El Arte Dominicano y la proyección internacional

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Poca proyección. A pesar de su calidad e importancia, nuestro arte no deja de ser casi secreto en el Caribe. Se necesita que sucedan intercambios de forma permanente, que beneficien la proyección del arte, de los artistas y los organismos dominicanos en el Caribe.
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En artes visuales, hay aquí dinamismo, investigación, producción, que, durante muchos años, se han considerado un “secreto bien guardado” -, si usamos la expresión que se empleaba para la promoción turística en sus inicios… La proyección internacional de los valores artísticos ha cambiado este enfoque, pero solo parcialmente.
Afirmamos que, junto a Cuba, Puerto Rico y Haití, en toda la región del Caribe insular, somos el país más fecundo en artistas modernos y contemporáneos, de mayor nivel y diversidad.
Motivo de orgullo es contar más de 400 artistas profesionales y cuatro generaciones activas entre pintores, escultores, instaladores, dibujantes, grabadores, incluyendo a la pléyade de fotógrafos y el núcleo creciente de los videoartistas.
Buena parte de ellos -los jóvenes casi todos-, cultivan varias categorías, y la expresión visual puede unirse a lenguajes de índole escénica como acciones y “performance”.
Sin embargo, existe una tendencia a desconocer el arte dominicano en su importancia y plenitud. Bastan dos ejemplos: solo muy recientemente se otorgó a Iván Tovar –fallecido- un alto valor en subasta internacional, y respecto a la premiada pintora magistral Elsa Núñez, la Unesco adeuda una exposición retrospectiva.
Dentro del mismo Caribe, en un censo e investigación concerniente a las fotógrafas caribeñas, ignoraban a las dominicanas. No sabemos si todavía corrigieron esa laguna, pese a la cuantiosa información enviada.
Tampoco tenemos actualmente iniciativas y proyectos, susceptibles de modificar esta “relativización”.
En Jamaica, el programa “Catapult” propone asistencia a 1,000 artistas de todo el Caribe, clase profesional en crisis aguda por la covid-19; entre los eventuales beneficiarios, incluye a los artistas dominicanos. Y hay más ejemplos.
La República Dominicana ha retrocedido artísticamente en la región, desde que suspendió -para no decir “suprimió”- la Bienal del Caribe.
Fue su gran oportunidad de implantarse, no solamente como país rico en arte y artistas, sino como solidario de las islas –cuales sean su tamaño y su estatus político- y de Centroamérica, convirtiéndose en difusor y promotor de artistas hermanos geográficamente.
Esta situación regional motivará la primera parte de nuestro comentario.
Cinco Bienales del Caribe. La Bienal del Caribe fue concebida, entre otros fines, para estimular la creatividad de los artistas caribeños, dar a conocer entre los caribeños sus producciones artísticas y encontrar los denominadores comunes.
Cuando se solía tildar el arte caribeño de “naïf”, arte de aeropuerto o de reproducción rezagada de las viejas vanguardias europeas del siglo XX, ese encuentro de 30 países, (de)mostró un arte caribeño, actual y auténtico, obra de los que viven en sus países de origen o de la diáspora caribeña.
Tanto organismos regionales y acuerdos con la Unión Europea como reclamos de intelectuales dominicanos, situaron la Bienal del Caribe en Santo Domingo como la sede permanente.
Su primera celebración fue en 1992, fecha y aniversario simbólico. Más aun, ese acontecimiento influyó para que se cambiase el nombre de “Galería de Arte Moderno” o GAM, por “Museo de Arte Moderno” o MAM.
El muy recordado Porfirio Herrera era su director.
Cinco ediciones de la Bienal se sucedieron con una sorprendente regularidad –apenas alterada -, iniciándose con pintura y luego abarcando varias categorías.
Por ser el país anfitrión, la representación dominicana se destacaba: su auge artístico creció naturalmente y se iba imponiendo, junto a la de Cuba, sede de una bienal intercontinental.
Ahora bien, las críticas florecieron –siempre sucede-, y pusieron la Bienal en tela de juicio, aunque no impidieron su desarrollo pese a las crecientes dificultades económicas, revelando un arte en efervescencia.
Jornadas teóricas de la Bienal del Caribe, con asistencia de especialistas de la región y de otras procedencias, discutieron el tema fundamental de la identidad en las artes visuales caribeñas.
¡República Dominicana, por ende sus creadores e investigadores, habían encontrado el sitial merecido! y, paralelamente, se celebrabaron otros eventos, regionalmente asimilados y centrados en el Museo de Arte Moderno.
Trienal Internacional del Caribe. Lamentablemente, la Bienal del Caribe se interrumpió, sorda ante los reclamos internos y la insistencia externa- ¡los copartícipes caribeños no entendían la suspensión!-. Un lustro pasó: el nombre de “Bienal” había perdido hasta su significación.
La presión de los reclamos y la conveniencia internacional hicieron que se instituyese una Primera Trienal Internacional del Caribe, tres años favoreciendo la periodicidad anunciada.
La pluralidad de categorías mantuvo su apertura; al Caribe insular y Centroamérica agregaron la participación de México, Venezuela y Colombia, siendo aquí organismos cimeros el Ministerio de Cultura y el MAM. No resultó cualitativamente esa ambiciosa extensión geográfica, como tampoco aumentó la proyección del arte dominicano a esas naciones mayores.
La temática propuesta, “Arte y medio ambiente”, consiguió muy buena acogida. Irradiaba el optimismo, pero hasta el momento, no se ha convocado la segunda Trienal…
Diez años han transcurrido. Una continuación es pues impredecible y absurda y, lamentablemente, se ha perdido una oportunidad, tal vez irrecuperable. Ojalá intercambios regionales, mejor estudiados económicamente, sucedan de forma permanente, beneficiando a la proyección del arte, los artistas y los organismos dominicanos, en el Caribe.
Hoy, la antorcha es del Centro León, contribuyendo al (re)conocimiento de la creación y el patrimonio dominicanos más allá de nuestras fronteras.
El Museo del Barrio, en Nueva York institución fundamentada en el arte del Caribe, organizó la impactante exposición “Caribbean: Crossroads of the World”, plural y pluridisciplinaria en sus enfoques, que se presentó en tres centros museísticos de los Estado Unidos.
Dieciocho obras dominicanas en distintas categorías, de consagrados fallecidos como de prominentes artistas de hoy, fueron seleccionadas en la colección Eduardo León Jimenes.
¡El Caribe es único, un mundo en el mundo!
(continuará).
- Carlos Despradel
- Ivan Tovar
- Elsa Núñez

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