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Joaquín Balaguer

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La basílica de Higüey, construida en homenaje a la advocación mariana de la Virgen de La Altagracia, fue inaugurada el 21 de enero de 1971, hace 55 años, en un solemne acto al que asistieron cardenales, arzobispos y obispo del continente, así como las máximas autoridades nacionales. El templo religioso fue entregado a la Iglesia católica por el Estado, representado por el presidente de la república Joaquín Balaguer.

Los miembros del cuerpo diplomático y consular acreditados en el país estuvieron presentes en la ceremonia fijada para las 10 de la mañana. El acontecimiento religioso coincidió con la celebración del Dia de Nuestra Señora de La Altagracia, protectora del pueblo dominicano. El Papa Paulo VI estuvo representado por el cardenal José Humberto Quintero, arzobispo de Caracas.

El templo católico fue consagrado como “Basílica menor” por la sagrada congregación para el culto divino, según el programa preparado al efecto. Los actos de inauguración se iniciaron con una sesión solemne del Congreso Nacional, donde el presidente del Senado, Adriano Uribe Silva, entregó al presidente de la república una resolución de las cámaras en la cual se declaró la basílica como “monumento nacional”.

Fue Balaguer quien pronunció el discurso principal del acto de consagración, tras de lo cual entregó la llave del templo a monseñor Juan F. Pepén, obispo de la Diócesis de La Altagracia, que en su intervención dijo que si la Iglesia católica fuera conformista, complaciente y resignada, la grandiosa basílica de Higüey “no pasaría de ser un antisigno”. Pero lejos de eso, expresó el prelado, la inauguración del templo es “un punto de partida, un nuevo ciclo histórico de la iglesia en la República Dominicana”.

Con excepción de la catedral de Santo Domingo, cuyo valor es fundamentalmente histórico, la basílica inaugurada es el centro católico más grande y costoso del país. Se calcula que el Gobierno y el pueblo dominicano invirtieron la suma de cinco millones de pesos en la obra, concebida originalmente en el año 1943 por monseñor Eliseo Pérez Sánchez. En principio el costo de la obra se estimó en 600 mil pesos.

Tras un concurso internacional en el que participaron numerosos países, se escogió el proyecto de los arquitectos franceses Dunoyayer de Segonzac, Domino y Pierre Dupre, que estuvieron presentes en la inauguración. Segonzac fue distinguido con la orden Duarte, Sánchez y Mella.

La grandiosa basílica, en su interior, está constituida por una nave principal y un crucero cubierto por un conjunto de bóvedas que se penetran para reforzarse y escalonarse majestuosamente, hasta terminar en un arco inmenso, que sostiene una escultura calada de la efigie de a Virgen de La Altagracia. Las capillas de las naves laterales y del presbiterio están consagradas a la glorificación de las diferentes advocaciones de la virgen, cuyo cuadro descansa en un simbólico naranjo, confeccionado en oro y plata. Las pinturas que se destacan en los murales son de la autoría de Vela Zanetti.

La basílica está emplazada en el centro de la ciudad, cerca del legendario santuario de La Altagracia, ubicado frente al parque central, de manera que ambos templos quedan enlazados por una gran avenida, donde hace poco el Gobierno, a través del Ministerio de Turismo, abrió la llamada vía sacra.

En previsión del crecido número de visitantes, para la ocasión las autoridades prohibieron la circulación de vehículos dentro de la ciudad, con excepción de los del presidente y vicepresidente de la república, con sus respectivas comitivas; los de la prensa y los de los dignatarios eclesiásticos. Se prohibió, además, la venta de bebidas alcohólicas. La carretera hacia Higüey, como las propias de la ciudad, fueron acondicionadas por el Gobierno a fin de facilitar el tránsito.

Los actos religiosos concluyeron con una misa encabezada por el Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, monseñor Octavio A. Beras, asistido por obispos de diferentes diócesis.

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Chichi De Jesus Reyes

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