Guardianes de la verdad Areíto

Aporte

El persistente mito del discurso histórico dominicano: Bobadilla

No basta que Bobadilla en momentos de apuro político proclamara que él la redactó, ni que se especule acerca de las palabras separación e independencia y del estilo en que está escrita,

Joaquín Balaguer

Joaquín Balaguer

Publicado por

Creado:

Actualizado:

(-3 de 3-)

§ 23. No es mi propósito analizar exhaustivamente las obras de los historiadores dominicanos que han escrito sobre el tema de la redacción de la Manifestación de 16 de enero de 1844. Esa tarea la dejo a los historiadores del presente y del futuro. Sin embargo, deseo consignar una reflexión de Víctor Garrido Puello sobre el mismo tema, por parecerme una de las más ajustadas al contexto histórico en que se produjo la referida Manifestación, incluidas las reservas sobre ciertas afirmaciones del poeta e historiador trujillista que para mí caerían en la categoría de la duda razonable: «Uno de los argumentos que se aducen para atribuir a don Tomás Bobadilla, del Partido Conservador o afrancesado, la redacción [de la Manifestación de 16 de enero de 1844] es que no se emplea en él la palabra independiente sino la de separación; pero en el juramento de los trinitarios (…), tampoco se usa la palabra independencia. Se emplean las palabras “separación del gobierno haitiano”. El historiador José Gabriel García intitula uno de los períodos en que divide nuestra historia Período de la separación y en todos los escritos de aquella época encontramos las palabras separación, separatista y hasta ‘separacionista’, por lo que este argumento por sí solo carece de fuerza probante(sic) para desconocer su paternidad a Sánchez, ayudado por Mella, considerado por conmilitones suyos como su autor, y transferírsela a Don Tomás Bobadilla.» (Espigas históricas. Santo Domingo: Arte y Cine, 1972, p. 86-87).

§ 24. Para Garrido Puello, fue Mella quien solicitó a Sánchez «… una entrevista [con Bobadilla] para que dijera si adolecía de alguna falta y de ese hecho quedó dicho Bobadilla iniciado en el Movimiento.» (Ibid., p. 87). Y concluye el Salomón trujillista de esta guisa: «… no creo que la paternidad indiscutible de la Manifestación del 16 de enero esté debidamente establecida con la atribución de la misma (sic) a Bobadilla. No basta que Bobadilla en momentos de apuro político proclamara que él la redactó, ni que se especule acerca de las palabras separación e independencia y del estilo en que está escrita, ni que fuera invocada en varios documentos oficiales, puras lucubraciones a distancia de los hechos, cuando otras opiniones de personas que participaron en el movimiento revolucionario dicen lo contrario. Tanto en el año 1838 como en el 1844 y después se usaba solamente el vocablo separación, lo que se justifica, por la circunstancia de que lo que se pretendía hacer era realmente separar la parte española ‘del gobierno haitiano’ al cual fue unida por la violencia de la invasión boyeriana del 1822.» (Ibid., pp. 87-88). Garrido Puello exhibió, como historiador y aficionado a la filología, un poco su saber lexicológico. Pero hay que ir todavía más lejos, según lo planteé en el § 6. Sea usted el jurado. No más preguntas, Magistrado.

§ 25. En cambio, otro Salomón del trujillismo, Joaquín Balaguer, realizó un estudio comparativo entre la Manifestación de 16 de enero de 1844 y la Declaratoria de Independencia de Núñez de Cáceres de 1 de diciembre de 1821. Balaguer concluye en que el manifiesto de la Efímera es superior al de la Separación y, de paso, siguiendo la inercia propia a la mayoría de nuestros historiadores que prefieren repetir, para que se equivoquen los demás, copia lo hecho ya por otros que investigaron el hecho y le atribuye la redacción de nuestra acta de independencia a Bobadilla al darle crédito de veracidad al discurso de este último de 10 de junio de 1847 en el Congreso Nacional: «El primer documento de importancia en que Tomás Bobadilla muestra sus aptitudes intelectuales es el manifiesto del 16 de enero. El aparato jurídico de esta pieza, redactada como tal con orden lógico extraordinario y sin consideraciones postizas, es digno de admiración; pero la forma, aunque carece de ampulosidad, es en conjunto mezquina y en algunos trozos resulta abominable.» (Artículo “Tomás Bobadilla” en Los próceres escritores (Buenos Aires: Gráfica Guadalupe, 2ª ed.1971 [1947], p. 37).

