Batacazo de Milei: ¿suerte o compromiso?

Javier Milei
No podemos evitar que nos asalte la duda: ¿La clave del plan de estabilización y crecimiento que impulsa Javier Milei en Argentina ha sido la fortuna, el compromiso férreo del mandatario con el saneamiento de las finanzas públicas, la pericia del arquitecto económico —Luis Caputo, ministro de Economía— o la alquimia de todos esos factores moviéndose al unísono?
Porque primero llegaron los resultados que rozaban lo milagroso en materia fiscal: Argentina pasó de un déficit consolidado heredado —Tesoro y Banco Central incluidos— de casi 15% del PIB, a un superávit financiero sin sombra de default, con efectos virtuosos sobre la inflación y el pulso económico. La inflación, que en diciembre de 2023 había trepado a un alarmante 25% mensual, descendió hasta 2,9 % en septiembre de 2025. Y según los datos más recientes, hacia mediados de este año el PIB avanzaba a un ritmo interanual de 6,4 %, tras dos años consecutivos de recesión.
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Luego llegó la prueba amarga: el revés político de su partido en las elecciones provinciales de Buenos Aires, celebradas el 7 de septiembre. Un golpe que, paradójicamente, le trajo alivio al proyecto presidencial. Como si hubiese sido un cálculo perfecto del azar, aquellos detalles que empañaban la gestión —sobre todo en la administración del discurso y la empatía necesaria para atraer o neutralizar sectores— comenzaron a ser limados. Desde entonces, Milei vistió su palabra de prudencia, sin abdicar de sus convicciones, sino abrazándolas con mayor fuerza. Y la tarea de sumar adeptos se dejó sentir en las calles con renovado ímpetu.
En ese fragor, Milei dio un “palo de gallera”: el acuerdo con la Administración Trump le abrió acceso a 20.000 millones de dólares —con posibilidad de ampliación— para cubrir obligaciones de deuda. Sin esos recursos, habría sido arduo avanzar en la corrección del desorden monetario y cambiario heredado.
Pero las elecciones legislativas del domingo pasado pendían sobre su cuello como una espada de Damocles. Se jugaba la suerte de su plan: si las perdía, la incertidumbre volvería acernirse sobre el destino argentino. Y Trump quiso subrayarlo al advertir que, si Milei era derrotado, retiraría su apoyo.
Entonces irrumpió la luz: las fuerzas de Milei dieron el batacazo, y Argentina contempla hoy, con renovada esperanza, la posibilidad cierta de que el plan continúe su marcha, concluya la estabilización y encienda un crecimiento robusto. Así lo leen los mercados: tras conocerse el triunfo, las acciones argentinas treparon un 17% en las operaciones “overnight” de Wall Street.
De haber ocurrido lo contrario, el país habría dado un salto al vacío, directo hacia la incertidumbre y el desconcierto.