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Narco

“El Mencho”, fiel devoto de Virgen de Guadalupe

En el cuarto había 4 veladoras y las imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo, muy populares en México

La “caída” de “El Mencho” ha sacudo a México.  AP

La “caída” de “El Mencho” ha sacudo a México. APAP

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CIUDAD DE MÉXICO.- AP

Cuando se habla de un temido narcotraficante como lo fue el mexicano Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, pocos pensarían que tuvo momentos de flaqueza. Pero los hallazgos que se encontraron en el que fue su último refugio al sur del estado de Jalisco, donde fue abatido el domingo por las fuerzas militares, develaron un lado oculto del líder del poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG): su fervor religioso.

En uno de los cuartos de su casa, al que ingresaron medios locales, se halló un cristo colgado en la pared y un pequeño mueble de madera con un improvisado altar donde había cuatro veladoras y las imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo, muy populares en México y el resto del continente, y de San Chárbe l, un monje y sacerdote maronita libanés que fue canonizado en 1977 y que es venerado mundialmente por cristianos y musulmanes.

A un lado de las imágenes había una hoja de papel en la que estaba escrito a mano el Salmo 91, que los católicos suelen invocar para pedir la protección de Dios ante peligros, temores y adversidades.

En el lugar también se encontraron otras cartas, presumiblemente dirigidas al “El Mencho” al que identificaban como “compadrito”, con mensajes religiosos en los que se hacía alusión a San Judas Tadeo, que tiene entre sus devotos a pandilleros, drogadictos y exconvictos.

La presencia de figuras religiosas se extendía hasta el patio trasero de la casa ubicada en un exclusivo complejo de la localidad de Tapalpa, a unos 100 kilómetros al sur de Guadalajara, capital de Jalisco. Frente a una cantera había dos grandes piedras con imágenes talladas de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo.

Durante sus casi dos décadas de reinado frente al CJNG, Oseguera Cervantes siempre mantuvo bajo perfil y no transcendió mucho de su vida personal fuera de los crímenes y matanzas que cometió su organización a lo largo del país, que lo consolidaron como uno de los capos mexicanos más sanguinarios.

Aunque el descubrimiento del lado religioso del capo podría suscitar disonancias, para estudiosos de la llamada “narcocultura” como Fabián Acosta Rico, investigador de la Universidad de Guadalajara y del Centro de Estudios de las Religiones en México, no resulta ninguna sorpresa. “No podemos desvincular la religiosidad de la violencia”, dijo Acosta Rico.

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