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En nuestra incontable asistencia a inauguraciones, creemos que nunca habíamos visto tanta gente, salvo bienales y concursos, como en la apertura ceremonial de “Un itinerario en tono mayor”. Es más, cuando, después de las palabras de presentación, la multitud se “lanzó” hacia la exposición y sus obras, nos sucedió una ilusión óptica. Percibimos un montaje apretado, y casi pensamos que se había incluido una de las series monumentales Antonio Prats-Ventós.

¡Fue solamente una falsa impresión a primera vista! Pudimos darnos cuenta, sobre todo en una segunda visita, de una excelente museografía, como siempre en el Museo Bellapart y de su directora Myrna Guerrero, la cual se preocupa por la mejor receptividad y lectura de las piezas, igualmente para que el artista expuesto sobresalga en su (in)genio, su personalidad, su temperamento.

Estas últimas notas se hacían particularmente importantes, ya que Antonio Prats-Ventós, “converso” de la Cataluña a la República Dominicana, abrazó su nuevo y definitivo país con emoción y entereza. La primera sala –que a veces visitan después-, entre pintura y escultura figurativa, evoca la creatividad de un joven superdotado e hipersensible. Plasmó la figura humana -cuerpo y rostro-, modelado y talla, aliando precisión, delicadeza, autenticidad, tanto en la intimidad familiar -así la encantadora Montserrat- como en la fuerza mítica de una cabeza antillana, retrato étnico imaginario tal vez inigualable.

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Un despliegue mesurado e impresionante

Luego, en el gran salón, se despliegan la carrera de Antonio Prats-Ventós y el “itinerario en tono mayor”.

No se trata de jerarquía cualitativa, sino de la vida productiva, de períodos sucesivos y asimilados, de una comunión de sentimientos y construcción de espacios, de una riqueza y armonía de estilos, siempre personales y frutos de un trabajo encarnizado.

Bien lo expresa Myrna Guerrero en un texto ejemplar: “Luego lo sedujo la abstracción y la experimentación, los diálogos entre la masa y el vacío, el reto de traducir al viento, la mar, los astros, con formas insinuadas y sugeridas en lugar que definidas con realismo”.

Antonio Prats-Ventós se libera de la representación en soluciones plásticas diferentes, con intensidad expresiva, con variaciones de tamaños, formas y volúmenes.

Tenía un caudal imaginativo, pero preservaba su identidad artística. No hay abstracción gratuita, tampoco transmite tormento ni agresividad, sino energía y potencia, fervor y rigor, que sean relieves de pared o esculturas de bulto.

Evidentemente, curvas y redondez exaltan el sentimiento, la ternura y aun la sensualidad mientras cierta volubilidad y recortes verticales llegan a evocar movimiento interno y brotes de humor, pero controlados. Observamos siempre coherencia y equilibrio, hasta en conjuntos y estructuras compuestas fijadas en la pared. Esa unidad se (auto)impone como un denominador común en todas las esculturas, y cuales sean los materiales. Por cierto, el maestro mostraba una gran exigencia respecto a su calidad.

Solemos conferir prioridad a Antonio Prats-Ventós como virtuoso de la talla en madera -en parte por la pureza y sublimidad de las series de “El Bosque” y “La Selva”-.

Un enfoque que es bastante relativo, sin embargo, en ese aspecto, su genio residía en la pluralidad de los materiales, cómo los labraba y dominaba: provenían de la naturaleza, de esa naturaleza dominicana que quiso conocer tan pronto llegó.

Alternan y se suman a la madera, el barro, el cemento, la piedra, el mármol, luego los metales que no le guardaron secretos.

El color de estos insumos también le atraía, y vemos que la paleta de Antonio pintor no vaciló en policromar piezas de arte sacro, y sobre todo la magna, elegante, compleja serie de las Meninas, que alberga también Damas e Infantas. Emigraron de la nobleza y la madre patria a la fantástica y generosa tierra quisqueyana.

Este último período estilístico, muy productivo, que logró hacer felices los coleccionistas, está bien representado en la exposición, con piezas diferentes, pintorescas y misteriosas, refinadas y altivas. Hay una pequeñita, un poco aislada que conservó su madera toda al natural… es conmovedora.

Pedro Vergés, con la propuesta de su escritura impecable, las silueta “como una especie de síntesis de elementos, punto intermedio entre lo abstracto y lo figurativo, al que además se le añade el factor de la policromía, herencia innegable de la faceta pictórica del escultor”.

Coda

Aquella faceta pictórica casi no la abordamos, a pesar de que, al filo del tiempo, haya cobrado su justo y pleno valor, inconfundible, mérito mayúsculo en una obra de arte. Felizmente, la programación del Museo Bellapart conlleva hasta el 6 de septiembre incluido, varias actividades que permitirán apreciar al inolvidable Toni y una creación que jamás se repetirá.

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

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