Guardianes de la verdad Economía

Rebobinando tecnología

¿Asistente o asistonto?

A las cinco en punto, con el calor encima y cara de “no estoy en gente”, la palabra que suele venir después de “dame una” es fría.

Colmado

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A las cinco en punto, con el calor encima y cara de “no estoy en gente”, la palabra que suele venir después de “dame una” es fría. Como examen de completar espacios.

Si Juana y Rosa discuten acaloradamente y la primera dice: “Hija de la gran…”, no hace falta mucha imaginación para saber cómo termina la frase. Felicidades. Acertaste.

En el patio eso se llama costumbre. Repetición. Memoria de barra.

En mostradores y discusiones se aprende rápido cómo funciona el patrón. Se repite tanto que ya nadie necesita oír la frase completa.

Con los asistentes digitales pasa algo parecido.

Mientras uno escribe un mensaje, un correo o un documento, parece que hay alguien pensando del otro lado. Pero lo que realmente hace es calcular qué palabra suele venir después. Nada más. Y nada menos.

Si usted escribe: “El cielo es…”, la respuesta más probable será “azul”. No porque haya mirado hacia arriba, sino porque es la palabra que más veces ha venido después.

Ahí está el truco.

Y también la trampa.

Porque el día que usted necesita otra cosa —una aspirina, por ejemplo— y arranca con el mismo “dame una…”, el sistema completará lo habitual, no lo específico. El muchacho del colmado puede estar destapando la cerveza mientras usted todavía va por la sílaba “as…”.

Verdad y probabilidad no siempre son lo mismo.

Y estas herramientas trabajan con probabilidad. No con certeza.

Sobre el autor
NELSON MARRERO DIAZ

Nelson Marrero Díaz

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