Casos más famosos de derrumbes en RD
¿Por qué fallan muchos taludes?
En los últimos 30 años, carreteras y avenidas dominicanas han experimentado grandes derrumbes de taludes y de paramentos durante lluvias de tormentas y de vaguadas que han acumulado 200 y 300 milímetros de columna de agua por metro cuadrado en 24 y 48 horas.

En cada caso de un derrumbe de talud, hay una combinación entre mucha agua y mal drenaje.
Por: Osiris de León
Los 12 casos más famosos son: (1) derrumbes en loma Isabel de Torres, Puerto Plata, 1991 a 1999; (2) derrumbes en loma Miranda, autopista Duarte, Bonao, agosto 1996; (3) derrumbes en carretera turística Luperón, en Palo Quemado y La Cumbre, desde agosto 2005; (4) derrumbes en Sánchez, Samaná, agosto 2005; (5) derrumbe en el cruce del Limón y carretera a Ocoa, durante la tormenta Noel, octubre 2007; (6) derrumbes en Carlos Díaz, Tamboril, febrero 2009, los que destruyeron toda la comunidad; (7) derrumbes en loma Casabito, carretera a Constanza, junio 2009; (8) derrumbes carretera El Número, Baní, octubre 2012; (9) derrumbe en el Cajón de Cisnero, carretera El Seibo a Miches, durante el huracán María, septiembre 2017; (10) derrumbe paso a desnivel Las Carreras/30 Marzo, Santiago, agosto 2022; (11) derrumbe en “El Derrumbao”, carretera Barahona a Paraíso, septiembre 2023, zona que tiene unos 100 años en deslizamientos y está pendiente de corregir; y (12) derrumbe del paramento noroeste del paso a desnivel 27Febrero/Máximo Gómez, noviembre 2023.
En cada caso, fuimos convocados para hacer un diagnóstico geológico-geofísico-hidrogeológico-geotécnico del colapso, y presentar una posible solución efectiva al problema para que los derrumbes no se repitan, siempre que se apliquen los correctivos hidrogeológicos necesarios, siendo importante destacar que los taludes que fueron correctamente estabilizados no han vuelto a fallar.
Y es que el estudio, diseño, corte, drenaje y estabilización de un talud, es un tema muy especializado que siempre debe estar a cargo de expertos en geociencias, pues un mal diseño de un talud puede comprometer la vida de mucha gente que transita por carreteras, y por eso se caen tantos taludes, ya que no se trata de cortar una colina como se pueda cortar, ni rellenar un terraplén con el material que esté más próximo, o con el que sea más fácil de compactar, sino garantizar que el talud responda bien en el peor escenario hidrometeorológico posible, y ese escenario pocas veces se considera.
El País
Momento en que son rescatados dos trabajadores atrapados en derrumbe en Santiago
Yinett Fernández
Hay diez factores fundamentales que, individualmente o en conjunto, provocan fallas y deslizamientos de taludes de tierra en muchas infraestructuras viales, los que son: (1) materiales arcillosos mal compactados y poco drenantes; (2) presencia de suelos orgánicos compresibles; (3) lluvias intensas durante muchas horas; (4) canaletas rotas o ruptura de tuberías de agua en servicio; (5) saturación e incremento en las presiones de poros; (6) ausencia de drenajes internos para rápida salida del agua intersticial; (7) alto ángulo de inclinación del talud; (8) excesiva sobrecarga del talud en servicio; (9) ausencia de protección del pie del talud; y (10) ausencia de protección en la cara del talud.
En cada caso de un derrumbe de talud, hay una combinación entre mucha agua, mal drenaje y otros factores, pero ello no quiere decir que en cada caso de derrumbe de talud se conjugan estos 10 factores, ni que en cada caso haya presencia de tuberías de agua, como sí ocurría en Sánchez, en Barahona, y en el colapso del hotel Francés en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.
Escribir y publicar un artículo sobre el talud que falló en Baní durante las lluvias de la tormenta Melissa, y decir que “no se utilizó hormigón armado en el revestimiento del talud debido a su alto costo, y que ello llevó a la alternativa de emplear el pasto vetiver para estabilizar el talud”, no es buena ayuda técnica en materia de ingeniería, porque las gramíneas son parte de la jardinería final del talud, pero nunca parte de la estructura del talud, y en el año 2013 fuimos de los primeros en utilizar vetiver en los taludes de El Número, y en 2024 en los taludes de Boca del Arroyo-río Nizao, pero como jardinería que evita erosión por lluvias, nunca en sustitución del hormigón.
