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POR CAIUS APICIUS
Existe un cine que podamos denominar ‘gastronómico’? ¿O lo que hay son muchas secuencias gastronómicas en películas que no tienen como tema central el de la comida? Parece ser que, salvo excepciones notables, lo que abunda es lo segundo.

Así, al menos, opinó la mayor parte de los exponentes que participaron en la bellísima localidad de Laguardia, en La Rioja de España, en el llamado ‘Cinegourland’, primer festival -que sepamos- de cine y gastronomía, cuya invitada de honor fue la escritora mexicana Laura Esquivel.

Por supuesto, se proyectó el film ‘Como agua para chocolate’, basado en la deliciosa novela del mismo título de la citada autora; un film en el que, efectivamente, el hecho gastronómico es el nexo de unión, más que la saga familiar. Otra de las proyecciones marcadamente gastronómicas fue la de la película china ‘Comer, beber, amar’.

Obviamente, hay quienes serían capaces de calificar de película gastronómica a la mismísima ‘La quimera del oro’, de Chaplin, sólo por el genial baile de los panecillos o la no menos magnífica secuencia en la que el vagabundo ‘degusta’ una de sus botas. Pero eso no hace una película ‘gastronómica’.

Hay muchos aficionados para las que la encarnación del cine gastronómico es ‘El festín de Babette’. Es cierto que la escena de la magnífica cena a la francesa que cocina su protagonista, maravillosamente interpretada por Stéphanie Audran, para sus puritanas patronas y sus cofrades, es el punto culminante de esa película; pero no podríamos decir que se trata de un film dedicado a la gastronomía.

Sí lo sería, en cambio, la descatalogada ¿Quién mata a los grandes chefs?, con una maravillosa Jacqueline Bisset y un impresionante Robert Morley, el siempre eficaz secundario del cine británico, en su papel de crítico gastronómico. Para quien esto firma, es la más gastronómica de todas las películas de la historia.

Hay, eso sí, grandes secuencias con la comida como protagonista en muchos filmes; es lógico: la gente come y bebe, y el cine, a veces, refleja la realidad, de modo que sus personajes comen y beben. Pero dudo de que alguien sea capaz de catalogar como ‘gastronómica’ la famosa escena del camarote de los hermanos Marx, en «Una noche en la ópera», pese al reiterativo y dos huevos duros! de dicha escena.

Es curioso, pero en dos de las películas de las que hemos hablado -‘Como agua para chocolate’ y ‘El festín de Babette’- acaban siendo muy protagonistas las codornices: con pétalos de rosa en la primera, y en sarcófago en la segunda. Dos magníficas -y complicadas- recetas con esa avecilla acaparando primeros planos.

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