Dentro de la meta
La inflación bordea umbral de rango meta sin cruzarlo
La prudencia en su manejo, no es neutral, sin embargo: introduce un sesgo restrictivo sobre la actividad económica.

La inflación estrecha el margen de maniobra para estimular la economía.
Que la tasa de inflación en 2025 y durante los primeros tres meses de 2026 se haya mantenido bordeando el límite superior del rango meta, sin alcanzarlo ni rebasarlo, habla con elocuencia de la credibilidad conquistada por las autoridades monetarias y fiscales.
Una inflación interanual de 4.95% en 2025, de 4.98% en enero de 2026, de 4.67% en febrero y de 4.63% en marzo revela una conducción firme: la inflación roza el techo sin romperlo, como quien sabe tensar la cuerda sin dejar que se quiebre. Es el ejercicio delicado del control, donde la presión existe, pero no se desborda.
Desde luego, no estamos en el nivel ideal. En el esquema de “4% ± 1%”, el 4% es el destino: el punto de equilibrio al que aspira el banco central, el nivel que considera óptimo para que los precios naveguen con estabilidad en el mediano plazo. No es una cifra arbitraria, es la búsqueda de un balance entre la estabilidad de precios y el dinamismo económico. Un punto medio que evita tanto la erosión del poder adquisitivo causada por una inflación elevada, como el letargo que provocan una inflación demasiado baja o la deflación.
El ±1% representa, en cambio, el margen de maniobra en ese trayecto. Es la banda de tolerancia, el espacio donde la inflación puede fluctuar —entre 3% y 5%— sin que se interprete como una señal de descontrol. ¿Por qué existe ese margen? Porque la inflación no responde a una precisión mecánica: está sujeta a fuerzas externas, desde los vaivenes del petróleo hasta los movimientos del tipo de cambio y los choques globales que sacuden la economía.
En otras palabras, dentro del rango meta, el 4% actúa como el centro de gravedad de la política económica, mientras que el intervalo entre 3% y 5% constituye la zona de confort.
Mientras la inflación permanezca allí, el banco central entiende que la economía se mueve en un equilibrio razonable.
Sin embargo, hay un matiz que no debe pasarse por alto: cuando la inflación se aproxima al 5%, aun dentro del rango, sugiere la presencia de presiones inflacionarias. Es una suerte de señal temprana, un aviso discreto de que podría desviarse del cauce.
Y ese aviso tiene implicaciones. A medida que la inflación se acerca al límite superior, el margen de maniobra para estimular el crecimiento se estrecha. No es casual que, desde noviembre pasado, el banco central haya optado por mantener sin cambios su tasa de política monetaria.
Esa prudencia, sin embargo, no es neutra: introduce un sesgo restrictivo sobre la actividad económica. El propio banco central lo reconoce al ajustar a la baja su proyección de crecimiento para 2026, que pasó de un rango entre 4% y 4.5% a uno de entre 3.5% y 4%.
La lógica es clara: cuando la inflación se aproxima al techo, la prioridad es enfriar la economía para evitar que se desborde y, sobre todo, para impedir que se desanclen las expectativas. Es decir, que los agentes económicos comiencen a anticipar aumentos persistentes de precios. Porque, en economía, tan importante como la inflación misma es la percepción de hacia dónde se dirige.