§ 26. Léase ahora lo que afirma Balaguer de los textos de Núñez de Cáceres y el redactado supuestamente por Bobadilla: «Si se compara este manifiesto, escrito con mentalidad de funcionario adocenado, con el que redactó Núñez de Cáceres para proclamar la independencia de 1821, será fácil medir la inmensa distancia que separa a los autores de ambos memoriales: el uno escribe con la frialdad de un notario que repasa tranquilamente las causas de la operación que va a protocolizar cumpliendo más con un deber propio de su oficio que con un deber de conciencia; y el otro, en cambio, habla como un hombre poseído por la fe en sus ideas y arrebatado por el orgullo de la nacionalidad que trataba de arrancar a la noche de la esclavitud y que hervía desde tiempo atrás en su corazón con toda la fuerza de las pasiones encadenadas.» (Ibid.., p.38).

§ 27. El estudio comparativo de Balaguer es sinuoso como su personalidad, porque si no fue Bobadilla quien lo redactó, entonces quedan vituperados Sánchez y Mella, que según las cuatro fuentes que he consultado apuntan a los dos padres de la patria como sus redactores. Y si fue Bobadilla, peor para él, porque Balaguer realiza un ajuste de cuentas con este hombre también sinuoso y simulador, aunque el autor de El centinela de la frontera no esconde su gran admiración por este “prócer escritor, de prosa sin altura”, «hombre sin ideales y, lo que es peor, sin escrúpulos, [que] no sintió la grandeza del principio que enunciaba, y fue, sin duda entre los creadores de la República el menos apto moralmente para erigir aquel monumento a la libertad humana.» (Ibid., pp. 37-38).

§ 28. Vuelvo a dudar de Bobadilla como el autor de la Manifestación, porque un documento tan extenso, con tantas consideraciones jurídicas e históricas y una elevada cantidad de considerandos explicando por qué la separación de la nueva república “unida por la violencia” a Haití por Boyer, como afirmó Garrido Puello, no podía ser redactada en el corto espacio de tiempo que medió entre el 16 y el 24 de enero, fecha en que se estima que Sánchez redactó la Manifestación, la leyó por primera vez en casa de los Concha y debió entregársele la copia a Bobadilla de manos de Mella (según testimonio de Manuel Joaquín del Monte) antes del 27 de febrero, presumiblemente el 24 «para que dijera si adolecía de alguna falta” (Lugo Lovatón, t. 1º, p. 161). De la única manera en que Bobadilla hubiese redactado la Manifestación de 16 de enero de 1844 sería si la hubiese echado a la basura y hubiese redactado una nueva, pero esta superchería hubiese sido denunciada de inmediato por Sánchez, Mella y Galván y los que asistieron a la lectura del documento en casa de los Concha y Bobadilla hubiese salido totalmente desacreditado, lo que no sucedió.

§ 25. Este infundio ha pasado de un historiador a otro, no obstante afirmar cuatro fuentes escritas en 1844 que Sánchez y Mella, asistido del secretario del primero, Manuel Dolores Galván, redactaron la Manifestación de 16 de enero de 1844, la misma que el propio Mella llevó a Bobadilla para que la leyera, aprobara y firmara, al igual que lo hicieron los primeros 83 patriotas y luego los 155 que aparecen en el segundo ejemplar de dicha Manifestación. Y ese mismo Manuel Dolores Galván no era cualquier escribiente. Él mismo aparece como uno de los firmantes de la Manifestación de nuestra separación de Haití.

§ 26. La segunda fuente escrita que asegura que la redacción de nuestra Manifestación del 16 de enero de 1844 fue obra de Sánchez y Mella aparece en Thomas Madiou, historiador haitiano libre de sospecha de estar en connivencia con los dominicanos, citado por el propio Rodríguez Demorizi, quien reconoce que hay varias versiones sobre la autoría del documento: «Madiou dice que sus redactores fueron Sánchez y Mella» (P. 9). Su fuente, según lo expresa el historiador haitiano, fue el informe redactado por el exmagistrado haitiano Manuel Joaquín del Monte en 1844, el cual Madiou leyó y reproduce lo esencial en su obra Historia de Haití. Años 1843-1846. (Santo Domingo: Archivo General de la Nación, 2024, pp. 422-428). Véase el informe de Manuel Joaquín del Monte titulado “Sucesos políticos de 1838-1846” en el que Madiou basó su relato sobre el proceso de nuestra independencia (en Emilio Rodríguez Demorizi. Documentos para la historia de la República Dominicana, t. II. Santiago: El Diario, pp. 9-40) y las críticas que le dirige el historiador Leónidas García. La traducción servil del francés la realizó María Victoria Flórez Estrada Ponce de León y deja mucho que desear. Al no ser historiadora, no corrigió los errores de nombres, apellidos y lugares en que incurre Madiou (Histoire d’Haïti, t. VIII. 1843-1846. Port-au-Prince: Henri Deschamps, 1991). He debido auxiliarme de la versión francesa para enmendar en mis textos estos errores evitables en un historiador profesional. Pruebas al canto: (Entre las páginas 421 y 427, usted encuentra los siguientes nombres mal escritos: Ali por Alí; Eraso por Erazo, Juan; Maladura por Matadero; Eneco por Gneco, Ventura o Buenaventura; Chavarrio por Echavarría, Maariano; cerca de Pedro Santana en vez de ante Santana; Girou, por Girón, Martín; Manuel Dolores Rodríguez en vez de Manuel Dolores Galván Rodríguez). Sospecho que José Díaz es José Díez, el tío de Duarte y que el Gabriel Suna, no sea Osuna u Ozuna, o que Sito Salcedo no sea Tito Salcedo).

