¿Cómo vemos los dominicanos a los haitianos?

Areito, Artículo sobre libro de Ibeth Guzmán.
Aunque el tiempo, el implacable, se lleve tantas cosas pequeñas o grandes, nada hará que desaparezcan las preguntas del humano que cuestiona su propio ser.
Las respuestas pueden ser transitorias, pero lo permanente siempre serán las preguntas. Estar consciente de que siempre habrá necesidad de establecer parámetros para intentar explicar la propia existencia
Pero la cuestión no es querer saber quiénes somos, ya que en contraposición también nos interesamos en la construcción del otro como parte ineludible de reafirmar lo que se es o lo que no se es. O sea, ese otro que no es como yo. Como afirmó el gran escritor argentino Ernesto Sábato, esta es ”la dialéctica de ciertos procesos espirituales: nos conocemos a través de otros”.
Puede leer: Tríada en tensión: el acto de significar entre creación, estructura y mirada
De personas a personajes
La difícil relación entre las poblaciones haitiana y dominicana recibe mucha atención mediática en el aspecto noticioso o de actualidad. Atender las coyunturas momentáneas parece un plan más lógico que ponerle atención a aspectos que no son transitorios.
Esos que de algún modo son permanentes y que, por tanto, tienen una gravitación mayor, porque son los que penetran en el inconsciente colectivo, provocando distancias, miedos, resquemores y enfrentamientos.
Entonces es la academia, la que con más frecuencia, apunta su mirada, estudios y análisis a la relación desde distintos enfoques. Desde el origen común en el contexto histórico de la colonización, epopeyas posteriores y sobre todo, procesos políticos antagónicos que aún perduran.
Sin embargo, no muchas veces esta relación ha sido analizada desde la literatura, que es donde mejor se construye el imaginario y el pensamiento de una colectividad.
Por eso celebramos esta publicación: “El personaje haitiano en la literatura dominicana», de Ibeth Guzmán, porque nos acerca a nuestra realidad. Este libro es fruto de su interesante investigación de tesis doctoral en Estudios del español, lingüística y literatura en la Pontificia Universidad Madre y Maestra (PUCMM).
La investigación no se enfoca en cómo son los haitianos ni en cómo los dominicanos los ven, pues eso parecería muy sencillo, aunque evidentemente no lo es. Por lo que somete a un proceso de indagación científica 11 textos de ficción dominicana para extraer las evidencias a analizar y tras pasar los límites de la ficción, descubrir la realidad no a través de las personas, sino de los personajes. Para realizar este trabajo, además de ubicar los textos, leerlos, compararlos y analizarlos, en base a la propuesta teórica actancial que jerarquiza la estructura narrativa a partir de las funciones que tiene cada personaje en la historia en relación con la acción principal, independientemente de sus características individuales.
Todo partió de una pregunta, ¿Cómo caracteriza el escritor dominicano al personaje haitiano? Y ahí están las historias, solo hay que darle una nueva lectura, ahora no desde la pasión lectora, sino desde la mencionada propuesta actancial de seis ejes que propone Algirdas Julien Greimas, que son: sujeto, objeto, destinador, destinatario, ayudante y oponente.
Es desde este punto de vista que se realiza la investigación y luego el análisis hermenéutico en textos como Rufinito, de Federico García Godoy, Las Vírgenes de Galindo, de César Nicolás Penson, La Sangre, de Tulio Cestero, Cañas y bueyes, de Francisco Moscoso Puello, Over, de Marrero Aristy, El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo o Luis Pie de Juan Bosch, entre otros, que conforman los 11 textos, para desentrañar la construcción de una visión nacional del haitiano como persona representada en personajes literarios.
Para Marcio Veloz Maggiolo, los personajes literarios están “conformados a veces por la memoria ajena que te obliga a verlos en la voz de los demás”.
Esta investigación, según el maestro Bartolo García, quien presentó la obra, “es una osadía intelectual de la doctora Ibeth Guzmán”.
Y tiene razón, porque además de ser un trabajo enorme y de gran esfuerzo intelectual, “como corresponde a un doctorado”, como dice el maestro García, es también un desafío social y cultural al que la autora se ha enfrentado y lo sigue haciendo, pues existen corrientes opositoras a la misma por el simple hecho del tema que trata.
Lo cierto es que a la realización y presentación de la tesis le sigue el otro gran trabajo, convertirla en un libro que nos lleva a ese otro con características definidas ante el cual no sólo quiénes son los otros, sino que de paso nos permite identificar quiénes somos nosotros mismos.
Habría que replicar este trabajo desde el punto de vista de la literatura haitiana para saber cómo nos retrata. Recuerdo vagamente las novelas “Cosecha de huesos”, de Edwige Danticat, o Perejil, de René Philoctète, leídas hace varias décadas (sería una tontería adelantar conclusiones sin agotar igual proceso).
Sin entrar en otras alteridades ni cuestiones históricas, políticas, filosóficas, religiosas o culturales, hay que leer este libro publicado por Carlos Roberto en Isla Negra Editores en Puerto Rico.
Esta investigación no es sobre quiénes son los haitianos para los dominicanos, eso que parecería muy sencillo -aunque evidentemente no lo es, porque hay que traspasar los límites de la consciencia y dejar que inconsciente colectivo se exprese ¿Cómo caracteriza el escritor dominicano al personaje haitiano dentro de nuestra literatura? Eso depende del contexto histórico: el que hay que vencer, temer, el invasor, el victimario y también la víctima… Mejor léanlo, ¡Enhorabuena, Ibeth!