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Exposición dual

Diálogo entre Jaime Colson y Mario Carreño

Las pinturas de Jaime dialogan con las de Mario, artista cubano. Impresiona el parentesco entre los dos maestros y amigos como la singularidad de cada uno

Mario Carreño. “Pareja”.

Mario Carreño. “Pareja”.

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Las exposiciones que organiza el Museo Bellapart son únicas en Santo Domingo. No son solamente cuadros -si de pintura se trata-, los acompaña un proyecto o motiva una investigación, llevada con precisión y método.

La curaduría se manifiesta en su plenitud y rigor. Las personalidades que encabezan esta importante labor, propia de un museo, son Myrna Guerrero, su directora, y Maribel Bellapart, presidenta del Museo Bellapart, con un equipo competente.

Muchos visitantes fieles – y entre ellos, nosotros- consideran que cada exposición es una fiesta del arte. Casi siempre son artistas dominicanos, pero puede contribuir a la celebración un intercambio, que revela o exalta a otros creadores caribeños e iberoamericanos.

Este bienvenido encuentro sucede ahora, con una muestra exclusiva, titulada “Conexiones”, que nos permite observar y comparar cuadros de los maestros Jaime Colson – dominicano – y Mario Carreño – cubano de origen, chileno en las últimos decenios de su vida-.

Las pinturas tienen fechas similares, aproximadamente décadas del 1930 y 40: los autores eran jóvenes. Las obras de Jaime Colson pertenecen al Museo Bellapart, las de Mario Carreño provienen de la colección de Pedro y Alexis Haché.

A la usanza del Museo Bellapart, esta exposición dual se distingue por un montaje muy claro, que hace fácil el recorrido y guía nuestras miradas, sin olvidar una vitrina documental que sitúa ambos expositores.

Una hermandad pictórica

Jaime Colson nació en Puerto Plata en 1901. Mario Carreño nació en La Habana en 1913, y fue alumno de Colson en México. Fueron ambos artistas itinerantes… al menos una buena parte de sus vidas. Fueron amigos, una amistad tumultuosa, muy “colsoniana”, que finalizó con una triste historia de cuadros confiados y perdidos. Colson, que sufrió más de una vez esta desgracia, dice en sus memorias que en Cuba “los dejé en manos de mi entonces discípulo Mario Carreño, quien, no sé que habrá hecho de ellos”.

Jaime Colson falleció en Santo Domingo en 1975, tan glorioso como sufrido. Mario Carreño, se estableció definitivamente en Santiago de Chile en 1948: exitoso y naturalizado chileno, murió allí en 1999.

Las obras de Jaime Colson y Mario Carreño, expuestas en “Connexiónes”, parecen hermanas, y, según ocurre con la fraternidad a la misma edad, guardan a la vez puntos comunes y también diferencias. Sus estilos – entonces compartidos- surgen del neoclasicismo y del respeto de la enseñanza académica.

Es admirable en ambos la perfección anatómica, y el tema de sus pinturas es el cuerpo humano, joven, de ambos sexos. También encontramos en un cuadro, la estructura y forma del caballo, que por cierto se consideraba lo más difícil de plasmar en el clasicismo.

Dibujo impecable, equilibrio compositivo, óleo ligero, pincelada rigurosa, con una textura más seca en Carreño que en Colson, la reproducción del natural es inmejorable en los dos artistas Igualmente, sus obras siguen el dictamen de la imaginación e imaginería en dos pintores superdotados. Adrede, eligieron pinturas de fechas anteriores para Colson, mayor de doce años.

La curaduría, difícil y excelente, demuestra su alto nivel.

Uno y otro

En la obra de Jaime Colson, el desnudo forma parte de la naturaleza como la tierra, el aire y el sol. Es el demiurgo que recrea al hombre y la mujer… más aún les convierte en elementos del entorno y de su vida interior. Son -así los llama- “figuras metafísicas”, incorporadas al medioambiente, mítico, místico, entre planos. Nada compite con un mundo atemporal, estén los cuerpos de pié o acostados, pero que evolucionó hacia una integración caribeña.

Colson, con excepción del período “haitiano”, conservará esa rigurosidad que siempre quiso transmitir al alumnado.

Recordamos que su última exposición, retrospectiva del 1973, dos años antes de su muerte, tenía como título: “Exposición dedicada a la Juventud y a la Gloria del Desnudo”.

Obviamente, Mario Carreño era alumno de Colson, que lo inspiraba e influenciaba. Llegó aun a una monumentalidad mayor que la de su maestro, así lo vemos en un oleo estelar y poético del 1945, con tres protagonistas: una joven, un caballo, un ave. Ahora bien, él somete un neo-clasicismo preservado a una imagen propia, a su imaginación: hay una evolución que diferencia el contexto y la misma representación de los cuerpos en su medio ambiente, integrados aun a la naturaleza. La modernidad varía: hasta surgen el sentido del humor y cambios estilísticos ya anunciados. Por cierto, Mario Carreño cambiará de “escuela”, adoptando surrealismo, abstracción y Chile aún… Cuba no lo aceptó y lo dejó fuera de la maestría cubana.

Coda

El texto de presentación de Myrna Guerrero concluye con una información muy importante:

“Una idea propuesta por Ruahldy Lombert encontró eco en el arquitecto Pedro Haché y el Museo Bellapart para hacer posible este proyecto expositivo que hoy ponemos a su disposición para evocar el espíritu de la región”.  

Sobre el autor

MARIANNE DE TOLENTINO

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