Confianza interpersonal
Imagen personal sin perder autenticidad el equilibrio entre lo que mostramos y lo que somos
La respuesta no está en el maquillaje del personaje, sino en la coherencia.

Creada con IA
En una época marcada por la exposición constante, la imagen personal se ha convertido en una carta de presentación permanente. Redes sociales, entornos laborales cada vez más competitivos y vínculos mediados por la mirada del otro colocan a la apariencia en el centro de la escena. Sin embargo, una pregunta atraviesa este tiempo: ¿es posible construir una imagen sólida sin renunciar a la autenticidad?
La respuesta no está en el maquillaje del personaje, sino en la coherencia.
El sociólogo Erving Goffman, en su obra La presentación de la persona en la vida cotidiana, sostiene que toda interacción social implica una puesta en escena. Vestimenta, gestos y palabras comunican incluso antes de hablar. No obstante, Goffman advierte que cuando la representación se aleja demasiado de la identidad real, el desgaste es inevitable.
Desde esta perspectiva, la imagen personal no debería funcionar como un disfraz, sino como un lenguaje que expresa quiénes somos y qué valores sostenemos.
La especialista en liderazgo Brené Brown destaca que la autenticidad es uno de los pilares de la confianza interpersonal. En sus investigaciones, sostiene que las personas perciben rápidamente la incongruencia entre el discurso y la actitud. Una imagen construida solo para agradar puede resultar efectiva a corto plazo, pero pierde credibilidad con el tiempo.
Aplicado a la imagen personal, esto implica elegir estilos, colores y formas de comunicación que acompañen la personalidad, el contexto y la historia de cada individuo.
Autores como Joan Costa, referente en comunicación estratégica, señalan que la imagen es una extensión de la identidad. No se trata de seguir tendencias de manera automática, sino de interpretarlas con criterio. La ropa, el lenguaje corporal y la forma de presentarse deben reforzar el mensaje personal, no contradecirlo.
En el ámbito profesional, esta coherencia se traduce en seguridad. Quien se siente cómodo con su imagen proyecta confianza, aun en escenarios formales.
Mientras que la consultora de imagen Sylvia Galván afirma que una imagen bien gestionada no busca uniformar, sino resaltar lo singular. La autenticidad no está reñida con el cuidado personal; por el contrario, se fortalece cuando hay conciencia de lo que se comunica.
Elegir cómo mostrarse es también un acto de respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
Más allá de lo estético, la imagen personal incluye la manera de expresarse, de escuchar y de habitar los espacios. El psicólogo Carl Rogers sostenía que la congruencia interna es clave para el bienestar emocional. Cuando lo que se piensa, se siente y se muestra está alineado, la imagen fluye con naturalidad.
Ser, antes que parecer
En un contexto donde la apariencia muchas veces prima sobre el contenido, apostar por una imagen auténtica es un acto de madurez. No se trata de renunciar al cuidado, sino de entender que la verdadera fortaleza de la imagen personal reside en su honestidad.
Construir una imagen sin perder autenticidad es, en definitiva, una invitación a mostrarse con coherencia. Porque cuando la imagen acompaña a la esencia, el mensaje llega más lejos y permanece.