me indica que el camino por ti elegido, de amor a las imágenes, pensar en imágenes, no ha sido en vano y me obligas a sumergirme en un largo “flash back” de tus primeros años de vocación fílmica, tu pasión por Lon Chaney (el hombre de las mil caras), a quien en medio de la sala de tu antigua casa, donde el ventanal mira hacia el Obelisco (que no es ni macho ni hembra, es un obelisco que besa al mar Caribe con su calma matutina y su verde de botella eterno), imitabas ataviado con unas sábanas blancas y unos bigoticos de carbón, para un grupo de tus amigos de Nueva Forma, aquel grupo de la nueva canción que fundamos en casa de Milagros Ortiz Bosch y Joaquín Basanta, tus padres.
En las escaleras del edificio, tu voz de niño revoltoso en busca del humor siempre, el eco aún retumba: “Soy obrero pampino soy, soy reviejo como el que más“. Era la estrofa de la cantata de Santa María de Iquique, que cantaba Luis Tomás Oviedo, que te habías aprendido de tanto escucharla, regresabas del colegio Santa Teresita para sumergirte en nuestras reuniones y planes de Nueva Forma, a propósito del concierto Chile Vive, septiembre de 1974.
Cuando te evoco en la carga de imágenes, llenando tus pupilas de documentales como aquel de Benny Moré, “Que bueno canta usted” (1973), de Sergio Giral, donde Benny Moré nos maravillaba con su gracia y estilo, reflejando su movimiento corporal en los marcos de la gafas de Joaquín, que lo miraba con pasión y desborde de entusiasmo.
Tus tendencias eran claras: fascinación por los Hermanos Marx (Marx Brother), en el cine Élite, celuloide en blanco y negro obliga y el eterno preguntar con agudeza sobre los gag humorísticos y los trucos de los hermanos en la pantalla, te colocaron, sin sospecharlo, en la ruta de la escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba.
¿Conservas aún aquella foto en La Habana al lado de Francis Coppola, quien exhibía una barba como si fuera un cura de la iglesia ortodoxa rusa?…
Inevitable sería entonces recordar tu corto “El Diablo y su Hermana” (1990), ganador de la XVII Bienal Nacional de Artes Visuales, por unanimidad del jurado, donde yo era un miembro más.
De hecho Biodegradable, le hace un guiño de ojo nostálgico al inicio de ese corto, en la secuencia del hospital, en este momento lo vuelvo a ver y, hay puentes de coherencia imaginativa entre una propuesta y otra, a pesar del tiempo y su transcurrir demoledor, a pesar de esa lluvia final sobre aquella Habana, que todos queremos con locura, pero sin barbas.
Dedicarte al videoclip, que tiene sus códigos visuales específicos, ha marcado tu quehacer como director, eso el tiempo y el ejercicio fílmico de ahora en adelante, lo depurará, tampoco es un mal recurso bien utilizado, no para salir del paso.
Me alegro que la película al fin esté hecha, habías creado muchas expectativas, mientras los churros dominicanos, cintas quemables sin destinatarios posibles, producciones de recursos estéticos vacíos con fórmulas repetitivas, pretendían ser “el cine nacional”, sin méritos profesionales para serlo, aunque sé que eres muy generoso en tus juicios al respecto, estableciendo que son etapas de desarrollo, respeto tu opinión y entiendo que a ciertos realizadores los miras como compañeros de oficio, aunque los resultados, a ojos vista, son diametralmente opuestos a los tuyos.
Ahora, estimado Juan, estas en el centro de una triada, la mía, mi apuesta de siempre, a la que callado sin ruidos, le he concedido la espera absoluta: Leticia Tonos, Juan Basanta y Laura Guzmán Conde. Como verás, estás flanqueado de dos mujeres, que como tú, jóvenes aún, quieren hacer un cine de corazón, con el coraje y el instinto, con la astucia de lo aprendido y la ilusión de un país que espera por ustedes tres, porque dominicanas y dominicanos quieren ganar premios en el exterior, como parte de un orgullo lógico de nación, admirando sus realizadores y realizadoras.
No hagáis como en la leyenda de Sodoma y Gomorra, Lot se convirtió en estatua de sal. No miréis hacia atrás, haced oídos sordos al murmullo de la mediocridad y la envidia, avanzad, avanzad, que vais bien.
Apreciado Juan, yo no te he dado nada, lo que tienes es tu talento y creatividad, y en todo caso, si algo te he dado, lo que he hecho es reciprocar y devolverte lo que tu padre me dio, Joaquín Basanta, cuando en mis días difíciles de chico rebelde, la ultraizquierda ignorante me perseguía por el jazz y otras provocaciones, que aún sostengo. No me debes nada.
Es más, me debes algo: volver al Rumble Fish Corner (como en la película de Francis Ford Coppola de 1983), aquel rincón de la Aurora en la calle Hermanos Deligne, donde Il Nostro Calderonne, cuando los diálogos frente a la pecera eran amenos e ilusionados, junto a la eterna risa de Juan José Naranjo Vallejo, noches de correrías nocturnas por la Ciudad Colonial, cuando descubrí de repente sin tristeza alguna, que los jóvenes eran ustedes y que teníamos puentes de afectos inquebrantables…
En fin Juan, que celebres tu Ópera Prima, con el comedimiento de un director que promete nuevas emociones, porque todas las obras de arte, desde hace milenios, siempre pueden ser mejores. (Cfe)
Nota : Esta Carta abierta tiene la siguiente Banda Sonora: Voz de Pablo Neruda, “explico algunas cosas”. Romance del General Juan Lavalle, texto de Ernesto, música de Eduardo Falú. “Poncho celeste fuego en el alma” Piero, “que se vayan ellos” Chile Vive, de Nueva Forma. La Voz de Julio Córtazar. Guadalupe Trigo, Sigue la muerte, de Jaime Sabines. Te recuerdo Amanda, Víctor Jara. Gracias a la vida, de Violeta Parra.