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¡Aquí, entre dos aguas!

Ascenso social en República Dominicana que algunos reconocen y a otros no acaba de convencer

Banco Mundial recomienda enfáticamente que en el país debe ponerse empeño en mejorar la productividad y la disponibilidad de empleos de calidad

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Nelson Marrero
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A contrapelo de la forma en que liderazgos de oposición describen a República Dominicana al borde del abismo, sin que dejen de llegar inversionistas que la consideran modelo de una economía por buen camino, desde la sobriedad y cuidadosa selección de palabras para formular diagnósticos sobre naciones, el Banco Interamericano de Desarrollo dice que percibe al país en una tendencia de mejoría significativa aunque persistan brechas estructurales que no impidieron que a 2024 la pobreza monetaria descendiera hasta situarse en un 19.0 % antes de que el contexto mundial cambiara notablemente y una oleada de proteccionismos con golpes arancelarios afectara el comercio internacional.

Sin embargo, el economista Juan Ariel Jiménez, voz peledeísta de innegable representatividad y categórica credencial de profesor en Harvard, ha sostenido que la economía dominicana está paralizada, que es la segunda de menor dinamismo en América Latina con un crecimiento apenas entre un 2.1 % y un 2.2 %, un sector eléctrico en retroceso de 15 años. Con aguda escasez de dinero en las calles y los peores pronósticos de devaluación para el valor de la moneda entre otras “lindezas” de la dureza comunicacional.

Se ha indicado antes, en el marco de avances y retrocesos atribuidos a retos estructurales, que en 2022 el país registró una marcha atrás que pareció transitoria desde la perspectiva actual con la pobreza monetaria afectando al 27.7 % de los ciudadanos, con la nación bajo el impacto de factores externos, mientras analistas optimistas cercanos al oficialismo insisten en que la tendencia general predominante ha sido hasta ahora de movimientos desde estratos bajos hacia la clase media.

Estimaciones del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (órgano eminentemente técnico) expresan a los cuatro vientos que por primera vez en decenios la clase media dominicana ha vuelto a ser más numerosa que la población en situación de necesidades apoyándose en datos oficiales que indicarían que unos 240 mil dominicanos han logrado salir de la pobreza cada año con un 12 % de la población mejorando su condición económica en período reciente. Según esas apreciaciones la clase social alta y mejor posicionada la componen aproximadamente 570 mil personas, el 5.18% de la población general lo que sería poquita cosa en cualquier lugar del mundo habitado por alrededor de 11 millones de seres humanos.

LA CONTRADICCIÓN

Con argumentos contrarios a la suposición de que esté considerablemente activada la movilidad social, el sociólogo Cándido Mercedes ha opinado que el panorama dominicano es contradictorio por la siguiente razón: está estancada la distribución equitativa de los logros macroeconómicos (2024/2025) con una “fosilización” o estancamiento del ingreso y de la calidad de vida de un amplio estrato social.

Desde su académica atalaya de observación a la movilidad de capas sociales, entiende que a pesar del crecimiento económico, que prefiere denominar “crecimiento de burbuja”, la estructura de poder que determina la producción, el consumo y el ingreso impide que las personas de estratos bajos escalen posiciones de manera sostenible.

Matizó que el 67 % de la población no tiene acceso al cacareado ingreso promedio de US$8,500 al mes. No niega que en las últimas tres décadas el país ha logrado avances significativos en materia institucional y social.

Un hallazgo del BID le da la razón: el 1% de más ingresos de la sociedad dominicana controla cerca del 42% de la riqueza nacional lo que preserva un nivel de desigualdad comparable al de países de condición extrema como El Salador y Bolivia. La entidad multilateral identifica la exclusión socioeconómica de este país como evidente en el hecho de que solo un tercio de los hogares tenía acceso a la internet a la hora de aplicar su último estudio al respeto, porcentaje que estaría muy por debajo del promedio regional.

UN RARO CRECER

El crecimiento dominicano de la economía, que hasta el año pasado parecía a buen ritmo, no ha quedado bien parado en las evaluaciones regionales que aplica el Banco Mundial que esta vez ha estimado que ese auge no se ha traducido de manera equitativa en beneficios para la población que hasta muy recientemente había contribuido en algo a la reducción de la pobreza monetaria impulsada entonces por aumentos del ingreso laboral “real” o comparado con la autenticidad del costo de la vida. En el país la fijación de topes salariales siempre ha estado a la zaga de la inflación.

El por qué la redistribución equitativa del ingreso no se logra en el país es enumerada por la entidad financiera multilateral con un primer revés: “la mala calidad de servicios públicos como salud y educación obliga a ciertos sectores poblacionales importantes a recurrir al sector privado limitando el efecto integral del crecimiento de las actividades productivas que debería traducirse en el acceso sin límites a prestaciones consideradas como inherentes a las funciones de Estado y consagrado como derecho humano.

Abundando, el Banco Mundial recomienda enfáticamente que en el país debe ponerse empeño en mejorar la productividad y la disponibilidad de empleos de calidad como la mejor vía para hacer más eficaz la redistribución del ingreso.

Entes especializados de la comunidad internacional entienden que República Dominicana enfrenta desafíos estructurales profundos en el 2026 para mantener el crecimiento económico que comenzó a desinflarse el año anterior y que para revertir la caída debe elevarse la calidad del capital humano y modernizar infraestructuras básicas. De su lado, el Banco Interamericano de Desarrollo ha opinado que la inversión pública y privada en transporte sigue siendo insuficiente para reducir los costos logísticos que recaen sobre la población y porque es necesario reducir los congestionamientos urbanos, uno de los grandes dolores de cabeza para habitantes de Santo Domingo y Santiago.

IMPACTO FAVORABLE

En medio de las ambivalentes teorías sobre el ascenso social de los ciudadanos individualmente y de sus familias, llama la atención un dato: siete de cada diez egresados de la educación técnica a la que con diversidad de opciones se accede en el país consigue empleos inmediatamente pasando a desempeños productivos e integrándose a una movilidad que garantiza ascensos en niveles salariales y jerárquicos.

Las escuelas vocacionales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional lanzan cada año al mercado laboral miles de técnicos medios y auxiliares. De 2025 recién concluido se reportó la entrega de diplomas a 46,799 jóvenes y el total histórico de sus aportes a la capacitación de recursos humanos alcanzó ya la cifra de 509 mil graduados.

Además, con los politécnicos del sistema educacional y centros del Instituto Nacional de Formación Técnica Profesional, (Infotep ) el país crece en ofertas curriculares para cubrir demandas digitales y laborales modernas “con alto impacto en la inclusión de género”. En el 2024, el 55.79% de participantes en cursos de la entidad eran mujeres. El Estado se ha comprometido a construir 70 nuevos politécnicos.

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Nelson Marrero

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