A PLENO PULMÓN Mariposas de San Juan

A PLENO PULMÓN
Mariposas de San Juan
Los niños dominicanos de los años cincuenta 50 cazaban mariposas tan pronto comenzaban las vacaciones escolares. La fiesta de San Juan Bautista se celebra el día de su nacimiento: 24 de junio. Esta fecha marca el comienzo del solsticio de verano. Durante los primeros días de julio las calles de Santo Domingo se llenaban de pequeñas mariposas de color amarillo desvaído. Les llamaban maripositas de San Juan. Las diferentes temporadas estacionales de los juegos infantiles estaban entonces definidas con precisión. Había tiempo de trompos, tiempo de chichiguas, tiempo de bolas y, por supuesto, tiempo de mariposas.
Trompos, chichiguas, bolas, eran actividades sometidas a reglas y procedimientos rigurosos que ningún niño infringía. Al llegar las maripositas de San Juan los muchachos improvisaban mangas para atraparlas. Una percha de alambre, de las que usan las lavanderías, servía para preparar un aro cuyo extremo se doblaba en ele y claveteaba con grapas en un palo de escoba. Con trozos de tela de mosquitero se hacia una bolsa que iba cosída en el borde del aro. Las mariposas cazadas se colocaban, cuidadosamente, con las alas abiertas, dentro de un libro. Al cabo de varios días podía organizarse una colección.
Se coleccionaban mariposas de todas clases, colores, tamaños. Las amarillas de San Juan se utilizaban para rodear las más grandes y vistosas de una orla uniformada de su propio género. Distribuidas sobre una cartulina, podían después ser enmarcadas bajo un cristal; y terminar adornando el dormitorio del entomólogo aficionado. A Mauricio Babilonia, el trágico personaje de García Márquez, le seguían mariposas amarillas donde quiera que fuera. Según el novelista colombiano, era un tipo muy atractivo que olía a aceite de motor. Por eso pudo seducir a la desdichada Meme.
No puedo saber con exactitud si las mariposas de Mauricio Babilonia eran de San Juan o de otra variedad propia de América del Sur. Es efímera la vida de una mariposa; pero los recuerdos de un niño suelen perdurar. El escritor Vladimir Nabokov, autor de la célebre novela Lolita, fue entomólogo de profesión. Su esposa lo llevaba al campo a cazar mariposas, pues nunca aprendió a conducir automóviles. Nabokov escribía con el cuidado de quien ha trabajado siempre con alas de mariposas.