Estados Unidos
Hacia un cambio estructural en el valor del dólar
Estaríamos ante un cambio que fortalecería el valor del dólar y frenaría la desdolarización a nivel global

La energía sigue siendo el corazón palpitante del comercio mundial.
Hemos estado acostumbrados a vivir una curiosa paradoja: los intentos de desdolarización suelen intensificarse justamente cuando el mercado energético se vuelve más incierto, como ocurre en la actualidad. Y es precisamente en esos momentos cuando los inversionistas, movidos por la prudencia o el temor, tienden a refugiarse en el dólar. Así ha sucedido también ahora, impulsando su valorización, aunque la experiencia histórica muestra que, a más largo plazo, ese impulso suele ceder paso a fases de debilitamiento de la divisa estadounidense.
Dado el enorme peso que el valor global del dólar tiene sobre la economía dominicana, conviene advertir que podríamos estar en la antesala de un cambio en ese patrón. Un cambio que no solo prolongue la valorización del dólar en el tiempo, sino que además frene —e incluso revierta— el proceso de desdolarización global que se ha venido observando en las últimas décadas.
La razón es sencilla, aunque profunda: la energía continúa siendo el corazón palpitante del comercio mundial. Y ese corazón, todavía hoy, late al ritmo del dólar. En este momento está en marcha un proceso que podría reforzar el liderazgo que Estados Unidos ha venido consolidando en la producción energética.
Durante décadas, Estados Unidos dependió de las importaciones de energía. Sin embargo, con la revolución del fracking y el progresivo desmontaje de restricciones medioambientales a la exploración y explotación energética, el país se ha consolidado como uno de los mayores productores de petróleo del mundo y el principal exportador de gas natural licuado.
Este giro tiene consecuencias económicas evidentes: menor déficit energético, mayor estabilidad macroeconómica y un incremento de la confianza internacional en su moneda.
Todo ello contribuye a fortalecer al dólar, en la medida en que la energía se convierta en una nueva ancla estructural para la demanda global de la divisa estadounidense.
La lógica es clara. Cuando Estados Unidos se convierte en uno de los principales productores de energía del planeta —petróleo y gas— se desencadena una cadena de efectos: exporta mayores volúmenes de hidrocarburos, esas transacciones se realizan mayoritariamente en dólares y los países compradores necesitan acumular reservas en esa moneda para poder pagar la energía que alimenta sus economías. El resultado es una presión adicional sobre la demanda global de dólares.
De este modo se refuerza el sistema conocido como el petrodólar, consolidado en la década de 1970, mediante el cual buena parte del comercio energético mundial se liquida en dólares. A la vez, se robustece la influencia geopolítica de Estados Unidos, pues en el siglo XXI la energía no es solo un recurso económico: es también un instrumento de poder estratégico.
Tradicionalmente, la fortaleza del dólar ha descansado sobre tres grandes pilares: el sistema financiero global, el mercado de bonos del Tesoro y el comercio energético. Hoy, algunos analistas observan que mientras el pilar financiero muestra señales de desgaste relativo, el energético se fortalece. Por ello sostienen que la hegemonía del dólar podría prolongarse por mucho tiempo, reforzada también por el liderazgo tecnológico de EE.UU.
David Woo, ex jefe de investigación global de divisas en Bank of America Merrill Lynch, ha argumentado que el auge del petróleo y el gas de esquisto en Estados Unidos fortalece estructuralmente al dólar. En una línea similar, Dan K. Eberhart, empresario del sector petrolero, sostiene que el auge del fracking y de las exportaciones de hidrocarburos permite a Estados Unidos ejercer una verdadera energy dominance, que amplifica su poder financiero y consolida el uso global de su moneda.
Porque el dólar ya no descansa únicamente en bóvedas bancarias ni en complejas redes financieras. Hoy también fluye bajo tierra, recorre gasoductos, se embarca en buques metaneros y se transforma en la electricidad que mantiene en marcha a la economía del mundo.
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