Historia de una leyenda
De un barrio peligroso al Pabellón de la Fama: el camino al éxito de Eduardo Gómez en el baloncesto
Su llegada al baloncesto dominicano en 1974 marcó un antes y un después. Apodado “El Vaquero” por narradores de radio y televisión, Eduardo Gómez revolucionó la cancha con un estilo poco común para su época: un dribleo creativo, velocidad y una estatura que rompía los esquemas de la posición que jugaba.

Eduardo Gómez en acción finales TBS, Club Naco vs San Lázaro Palacio de Los Deportes.
Para muchos jóvenes que crecen en barrios vulnerables, el baloncesto no es solo un pasatiempo. Es refugio, disciplina, identidad y, en algunos casos, la puerta de salida hacia una vida distinta. Así lo demuestra la historia de Eduardo Gómez Quintero, un hombre que convirtió desde "chiquitico" el deporte en su proyecto de vida.
Nacido el 13 de octubre de 1952 en Santiago de los Caballeros, Gómez emigró siendo apenas un niño a Estados Unidos junto a su familia. El destino los llevó al South Bronx, en Nueva York, un entorno marcado por la pobreza y los peligros de la calle. Allí, el baloncesto apareció como salvación.
“Para mí el baloncesto es parte de mi vida, me inicié a lo 10 años y me sirvió para ser aceptado por lo "malos chicos" en la escuela y el barrio vulnerable de el South Bronx NY adonde mi familia inmigró”, recuerda en entrevista para el periódico HOY, a propósito del Día Mundial del Baloncesto.

Eduardo Gómez es un inmortal del baloncesto dominicano.
A través del juego, encontró mentores, entrenadores que no solo le enseñaron a driblar y lanzar, sino a elegir el camino correcto: educación y disciplina.
Ese compromiso dio frutos. Gracias al baloncesto, obtuvo una beca en Taylor University, donde se graduó como licenciado en Sociología, demostrando que el deporte y los estudios pueden caminar de la mano cuando existe determinación.

Eduardo Gómez con el primer NBA dominicano, Alfredo Tito Horford, uno de sus más grandes pupilos a quien descubrió a lo 15 años.
El "Vaquero" que revolucionó el juego

Eduardo Gómez junto a Chris Duarte con quien trabajó en su preparación NBA Pre Draft
Pero más allá del talento, fue su mentalidad lo que lo sostuvo. "Siento una gran satisfacción saliendo de un barrio muy vulnerable y peligroso, gracias a mi familia y entrenadores me mantuve por un buen camino: mis estudios y el baloncesto" afirma.
El camino no estuvo exento de sacrificios. Gómez reconoce que el éxito deportivo exige renuncias personales: menos fiestas, menos distracciones y más compromiso. “Dejé de asistir a muchas actividades porque deseaba lograr mis metas”, confiesa.
Orgullo nacional y legado

Eduardo Gómez fue uno de los protagonistas en la época dorada del baloncesto dominicano
Uno de los momentos más memorables de su carrera llegó con su participación en los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974, defendiendo los colores de la Selección Nacional Dominicana.
"Todo el pueblo dominicano estaba atendiendo y pudimos realizar una histórica participación", rememora con orgullo.

Eduardo Gómez en acción en un partido de Club Naco vs Mauricio Báez
También guarda en la memoria la llamada época dorada del baloncesto local, cuando el Palacio de los Deportes se llenaba y la fanaticada vibraba con cada partido del Torneo de Baloncesto Superior (TBS). “Me sentía orgulloso de que la fanaticada disfrutara mi estilo de juego”, dice.

Eduardo Gómez junto a Aldo Leschorn, su compañero de equipo del Club Naco y Selección Nacional.
En 1995, Eduardo Gómez fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, que lo define como el criollo más grande en las posiciones 1 y 2 por su eficiencia y calidad. “Llegar a ser un Inmortal del deporte dominicano es el mayor honor que he recibido”, expresa con gratitud.
El baloncesto, un deporte que transforma vidas

Foto cedida al periódico HOY por Eduardo Gómez
En este contexto, cada 21 de diciembre se celebra el Día Mundial del Baloncesto, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para reconocer el impacto social, educativo y cultural de este deporte a nivel global.
En República Dominicana, la conmemoración cobra un significado especial, al tratarse de una disciplina que ha servido como vía de desarrollo y proyección para cientos de jóvenes.
Para Gómez, el deporte transforma vidas porque enseña valores que van más allá de la cancha: ética de trabajo, disciplina, responsabilidad y perseverancia.
Considera uno de sus mayores logros haber sido parte del crecimiento del baloncesto como el deporte más practicado del país, con presencia de dominicanos en la NBA, la ACB de España y otras ligas internacionales.
Reconoce además el impacto de la construcción de polideportivos y canchas en el país, aunque advierte que aún falta más inversión en instalaciones equipadas y dirigentes capacitados. “En ese renglón estamos muy por debajo de lo que necesitamos”, señala.
Aun así, valora el rol de los medios y las redes sociales como herramientas de inspiración para los jóvenes, quienes hoy pueden aprender observando partidos y videos instructivos.
El mensaje para el barrio

Eduardo Gómez fue exaltado en el Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en 1995
Su consejo es claro y directo: combinar estudios y baloncesto. “Esa es la fórmula ganadora”, afirma.
A quien quiera seguir sus pasos, le recuerda que el éxito no llega por casualidad: trabajo diario, gimnasio, práctica constante, estudio de videos y descanso. Ese ha sido su método.
Esa ética fue la que lo llevó de un barrio vulnerable al Pabellón de la Fama, un ejemplo vivo de que, con disciplina y propósito, el baloncesto puede cambiar vidas.