Presentación de un aporte original en psicología clínica
El doctor Aristy explica, en este artículo de opinión, que durante 56 años ha publicado sus trabajos clínicos, reflexivos y sociales en importantes periódicos dominicanos

Doctor Miguel Aristy Rodríguez
Por: Miguel Aristy Rodríguez
Presento mi trayectoria al concurso de reconocimiento al aporte original en psicología clínica en la República Dominicana, no como una simple acumulación de años de ejercicio profesional, sino como una obra sostenida de transformación de la conciencia, de la práctica clínica y de la vida social dominicana.
Vine a la República Dominicana desde Barcelona con un propósito claro: contribuir a transformar la Universidad Autónoma de Santo Domingo, una institución donde durante largo tiempo el partidismo ha tenido más peso que la investigación científica. Mi llegada al país no fue un regreso pasivo ni una adaptación cómoda al ambiente existente. Fue una decisión ética, intelectual y social: trabajar por una universidad más científica, más crítica y más liberadora.
Desde esa visión inicié el movimiento Nueva Consciencia Universitaria, concebido para activar de nuevo la conciencia liberadora frente al estancamiento de la función cerebral. Esta propuesta no se limitaba a una reforma académica superficial. Buscaba despertar en la universidad y en la sociedad una forma distinta de pensar, investigar, enseñar y vivir.
Mi trabajo clínico ha tenido siempre una orientación central: propiciar una psicología clínica siempre nueva, capaz de no quedar atrapada en dogmas, escuelas repetidas ni fórmulas muertas. Desde 1970 hasta hoy he sostenido una práctica clínica orientada a la libertad del ser humano, a la renovación de la conciencia y a la superación de los condicionamientos personales, familiares, sociales e históricos que bloquean la vida mental.
Ese aporte está plasmado en mi libro La libertad del ser, donde desarrollo una concepción clínica que no reduce al ser humano a síntomas, diagnósticos o adaptaciones sociales. Mi visión entiende que la clínica debe tocar el núcleo profundo de la existencia: la libertad, la conciencia, la función cerebral, el sufrimiento, la repetición, la historia personal y la posibilidad de una transformación real.
También publiqué el Informe de Felipe Richardson como fundamento y prueba de la necesidad de una transformación científica de la UASD. Ese informe no fue solo un documento académico, fue una denuncia y una propuesta. Mostró la urgencia de sacar a la universidad del atraso, del partidismo y del estancamiento, para colocarla al servicio de la investigación, la conciencia crítica y la liberación social.
Durante 56 años he permanecido publicando mis trabajos clínicos, reflexivos y sociales en importantes periódicos dominicanos, entre ellos El Nacional, El Sol, Listín Diario, El Siglo y el periódico Hoy. En este último mantuve una columna fija hasta la muerte de su director, Cuchito Alvarez. Esa presencia constante en la prensa nacional demuestra que mi ejercicio clínico no se limitó al consultorio. Mi trabajo ha sido también una intervención pública en la conciencia dominicana.
Mi aporte original consiste en haber unido tres dimensiones que con frecuencia permanecen separadas: la clínica, la conciencia y la liberación social.
La psicología clínica, para mí, no puede limitarse a ajustar al individuo a una sociedad enferma. Tampoco puede convertirse en una técnica de acomodación al miedo, al conformismo o a la repetición. La verdadera clínica debe ayudar al ser humano a ver, a despertar, a liberarse de los mecanismos internos y externos que lo mantienen prisionero.
He trabajado durante décadas desde una convicción esencial: ningún cambio humano profundo ocurre si no cambia la forma de ver. Y la forma de ver no cambia por consignas, fanatismo ni obediencia, sino por conciencia. Darse cuenta produce transformaciones decisivas. Cuando una persona se da cuenta, cambia la estructura misma desde donde mira su vida, su sufrimiento, su historia y su destino.
Por eso mi ejercicio clínico ha sido también una forma de liberación social. El individuo dominicano no sufre solamente por causas privadas. Sufre también por el peso de una historia social, familiar, cultural y universitaria que muchas veces bloquea su pensamiento creador. Mi trabajo ha buscado abrir una vía para que la persona no sea esclava de su pasado, de su miedo, de su medio ni de las formas estancadas de la cultura.
Durante más de medio siglo he defendido una psicología viva, crítica, científica y liberadora. Una psicología que no repite mecánicamente teorías importadas, sino que piensa desde la realidad dominicana y desde la experiencia clínica concreta. Una psicología que reconoce el sufrimiento, pero también la posibilidad de una conciencia nueva.
Mi contribución no ha sido solamente profesional. Ha sido ética. Ha sido universitaria. Ha sido social. Ha sido humana.
He trabajado para que la psicología clínica dominicana no sea una copia, sino una creación. Para que la universidad no sea un campo de partidismo, sino una fuente de investigación y libertad. Para que el ser humano no quede reducido a su historia, sino que pueda abrirse a una vida más consciente.
Ese ha sido el eje de mi obra: la libertad del ser como fundamento de una nueva psicología clínica y de una nueva conciencia social dominicana.
Por favor de depositar el documento en el lugar correspondiente.