De igual modo, al decir, en el mismo artículo publicado, que “La afirmación de que hubo errores en el diseño y de que el relleno estaba compuesto por materiales arcillosos mal compactados, sin ningún análisis ni estudios profundos, es absurda y especulativa, dado que el relleno utilizado en esta circunvalación no es de arcilla”, de nuevo deja claro que esa buena intención de ayuda perjudica al ayudado, porque todo experto en geociencias, que en más de 15 casos distintos haya sido llamado para estudiar el derrumbe mediante geofísica e hidrogeología, y diseñar complejas estabilizaciones de grandes derrumbes de taludes, desde que observa una foto de un talud fallado sabe inmediatamente por donde deben comenzar los estudios y las soluciones, y Loma 10 de Miranda, el cruce del Limón de Ocoa, El Número de Baní y Boca del Arroyo-río Nizao son ejemplos a visitar para observar qué se hizo, y por qué no volvieron a fallar con tormentas, incluyendo la reciente tormenta Melissa.
Pero donde el buen intento de ayuda termina de colapsar, como colapsó el talud del terraplén de Galeón, es cuando en el mismo artículo se escribe que, en opinión de un experto, “la causa de los fallos en el último tramo de la Circunvalación de Baní se produjo por una híper saturación de agua durante este periodo lluvioso, lo que indujo un proceso de consolidación del relleno en la base del talud.
Este proceso provocó una migración de las fracciones más finas del relleno, rompiendo la cohesión del talud y produciendo ciertos niveles de desestabilización, reflejados en los agrietamientos observados en el área del pavimento”. Y es ahí donde un buen abogado interviene y dice: Magistrado, que esa expresión sea asentada formalmente por la secretaría de este tribunal, pues, luego de asentada, de nuestra parte no hay más preguntas, ya que, a confesión de parte, relevo de pruebas. Quedando claro que quien escribió el artículo no entendió que esa descripción le indica claramente que el material utilizado no era el más adecuado frente a lluvias intensas, y eso significa falla en el diseño del terraplén, lo cual no es pecado, sino olvido de que RD es zona de tormentas y huracanes.
Si el terraplén hubiese sido construido con gravas limpias (GW) arenosas, con menos de 5 % de finos, el agua de lluvia de la tormenta hubiese salido con la misma rapidez con la que entró durante la tormenta Melissa y el terraplén, construido con materiales clasificados como SM/SC (arena limosa y arena arcillosa), nunca se hubiese saturado hasta el fallo, y si el terraplén hubiese tenido drenes franceses de gravas gruesas y limpias (GW), como lo hicimos en loma de Miranda, autopista Duarte, en 1996, el agua de la tormenta hubiese salido a través de los subdrenes con la misma rapidez con la que entró durante los largos días del lento paso de la tormenta Melissa.
Lamentablemente, los materiales buenos para compactación terminan siendo malos para drenajes internos durante lluvias de tormentas, y los materiales buenos para drenajes internos durante lluvias de tormentas terminan siendo malos para compactación, y en muchos casos la supervisión no toma en cuenta que con el cambio climático las lluvias de tormentas serán cada vez más intensas.
Decir que hubo una falla de diseño no debe lastimar a nadie, pues los errores involuntarios ocurren, sobre todo, cuando en las ecuaciones iniciales los consultores no incluyen lluvias torrenciales que sabemos que en algún momento llegarán y afectarán, y en RD esos errores nos han costado mucho dolor y sufrimiento colectivo en años recientes (27 Febrero/Máximo Gómez); y en meses recientes tuvimos una gran tragedia por desoír buenas y sanas advertencias, y, todavía así, con los recientes dolores colectivos sufridos, algunos se niegan a escuchar un diagnóstico correcto para aplicar un tratamiento correcto. Negar una enfermedad, nunca será la mejor opción para la cura que, en materia de ingeniería, requiere la sociedad. En RD las tormentas son normales, pero los drenajes interiores de taludes y terraplenes también deben ser normales, como también debe ser normal buscar una segunda opinión cuando quien diseña el talud no está familiarizado con Geociencias.