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Reflexión

Cuando el aula se queda vacía

Ser maestro no es únicamente impartir contenidos dentro de un horario establecido. Es imagen, es ante todo, asumir una responsabilidad moral con cada estudiante que entra al aula

La plataforma permite  practicar el idioma dentro y fuera del aula hoy/ José de León.

La plataforma permite practicar el idioma dentro y fuera del aula hoy/ José de León.

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Por Francisco Ml. Ortega L.

Especial para Hoy-Digital

La educación es el cimiento de toda sociedad que aspire a desarrollarse con dignidad. No hay progreso sostenible sin formación, ni futuro sólido sin maestros comprometidos con su misión. Sin embargo, en los últimos tiempos, el rumbo del magisterio en la República Dominicana merece una reflexión seria, profunda y sin evasivas.

Ser maestro no es únicamente impartir contenidos dentro de un horario establecido. Es imagen, es ante todo, asumir una responsabilidad moral con cada estudiante que entra al aula. Es comprender que en cada clase se construye una oportunidad, se despierta una conciencia o, en el peor de los casos, se pierde un momento que no vuelve.

Hoy preocupa una práctica que, aunque pueda parecer aislada, comienza a repetirse con frecuencia: la interrupción constante del calendario escolar por actividades que, en muchos casos, no priorizan el proceso educativo. Congresos realizados en días laborables, convocatorias gremiales que afectan semanas completas y ausencias justificadas más por la costumbre que por la necesidad, están dejando vacíos que ningún sistema logra llenar a tiempo.

Ser maestro no es únicamente impartir contenidos dentro de un horario establecido. Es imagen, es ante todo, asumir una responsabilidad moral con cada estudiante que entra al aula.

Ser maestro no es únicamente impartir contenidos dentro de un horario establecido. Es imagen, es ante todo, asumir una responsabilidad moral con cada estudiante que entra al aula.

No se trata de cuestionar el derecho legítimo de los docentes a organizarse ni a participar en espacios de formación o reivindicación. Los gremios son parte fundamental del equilibrio laboral. Pero cuando esas acciones desplazan el aula y afectan directamente a los estudiantes, es necesario replantear prioridades.

Hoy el estudiante —quien debería ser el centro de todo el sistema— no tiene voz en estas decisiones. No tiene un gremio sindical No puede recuperar por sí solo el tiempo perdido, ni compensar las ausencias acumuladas. Y en un país donde la educación pública representa, para muchos, la única vía real de superación, cada día sin docencia amplía las brechas sociales en lugar de cerrarlas.

El mayor riesgo de esta realidad no se limita al presente, sino que se proyecta peligrosamente hacia el futuro. Una generación que crece entre interrupciones constantes y una cultura de menor exigencia encuentra, además, una poderosa influencia en ciertos géneros musicales y tendencias en las redes que glorifican el dinero fácil, el éxito sin esfuerzo y la evasión del estudio como vía de superación. Cuando el mensaje que predomina en el entorno cultural contradice el valor del aprendizaje, y la escuela pierde consistencia en su rol formador, se crea el ambiente ideal, una tormenta perfecta: jóvenes que dejan de ver la educación como camino y comienzan a idealizar atajos. Sin disciplina educativa ni referentes sólidos, el resultado es una sociedad más vulnerable, menos crítica y cada vez más expuesta a la degradación de los valores que sostienen su desarrollo.

La preocupación no radica en un evento puntual, sino en la cultura que se está construyendo. Una cultura donde la interrupción se normaliza, donde el compromiso se flexibiliza y donde la vocación corre el riesgo de ser sustituida por la conveniencia.

Aun así, sería injusto generalizar. Existen miles de maestros que honran su labor diariamente, que entienden el peso de su rol y que, incluso en condiciones adversas, se mantienen firmes en el aula. Son ellos quienes sostienen, con esfuerzo silencioso, la esperanza del sistema educativo.

Por respeto a esos docentes comprometidos, es necesario abrir este debate. La educación no puede depender de agendas paralelas ni de decisiones que ignoren su propósito central. Requiere coherencia, disciplina y, sobre todo, conciencia de su impacto.

Y estemos claros, No se trata de atacar al magisterio, sino de rescatarlo.

Porque aún hay miles de maestros que sí cumplen, que sí creen, que sí están en el aula dando más de lo que se les exige.

Pero el sistema no puede permitir que la excepción negativa se vuelva costumbre.

La educación de un país no se suspende… se honra.

Cada día sin clases no es un día libre…

es un día que se le roba al futuro.

Mi país no necesita menos maestros.

Necesitamos más maestros conscientes de lo que significa serlo.

Al final, la educación no se interrumpe sin consecuencias.

Cada día sin clases no es una pausa…

es una deuda con el futuro.

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