Alineamiento de RD con EE.UU.
"No es ideológico, es de sobrevivencia"
En la cumbre de Miami, el presidente Abinader recibió un trato singularmente cálido de parte del presidente Trump.

Trump saluda a Luis
En cierta ocasión, cuestionaron a Pierre Schori —destacado internacionalista sueco defensor mundial de los derechos y libertades democráticas— por qué, siendo quien era, mantenía su apoyo irrestricto a la revolución cubana, esa especie de colonia soviética del Caribe.
Su respuesta fue tan lúcida como contundente: a Cuba no se la podía juzgar con rasero ideológico, porque su relación con Moscú era, ante todo, una cuestión de sobrevivencia.
Schori, líder de la socialdemocracia internacional, fue conocido en nuestro país por sus lazos con José Francisco Peña Gómez y por su defensa activa de la democracia dominicana en tiempos en que vivirla era un privilegio negado.
El presidente Luis Abinader, junto a otros once mandatarios latinoamericanos, participó el sábado en la cumbre Escudo de las Américas, convocada por Estados Unidos con el propósito central de combatir el narcotráfico criminal que azota a nuestras naciones.
Hay quienes señalan ese alineamiento con ironía, como si ignoraran —o prefirieran ignorar— lo que el editorial de Diario Libre resume con lucidez: “puede llamarse coincidencia estratégica, valores compartidos o simple conveniencia geopolítica; lo cierto es que la política exterior dominicana orbita, casi inevitablemente, alrededor de Washington.
“No es un fenómeno reciente ni difícil de explicar. La vecindad geográfica, la interdependencia económica, el peso del comercio, las remesas y el turismo han tejido entre ambos países un vínculo que ningún gobierno puede darse el lujo de ignorar.
“Durante décadas, la República Dominicana ha acompañado las posiciones de Washington en foros multilaterales y debates regionales —unas veces por afinidad genuina, otras por cálculo político—.
Como apunta el matutino en su opinión oficial, ese alineamiento obedece a una lógica pragmática ineludible: las naciones pequeñas rara vez pueden permitirse el lujo de una política exterior puramente doctrinaria.
No hace falta extenderse mucho más: somos aliados de Estados Unidos porque es nuestro principal socio comercial, con todo lo que eso implica; porque somos socios en la lucha contra el narcotráfico; y porque ese país alberga a cerca de dos millones de dominicanos, muchos de los cuales son ya ciudadanos americanos.
En la cumbre de Miami, el presidente Abinader recibió un trato singularmente cálido de parte del presidente Trump, quien le prodigó muestras explícitas de respeto y consideración.
Allí también sostuvo encuentros con las más altas autoridades norteamericanas en materia de comercio y energía, y pudo plantearle al mandatario americano el clamor dominicano por una solución definitiva a la crisis haitiana, tres temas fundamentales de la agenda nacional.
En este mundo disruptivo —tan “revuelto y brutal”— el presidente Abinader, quien ha hecho más que ningún otro político por la reputación internacional del país, ha sido, una vez más, simplemente coherente: ha antepuesto el interés nacional por encima de cualquier otra consideración.
Como Schori con Cuba, no es ideología. Es sobrevivencia.