¿Es la inteligencia artificial la nueva religión de Silicon Valley?

La inteligencia artificial.
TORONTO (AP) — A sus 77 años, Geoffrey Hinton tiene una nueva vocación en la vida. Como un profeta moderno, el ganador del Premio Nobel ha hecho sonar las alarmas sobre los peligros de la inteligencia artificial descontrolada y no regulada.
Frecuentemente apodado el “padrino de la IA”, Hinton es conocido por su trabajo pionero en el aprendizaje profundo y las redes neuronales, que ayudó a sentar las bases para la tecnología de IA que suele utilizarse hoy en día. Sintiendo “cierta responsabilidad”, comenzó a hablar públicamente sobre sus preocupaciones en 2023 tras dejar su trabajo en Google, donde laboró durante más de una década.
En los últimos años, a medida que avanza la tecnología —y los dólares de inversión— que impulsan la IA, también lo han hecho los riesgos que conlleva.
“Realmente es como un dios”, dijo Hinton.
Hinton forma parte de un creciente número de figuras prominentes de la tecnología que hablan de la IA usando un lenguaje que antes se reservaba para lo divino. El CEO de OpenAI, Sam Altman, se ha referido a la tecnología de su empresa como una “inteligencia mágica en el cielo”, mientras que Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, incluso ha argumentado que la IA podría ayudar a traer al Anticristo.
¿La IA traerá condenación o salvación?
Hay muchos escépticos que dudan que la tecnología merezca este tipo de temor, entre ellos, Dylan Baker, exempleado de Google y principal ingeniero de investigación en el Instituto de Investigación de IA Distribuida, que estudia los impactos nocivos de esa tecnología.
“Creo que a menudo operan desde un pensamiento mágico y fantástico, informado por mucha ciencia ficción que presumiblemente adquirieron en sus años formativos”, dijo Baker. “Están realmente desconectados de la realidad”.
Aunque los chatbots como ChatGPT penetraron en el espíritu de nuestros tiempos hace muy poco, ciertos círculos de Silicon Valley han profetizado sobre el poder de la IA durante décadas.
“Tratamos de despertar a la gente”, dijo Hinton. “Para que el público entienda los riesgos y presione a los políticos para que hagan algo al respecto”.
Mientras que investigadores como Hinton advierten sobre la amenaza existencial que, en su opinión, representa la IA para la humanidad, hay CEO y teóricos en el otro lado del espectro que argumentan que nos acercamos a una especie de apocalipsis tecnológico que inaugurará una nueva era en la evolución humana.
En un ensayo publicado el año pasado titulado “Machines of Loving Grace: How AI Could Transform the World for the Better” (“Máquinas de gracia amorosa: Cómo la IA podría transformar el mundo para mejor”, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, expone su visión de un futuro “si todo sale bien con la IA”.
El empresario de IA predice “la derrota de la mayoría de las enfermedades, el crecimiento de la libertad biológica y cognitiva, la salida de miles de millones de personas de la pobreza para compartir las nuevas tecnologías, un renacimiento de la democracia liberal y los derechos humanos”.
Mientras que Amodei opta por la frase “IA poderosa”, otros usan términos como “la singularidad” o “inteligencia artificial general (IAG)”. Aunque los defensores de estos conceptos no suelen estar de acuerdo en cómo definirlos, se refieren, en términos generales, a un futuro hipotético en el que la IA superará la inteligencia humana, con el potencial de desencadenar cambios rápidos e irreversibles en la sociedad.
El científico informático y autor Ray Kurzweil ha pronosticado desde la década de 1990 que los humanos algún día se fusionarán con la tecnología, un concepto a menudo llamado transhumanismo.
“No podremos distinguir lo que proviene de nuestro propio cerebro de lo que proviene de la IA. Todo estará incrustado dentro de nosotros. Y nos hará más inteligentes”, dijo Kurzweil.
En su más reciente libro, “The Singularity Is Nearer: When We Merge with AI” (“La singularidad está más cerca: Cuando nos fusionamos con la IA”), Kurzweil reafirma sus predicciones anteriores. Cree que para 2045 habremos “multiplicado nuestra propia inteligencia un millón de veces”.