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Reformas impulsan crecimiento en últimos 50 años de Economía

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POR FAUSTO ADAMES
Según la CEPAL, “en el caso dominicano las reformas económicas se han hecho por medio del uso juicioso de limitados márgenes de maniobra, echando a un lado las presiones de las ortodoxias o rectitudes, cuidando la adaptación de las estrategias a las especificidades nacionales y singularmente armonizando las demandas de la economía con las de la política”.

Si bien es cierto que en sus últimos 50 años la República Dominicana ha sido sacudida por intensos ajustes institucionales, desestabilizada por largos períodos de caídas de la producción y matizada por estancamientos económicos y profundas convulsiones políticas, no es menos cierto que pese a todas estas adversidades los estadistas nacionales se las han “buscado” en aplicar “Reformas Adaptativas” que les han ayudado a sortear las crisis coyunturales, e ir ajustando el ambiente económico e institucional en función de las circunstancias políticas.

Los expertos dicen que el extinto ex presidente, doctor Joaquín Balaguer fue un auténtico implantador y ejecutor de estas maniobras y peripecias económicas en las últimas tres décadas del siglo pasado. Pero ahora, desaparecido el gran estadista, entonces, habría que calcular hasta dónde la economía dominicana podría seguir aguantando remiendos circunstanciales, fruto de modelos y ajustes económicos temporales, y hasta cuándo podría resistir enfrentando problemas tan serios y complejos como el déficit cuasi fiscal del Banco Central. En el futuro inmediato la resolución de este y otros problemas menos preocupantes solo dependerá de las habilidades y buen juicio de las autoridades presentes y futuras.

Y mientras tanto que la economía emerge de su naufragio, destacados economistas del país han logrado descifrar que los momentos históricos en que se han aplicado reformas institucionales coinciden con los períodos de mayor crecimiento económico. De acuerdo con un estudio consultado esto se debe a la implementación de cambios importantes en el marco institucional, y esta observación ha sido posible identificando las maniobras de un modelo económico donde el comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) y los factores productivos dependen en gran medida del grado de apertura de la economía y de una variable que relaciona la magnitud y profundidad de los cambios institucionales, y que muestra que tanto la apertura económica como los ajustes institucionales implementados en el país durante el período 1950-2000 han impactado positivamente el ritmo de crecimiento económico.

El informe “Crecimiento Económico, Acumulación de Factores y Productividad en la República Dominicana (1950-2000), elaborado por los economistas Magdalena Lizardo y Rolando M. Guzmán para el Proyecto Crecimiento en América Central, auspiciado por del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), revela que durante el proceso de crecimiento económico de la República Dominicana en el período bajo estudio el país mantuvo un ritmo de crecimiento relativamente estable en el contexto de países latinoamericanos. La descomposición de las fuentes de crecimiento del PIB muestra que el crecimiento ha dependido predominantemente de la acumulación de capital físico y que el incremento de la productividad tuvo una tendencia positiva, aunque muy baja.

Crecimiento y Ajustes Institucionales: ¿Una Reforma Adaptativa?

Un aspecto claramente destacable de este informe es que la experiencia dominicana ha indicado que los períodos de mayor crecimiento del PIB (y, similarmente, de la productividad del país) coinciden frecuentemente con períodos de reformas en el entorno institucional.

Así, el crecimiento de los años cincuenta fue producto de la amplia reforma que condujo a la creación del Banco Central y la promulgación de la Ley de Franquicias Industriales y Agrícolas. Asimismo, el subperíodo 1962-64 fue una etapa de intensos ajustes institucionales tras la caída de Trujillo, incluyendo el inicio de redefinición del rol del Estado como promotor de la actividad productiva privada, mediante la creación de diversas entidades de fomento industrial.

De igual forma, el período 1967-73, a su vez, fue uno de los momentos más intensos en términos de reformas, teniendo como punto culminante la promulgación de la Ley de Incentivo Industrial.

También, sobre los efectos de las reformas recientes se afirma que el crecimiento de los noventa es generalmente atribuido a las reformas que se aplicaron al inicio de esa década, entre los cuales se destaca la promulgación de nuevas leyes en materia arancelaria y tributaria.

Por tanto, según los economistas, es natural atribuir a las reformas institucionales un impacto positivo sobre la actividad económica, y esa ha sido, en efecto, la dirección seguida en el contexto latinoamericano.

“Sin embargo, el caso dominicano no encaja con facilidad en el paradigma o modelo más convencional, dado que muchas de las “Reformas” capitales en algunos períodos apuntan en dirección contraria a las comúnmente aceptadas como reformas pro-crecimiento. Por ejemplo, las medidas del 1967-73 tuvieron un marcado acento en la industrialización, mediante el Modelo de Sustitución de Importaciones (ISI), a través de la implementación de tasas de protección elevadas y créditos subsidiados para determinados sectores”.

De hecho, la reforma de los noventa es la única que se enmarca medianamente en el modelo que emerge tras el Consenso de Washington, al liberalizar tasas de interés, reducir aranceles y crear instituciones tendentes a un papel regulador del Estado y la reducción de su rol tradicional como productor. A pesar de ese carácter tan variado, las diversas versiones de “Reformas” aplicadas en este período parecen haber contribuido al proceso de crecimiento.

Entonces, ¿Cómo puede esta aparente paradoja ser racionalizada? Una hipótesis plausible es que, a pesar de su naturaleza variada, los ajustes institucionales y regulatorios implementados representaron una opción válida y conveniente ante las circunstancias de cada momento. Esta hipótesis ha sido considerada en diversos países donde se presenta una articulada reflexión sobre las implicaciones de la estrategia de Industrialización Mediante el Modelo de Sustitución de Importaciones aplicada en diversos países.