§ 27. La tercera fuente escrita es la de la nota necrológica «del prócer Manuel Dolores Galván” aparecida en la revista Letras y Ciencias, el 19 de noviembre de 1894, se expresa que este, en 1844, le sirvió de secretario a Francisco del Rosario Sánchez y que “de su puño y letra” circuló el Manifiesto del 16 de enero» (p. 9). Con esta segunda fuente escrita por delante faltaría solamente contratar a un paleógrafo titulado para que haga un estudio comparativo entre la escritura manuscrita de Tomás Bobadilla y la de Manuel Dolores Galván y asunto resuelto.

§ 28. La cuarta fuente oralizada por la escritura proviene del propio Rodríguez Demorizi y versa sobre la redacción de la Manifestación del 16 de enero de 1844: «… y en una breve relación histórica, que conservamos inédita, escrita en 1918 por Eustaquio Puello, afirma este que su padre, el valeroso general Gabino Puello, hizo circular por el sur de la Isla el Manifiesto manuscrito que escribió su ‘primo Manuel Dolores Galván en una reunión [en casa] de Musié Pallén.» (obra citada, p. 9). Desconfío de la grafía de este apellido. Hay que restablecer la veracidad de su nacionalidad, si dominicana, francesa o haitiana. La palabra musié, corruptela de Monsieur la aplican en nuestro país a ciudadanos de habla francesa, a haitianos y dominicanos afrancesados que, sin serlo, han estudiado o vivido en Francia.

§ 29. CONCLUSIÓN EPISTEMOLÓGICA

Rufino Martínez, al referirse al caso de Bobadilla censuró que a este personaje del siglo XIX le juzguen algunos historiadores actuales con los criterios y conceptos históricos del siglo XX. Y rechazó la definición de Buenaventura Báez como el Fouché dominicano aportada por Gustavo Adolfo Mejía (Historia de Santo Domingo. La Separación (1844). Santo Domingo: Archivo General de la Nación, t. X, 2017, p. 471) y la de Rodríguez Demorizi como “El Proteo de la política dominicana” (“Hoja de servicios de Tomás Bobadilla”, Clío 88 ya citada, p. 94). Y también la de Balaguer (obra citada, 1947, pp. 40, 42) que definió a Bobadilla como el Fouché dominicano.

§ 30. Dice el Tucídides dominicano al referirse a Bobadilla: «A quien hizo entre todos los dominicanos de la Primera República la mayor suma de aporte a la organización y funcionamiento político de la nacionalidad, se pretende, pasado el primer siglo, juzgarle con el mismo sentimiento de odio e intransigencia pasional que incitaba a sus enemigos. En ellos estuvo bien que así actuaran, pero no es admisible ahora querer hacer valer (sic) aquellos desahogos y alegados con carácter de exclusividad y rehuyendo el presentar al verdadero hombre.» (Diccionario…, ya citado, p. 72 col. 1-2).

§ 31. El compromiso epistemológico del discurso de cualquier historiador dominicano es obrar según lo afirmado por Rufino Martínez: juzgar en el presente los hechos del pasado de acuerdo con sus contextos: «Ha existido un antibobadillismo. Como hubo un antisantanismo nacido con la estimación inicial de quienes escribieron los primeros lo tenido por historia. El hábito muy nuestro de aceptar lo ya dicho por personas o nombres de autoridad intelectual, ha servido de justificación para seguir sustentando lo convencionalmente establecido, sin conocerlo. Así se ahorraba esfuerzo, que es una de las maneras de no molestarse ni menos aprender.» (Ibid., p. 72, col. 2).

Tanto en mi ejercicio de crítico literario (epistemología del discurso, según la poética de Meschonnic) y aficionado a la epistemología del discurso de los historiadores (siguiendo a Marc Bloch, Erich Kahler, E. H. Carr y Meschonnic), he intentado siempre seguir este mandato final de Rufino Martínez. (FIN).

Sobre el autor

DIÓGENES CÉSPEDES

tracking