Emilia Pereyra, Premio Caonabo de Oro 2025 y su primera novela

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La literatura dominicana contemporánea ha dado voz a diversos temas de gran relevancia social, explorando las complejidades de la historia, la cultura y la identidad nacional. Entre las figuras destacadas en este panorama se encuentra Emilia Pereyra, periodista, escritora e historiadora, Miembro de la Academia Dominicana de la Lengua y del Ateneo Insular, cuya obra se ha caracterizado por una narrativa aguda y comprometida. El sugestivo título de su primera novela tiene una fuerte carga simbólica y enigmática. La palabra «crimen» sugiere un acto delictivo, un misterio o una transgresión, mientras que «verde» puede estar asociado con la naturaleza, la esperanza, la juventud o incluso con la corrupción y el dinero. En el contexto de la novela, el título parece aludir a un hecho criminal vinculado a los intereses que giran en torno a él. Sin embargo, al preguntarle a la autora, refiere que “se trata de un asesinato no bien planificado, no bien orquestado, en el contexto de la cultura dominicana cuando algo no ha madurado decimos que está verde”. La obra puede considerarse una novela híbrida que combina elementos de la novela policial, la novela detectivesca y la novela negra, pero sobre todo se trata de una “novela negra” [roman noir] por explorar temas de crimen, corrupción, moralidad ambigua y un tono oscuro. Este es el género al que más se acerca la obra, ya que no solo trata sobre un crimen, sino que también expone el poder y la degradación social.
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Me parece que la mayor fortaleza de la obra radica en la capacidad de la autora para construir una atmósfera realista y envolvente a partir de una prosa directa y sin complicaciones siendo fiel a las circunstancias del espacio, el tiempo y los hechos. Mediante un estilo periodístico-novelesco, presenta una estructura que recuerda a la crónica, con una exposición clara de los sucesos y un enfoque centrado en el crimen y sus implicaciones. Emilia Pereyra, construye una narración vibrante que expone las dinámicas del poder, la corrupción política y policial y la desigualdad social. La policía es presentada como una entidad represiva más que como una institución de justicia. La política, por su parte, es un juego de poder y enriquecimiento personal, donde el ascenso no depende de la capacidad sino de la astucia y la falta de escrúpulos. El pobre hombre que se gana la vida sereneando, es víctima de un sistema que lo oprime sin darle oportunidad de defensa. Su sufrimiento contrasta con la vida de lujo y poder del diputado Vargas. El personaje asume su destino con resignación. La idea de que la ayuda solo puede venir de lo sobrenatural («la mamá Nena me ayudó») refuerza la desesperanza ante un sistema que no ofrece justicia ni protección.
La escritora entrelaza una ficción que dialoga con la realidad, presentando personajes arquetípicos que encarnan tanto las víctimas como los victimarios en una sociedad marcada por la impunidad y la injusticia. Insistimos en resaltar la narrativa: directa y fluida con diálogos breves y expresivos que caracterizan a los personajes de manera rápida y eficaz con una fuerte carga de oralidad. Además, con el uso de expresiones coloquiales y abundantes dominicanismos («aquello no fue un maíz ni un rulo”, «tiñoso», «enllave») que le dan autenticidad a las voces de los personajes y los enmarcan dentro de un contexto social específico, urbano y marginal. Este uso del lenguaje refuerza la veracidad del relato y crea una conexión inmediata con el lector. Por otro lado, la construcción sintáctica fragmentada y repetitiva transmite la desesperación y el desorden mental del asustado sereno. Frases como «Seguro que lo mataron. Segurito» enfatizan su paranoia y su resignación ante una realidad que parece estar fuera de su control. La repetición de ciertas frases y acciones (como el plan de asesinato que se discute varias veces) genera un efecto de inevitabilidad y fatalismo. A través de un lenguaje vívido la novela logra transmitir la angustia de los personajes y la impunidad de quienes controlan el destino de los demás.
La alternancia temporal enriquece la estructura, permitiendo que el lector forme una visión más compleja de la historia. La idea de asesinar a Karl Smith, según refieren Meyers y Ryan surge de Belinda, pero ella asegura que lo planteó «medio en broma», lo que genera dudas sobre su verdadera personalidad y nivel de involucramiento en el crimen. Su personaje es representativo de la posición de la mujer dentro de un sistema patriarcal que la instrumentaliza. El plan del asesinato se convierte en el núcleo que impulsa la trama y establece el nudo de la historia. Desde el inicio, la novela revela detalles sobre el crimen: quién fue la víctima, dónde fue desmembrada y cuándo ocurrió el asesinato. A partir de esta revelación, la narrativa se adentra en las motivaciones de los perpetradores. Max Meyers es el personaje que lleva la batuta en la conspiración. Su actitud cambia de la duda inicial a la certeza de que es un «plan perfecto», lo que muestra un proceso de convencimiento y degradación moral. Bill Ryan es el del ejecutor. Su comentario sobre haber sido carnicero sugiere una frialdad y una predisposición a la violencia. La descripción de su dentadura amarilla y desigual lo dota de un matiz repulsivo y siniestro.
El pasado de Karl Smith sirve para humanizar al personaje y dar contexto a su situación actual. Smith fue traicionado por su mujer y sobre ello hay imágenes poderosas, como la descripción del amante de Margaret, con tatuajes de mujeres desnudas y falos gigantes, que refuerzan el impacto emocional de la traición sufrida por Karl. La mención de la República Dominicana como lugar de oportunidad para Smith nos da pistas sobre la relación entre la globalización, la migración y el deseo de reinvención personal. El piano bar, un espacio de socialización, con decoración navideña y boleros melancólicos, contrasta con la brutalidad de la idea que surge en su interior. Esta contradicción entre el ambiente y el contenido del diálogo genera un efecto perturbador. El plan de asesinato se justifica en términos económicos: Karl Smith no quiso vender sus propiedades «por el precio que se le ofrecía». Aquí hay una exploración del capitalismo extremo, donde la vida de una persona puede ser desechable si es un obstáculo para el negocio.
Uno de los elementos más significativos en la novela es la construcción del discurso de poder a través del personaje del exdiputado Isidro Vargas. Este figura como el epítome de la corrupción política, manipulando el sistema judicial y utilizando su influencia para generar una narrativa que lo exculpe y lo fortalezca dentro del imaginario colectivo. La escena donde sus seguidores lo aclaman, a pesar del contexto criminal en el que está implicado, muestra la forma en que el poder se sostiene no solo por la fuerza sino también por la complicidad de las masas, quienes lo ven como un benefactor antes que como un criminal. Su discurso refleja la capacidad de ciertos actores para moldear la percepción de la realidad en su favor. La representación de la justicia como un espectáculo. La escena del tribunal, con los gritos, los aplausos y la orden autoritaria del juez, transforma el juicio en una dramatización donde la verdad y la justicia parecen irrelevantes. El juicio no es un mecanismo de aplicación de la ley, sino una puesta en escena en la que se refuerzan las relaciones de poder existentes.
Concluyamos este comentario evocando las palabras premonitorias de escritor León David, Premio Nacional de Literatura 2020: “El crimen verde es una narración fabulatoria de indiscutibles méritos, que nos llena de alegría y nos hace vaticinar, desde ya, un futuro brillante para la autora en el complejo y controvertido campo de las letras nacionales” (1994). El paso del tiempo ha confirmado la precisión de su pronóstico, y hoy, entre los numerosos premios que ha cosechado, Emilia Pereyra se ve honrada con el prestigioso Premio Caonabo de Oro 2025.

Emilia Pereyra, Premio Caonabo de Oro 2025 y su primera novela