La opinión de la CEPAL

En relación al caso dominicano, el punto de vista expresado por el informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL 2000) sostiene que “el proceso de redefinición de las funciones y responsabilidades socioeconómicas del Estado ha seguido también sendas propias. La democracia, el crecimiento y la equidad dominicanos han seguido caminos menos divorciados de los que caracterizan a la experiencia dominante en la región. Y lo ha hecho por medio del uso juicioso de limitados márgenes de maniobra, echando a un lado las presiones de las ortodoxias o rectitudes, cuidando la adaptación de las estrategias a las especificidades nacionales y singularmente armonizando las demandas de la economía con las de la política”.

La CEPAL se refiere a esto como una “Reforma Adaptativa”. En esta visión, el Estado dominicano ha hecho en cada momento lo posible dentro de márgenes de maniobras circunstanciales que a veces le han obligado a la adopción de medidas aparentemente opuestas que, sin embargo, han resultado provechosas en el mediano y largo plazo. Si esta hipótesis fuese correcta, entonces debería existir una asociación entre el número de ajustes realizados en un período dado y el desempeño económico posterior.

En efecto, durante la segunda mitad del siglo XX, la economía dominicana exhibió un ritmo de expansión relativamente estable, logrando una tasa de crecimiento promedio de 5.2% entre 1950 y 2000.

Si bien ese proceso de expansión estuvo matizado por algunos momentos de caída y períodos de estancamiento, tales interludios fueron frecuentemente superados de manera expedita, sin alcanzar la persistencia mostrada en otros países de la región. Luego, en el contexto latinoamericano, el crecimiento dominicano podría considerarse como una experiencia relativamente exitosa.

Asimismo, a lo largo de las últimas cinco décadas la República Dominicana experimentó cambios considerables en las esferas políticas, sociales, demográficas y económicas. En el ámbito político, se destaca el tránsito -talvez lento pero ciertamente progresivo- desde una dictadura hacia la consolidación de un sistema democrático basado en la alternabilidad del poder. Simultáneamente, los flujos migratorios internos han transformado la distribución regional de la población y fuerza de trabajo, mientras los flujos migratorios externos han moldeado nuevas formas de vinculación económica y cultural con otros países.

En los últimos años también se han presentado cambios trascendentes en el patrón de inserción del país al comercio internacional En ese contexto, es de particular interés identificar las fuentes que han catalizado el proceso de crecimiento en el pasado, lo que constituye un punto de partida para conocer el potencial de crecimiento en el futuro.

De cuerdo con los economistas, las estimaciones justifican la conclusión de que el crecimiento dominicano en los últimos cincuenta años ha dependido predominantemente de la acumulación de capital físico y, si bien existen subperíodos en los cuales la productividad ha decrecido, en general se ha tenido una contribución positiva de la misma en una perspectiva a largo plazo. Esta conclusión contrasta con los resultados obtenidos para otros países latinoamericanos.

Las leyes y resoluciones

En cuanto a la cuantificación del número de leyes y resoluciones económicas, sociales e institucionales de alcance nacional, adoptadas por el Congreso a lo largo de cada año, los resultados muestran que los valores de estas leyes han influido de forma significativa en el comportamiento de la economía y, en particular, en la trayectoria del PIB.

Según el informe estudiado los resultados evidentes muestran que esa variable influye de forma significativa en el comportamiento futuro de la economía y, en particular, en la trayectoria del PIB. Más concretamente, en la experiencia del último medio siglo, una medida solitaria ha estado asociada con una diferencia positiva de alrededor de 0.035% en la tasa anual de crecimiento del producto. Esto significa que en ausencia de los “Ajustes Adaptativos” implementados a lo largo del lapso analizado el producto hubiese crecido alrededor de 1.7% menos que como lo ha venido haciendo.

Sin embargo, dado que los cambios institucionales observados en el período bajo estudio tienen orientaciones diversas y que algunos de ellos apuntan en dirección contraria a la generalmente recomendada por el pensamiento correcto, es natural preguntarse el mecanismo a través del cual han operado sus efectos positivos. En correspondencia con el informe de la CEPAL (2000), la interpretación de los economistas es que las autoridades dominicanas han implementado persistentemente una suerte de “Reforma Adaptativa”, mediante la cual han ido ajustando el ambiente económico e institucional en función de las circunstancias.

Conclusiones

Por consiguiente, el proceso de crecimiento económico de la República Dominicana durante el período 1950-2000, evidencia que el país mantuvo un ritmo de progreso relativamente estable en el contexto de países latinoamericanos, por lo cual el estudio de su caso podría arrojar lecciones enriquecedoras en el contexto regional.

Sin embargo, los economistas recomiendan que estas reflexiones deben ser bien estudiadas y entendidas para evitar interpretaciones espurias y falaciosas. Es decir que el informe estudiado en ningún momento afirma que ajustes institucionales cualesquiera impacten positivamente en la evolución de la productividad y el PIB que, a lo largo del período analizado, los ajustes institucionales implementados en el país impactaron favorablemente en el proceso de crecimiento económico. Una posible interpretación sería decir que una gran parte de tales ajustes fueron adecuados para el momento histórico en el cual fueron adoptados. En el lenguaje del informe de la CEPAL (2000), las autoridades dominicanas han implementado persistentemente una suerte de “Reforma Adaptativa”, mediante la cual han ido ajustando el ambiente económico e institucional en función de las circunstancias. Si tal proposición continuará siendo válida en el futuro dependerá de las habilidades y buen juicio de las autoridades presentes y futuras.

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