Congreso
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Retrato
Por Rafael -Pepe- Abreu
La verdad es que, independientemente de todo el esfuerzo que hemos realizado en el Congreso Nacional respecto de la Reforma Laboral, hoy, catorce meses después de haberse depositado en ese órgano el anteproyecto presentado por el Poder Ejecutivo, al iniciar el año 2026 —en su segundo día, viernes 2 de enero—, no podemos decir a ciencia cierta cuál es el destino de esta legislación.
Preocupa pensar que, aun después de que la comisión encargada del estudio de la reforma en la Cámara de Diputados aprobara, por mayoría absoluta, que la cesantía no sería tocada en ninguna de sus modalidades, los empresarios dominicanos continuaron su ofensiva frente a este hemiciclo. A pocos días de cerrar la presente legislatura, no se vislumbra cuál será el destino de esta reforma. Y aquí sería oportuno acotar: ¿quién es el responsable de este comportamiento congresual?
Abro un paréntesis para señalar lo siguiente: a muchos intelectuales de derecha, de izquierda, de partidos del sistema y a aquellos denominados progresistas se les escucha cuestionar al movimiento sindical dominicano, llegando algunos al extremo de decir — como es el caso de ciertos comunicadores que se creen impolutos— que, “supuestamente”, el movimiento sindical dominicano no existe y que es débil, al punto de que sus principales cabecillas están jubilados. La pregunta que hacemos a estos genios creativos, desde sus diversas trincheras, es la siguiente: ¿creen ustedes, con base en esas afirmaciones categóricas que expresan constantemente, que esa supuesta debilidad sindical es una verdad absoluta? Si así fuera, ¿por qué no han logrado los empresarios imponer el tema referido a la reducción de la cesantía al nivel que se han propuesto? ¿Y si ustedes ya han calculado los montos astronómicos que esto reportaría como ganancia para las empresas? Sé que no han hecho ese cálculo, porque es costumbre de algunos de ustedes creerse superdotados y no prestar la debida atención a quienes viven descalificando.
Y ahora fijémonos en esto: hay que entender que, en los últimos años, en este país hemos tenido cuatro gobiernos: Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Danilo Medina y, actualmente, el presidente Luis Abinader Corona. Estos presidentes se han caracterizado por lo siguiente: siendo honestos y sin presumir, como muchos “más papistas que el Papa”, hay que decir que ninguno ha confrontado al movimiento sindical. En muchos casos, como individualidades, les hemos apoyado en sus procesos electorales.
Cierto es que tampoco ninguno nos ha tendido una alfombra de laureles para que caminemos sobre ella. En estos gobiernos siempre ha pesado más el poder económico que representan los empresarios.
Ahora bien, la sociedad igualitaria es un cuento para ilusos. A menos que no queramos hacernos los tontos, todos sabemos que lo justo es luchar por disminuir las distancias entre los seres humanos, pero comprendiendo que, en el reino de los vivos, no existe un ejemplo que pueda tomarse como muestra que haga honor al igualitarismo. Todavía en los cementerios, los vivos, al decidir dónde se entierran a los muertos, determinan moradas finales diferentes.
Se dirá que estas disquisiciones filosóficas nada tienen que ver con la reforma laboral, pero, para concluir, debemos decir lo siguiente: es indesmentible que el actual presidente de la república, Luis Abinader, en ciertos aspectos se ha mostrado como un aliado del movimiento sindical. Como muestra, veamos lo siguiente:
1) Las revisiones salariales continuas de las tarifas del sector privado.
2) El otorgamiento de pensiones especiales (criticadas por muchos y muchas, por injustos, moralistas e hipócritas que son).
3) La reforma al Código Laboral, que algunos congresistas de su partido (PRM), por lo dicho al inicio de este artículo, están demostrando que obedecen más a intereses propios que al mandato de su presidente. Hay que decirlo responsablemente: si no fuera así, a estas alturas no deberíamos estar hablando del Código Laboral, porque el mandato fue claro. Y la pregunta, de nuevo, es: ¿qué hacen congresistas del partido de gobierno en ese Congreso inventando con esa reforma? ¿Podrían explicar a quienes están obedeciendo? Porque a quien suscribe, con ya 74 años a cuestas, no se le puede decir que se trata de un ejercicio de independencia del Poder Legislativo frente al Ejecutivo, porque todos en este país sabemos que eso es una ficción.