Historia
¡Ah, los seibanos!
La historia se escribe de muchas maneras, hasta con las mentiras y acotejos de las autobiografías de ilustres o las de figureros descendientes que buscan proceridad en antepasados.

El Seibo
La historia se escribe de muchas maneras, hasta con las mentiras y acotejos de las autobiografías de ilustres o las de figureros descendientes que buscan proceridad en antepasados.
Mi padre era aficionado al estudio de la Historia y había vivido sus años averiguando, que no investigando.
Fruto de sus averiguaciones me enseñó, por ejemplo, que en El Seibo se proclamó la independencia, la separación de Haití, el 25 de febrero de 1844; aún está de pie la casa donde se produjo el hecho.
No fue una casualidad, la conspiración había llegado a El Seibo, cuna de la madre de Juan Pablo Duarte, llevada por el mismo Patricio. Ello es lo que explica que Pedro Santana levantara la peonada de su finca y la de vecinos, quienes se dirigieron a Santo Domingo el día siguiente.
El camino del este pasaba por Monte Plata donde Pedro Gautreau proclamó la independencia en presencia de Pedro Santana el mismo 26. Llegaron temprano la mañana del 28 y se integraron a las labores propias de un día tan grandioso.
En medio de la euforia y mientras se organizaba el gobierno de la Junta Central Gubernativa los peones descalzos armados con picas, machetes y fervor patriótico se mantuvieron alertas, atentos y dispuestos.
Mi padre decía que causó gran revuelo la noticia de que los haitianos venían con un gran y organizado ejército a intentar desconocer la Historia y volver a gobernar la parte este de la isla.
Temor, desasosiego y voces agoreras recorrían las calles de Santo Domingo, sólo unos cuántos decididos valientes se preparaban para la guerra que venía. Las calles vacías, las puertas de las casas cerradas, sólo se avizoraban los ojos de las damas asomadas a las ventanas curioseando el escaso movimiento.
Alrededor del palacio de Borgella estaba el único foco de bulla, de movimiento, del fondo de la escasa multitud se escuchó una voz que dijo: “Si me dejan dir yo voy”.
¡Aquí hay uno que va! Gritó fuertemente una voz ronca.
Y la pequeña multitud cargó en andas a Pedro Santana y lo convirtió en su comandante.
No fue el temor, no fue el miedo el que impulsó a los habitantes del este que salieron de la comarca hacia la gloria del 19 de marzo. Descalzos, pobremente vestidos, con el pecho al aire, enfrentaron al ejército haitiano organizado por oficiales franceses cuya estrella militar estaba en el sitial más alto.
Los seibanos, los del este, fueron los grandes héroes del 19 de marzo. Por encima del temor, a fuerza de valor y coraje, la república se cimentó en la decisión de patria o muerte.
Y aquí estamos, ¡hasta siempre!
¡Viva la República Dominicana!