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Un cuento policíaco de Virgilio Díaz Grullón
La literatura fantástica tiene pocos cultores en las letras dominicanas. Se tiene la creencia de que se utiliza como recurso el “realismo mágico”

Obras literaria
De la obra de Virgilio Díaz Grullón, si hay que retener ciertos aspectos de su obra narrativa, habría que hablar de la búsqueda sistemática de la perfección en sus textos breves, en sus “cuentos”, como los editores gustan decir al clasificar la literatura en géneros.
Hablar de “La enemiga”, que Bosch considera un cuento perfecto, de “Edipo”, premiado en España, “El aprendiz de brujo”, “Más allá del espejo”, traducido a varias lenguas y una obra maestra de la literatura fantástica de República Dominicana, sería volver sobre caminos trillados, pero la búsqueda de la perfección es evidentemente una constante.
La literatura fantástica tiene pocos cultores en las letras dominicanas. Se tiene la creencia de que se utiliza como recurso el “realismo mágico”, una especie de clasificación que tiende a explicar que no sólo la literatura es ficción sino que puede ser realista y al mismo tiempo ficción. Una especie de realismo salpicado de fantástico.
Siguiendo esa lógica de clasificar no sólo en géneros sino también en temas la obra literaria, Díaz Grullón no se limitó únicamente a lo fantástico en su ficción. Desde sus primeros años en el quehacer literario incursionó en la literatura policíaca. Sobre todo cuando, ni por asomo, se practicaba en República Dominicana mucho menos durante la Era de Trujillo, porque la atractiva literatura policíaca tiene que hurgar en instituciones de capital importancia en los regímenes totalitarios, verbigracia la policía política y los servicios de inteligencia que proporcionan a una dictadura el don divino de ubicuidad.
Los primeros textos policíacos de Díaz Grullón figuran en la colección de cuentos Crónicas de Altocerro; uno cuyo título es evidente, “Crónica policial”; el otro, cuyo título es poco atractivo, “El corcho sobre el río”.
En el primero, un periodista cubre la muerte de una persona en un barrio popular de la ciudad. En “El corcho sobre el río”, en cambio, aborda otro aspecto de la literatura llamada policíaca: la investigación policial por un lado y por el otro un artificio bastante innovador en la narrativa dominicana: al tiempo que se narra la trágica muerte de una maestra rural, el narrador trata de contarnos dónde se esconde igualmente el relato “El corcho sobre el río” que, técnicamente hablando, más complejo que “Crónica policial” sin que los artilugios narrativos de “El corcho sobre el río” opaquen los méritos de “Crónica policial”.
Es más complejo, porque, además de la anécdota, de jugar entre la historia que el narrador nos cuenta y la carta que la víctima envió a su amante, el narrador deja claro y técnicamente expuesto que la carta que no leyó el amante es el relato que estamos leyendo. Recordemos que la víctima es una profesora de escuela que decide, ante la “vergüenza” de esperar un hijo de un compañero de trabajo unos años más joven, decide, como se sabe al final, luego de asediarlo epistolarmente, suicidarse.
Una historia banal si no fuera por destreza con que Díaz Grullón maneja los artificio narrativos de la verosimilitud para lograr que caigamos en cuenta de que la carta de su amante que había despedazado sin leer era, además de la prueba de su inocencia, el relato. Habría que preguntarse, entonces. Si Laura, como se llama la víctima, era la única que conocía su contenido, ¿cómo supiera el lector de sus intenciones suicidas?
La respuesta la proporciona el relato desde que aceptamos que la historia que lo que sucede en “El corcho sobre el río” sea exactamente igual a lo que Laura escribió en su carta. El contenido de esa carta que Luis sin leer y desenfado despedazó y echó por el lavabo. Conocemos su contenido porque en “El corcho sobre el río” gracias a múltiples claves que el narrador nos proporciona en la medida en que la lectura avanza para explicar sus mecanismos. Es decir, que se cuenta a sí mismo. Es la historia donde coinciden exactamente el plan de asesinato de Luis, por un lado; y, del otro, el de suicidio de Laura.
Ahora bien, Laura decidió suicidarse en el lugar, aparentemente secreto, donde solían verse, al cabo del año escolar. Luis tenía, por su parte, la intención de ahorcarla en ese mismo lugar, también al finalizar el año escolar. Es como decir que ella planeó exactamente lo mismo que había pensado hacer en el mismo lugar, como revela el narrador con un desenlace de los llamados sorprendentes.
Todo relato explica sus mecanismos así como la escritura se cuenta a ella misma. “El corcho sobre el río” no descuida estos aspecto de la gran literatura. El relato funciona pues como una construcción en abismo de la carta. La obra que estamos leyendo es al mismo tiempo el relato que se esconde en la última carta de Laura y que su destinatario no leyó, pero que, una vez terminada la lectura del texto, el lector tiene pleno conocimiento de lo que Laura había escrito a su amante.
La obra literaria Virgilio Díaz Grullón tiende, como dije antes, a la perfección. No tiene desperdicios. Conserva la intensidad que los textos breves exigen y crea su universo propio con sus propias reglas, las del mundo de Laura y Luis. Lo que tiene interés en “El corcho sobre el río” no es que Luis haya asesinado a Laura, como espera el lector. El narrador busca sorprender al anunciar que ella se suicidó y que su amante fue acusado injustamente de asesinato, la prueba de su inocencia, como dije, era la última carta de la amante despechada.
Y ese el logro de Virgilio Díaz Grullón, recuperar un texto aparentemente desaparecido por medio de artificios y recursos que la escritura le permite. Las costumbres y los hábitos sociales han evolucionado. En casi imposible que alguien se suicide hoy día por los motivos que Laura invoca, según dice el narrador, en sus cartas anteriores. Lo mismo podría decirse de los planes criminales de Luis. La escritura de “El corcho sobre el río” No ha envejecido, es moderna. Actual.