Guardianes de la verdad Opinión

Benito Antonio Martínez Ocasio

Bad Bunny: la nueva era del reggaetón y la resistencia cultural

La resistencia cultural no siempre se grita; a veces se produce, se coreografía y se distribuye con estrategia.

Bad Bunny

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Hay momentos en los que la música deja de ser “industria” y se convierte en termómetro social. Bad Bunny —Benito Antonio Martínez Ocasio— no solo está en la cima del streaming: está en el centro de una conversación incómoda y necesaria sobre identidad, poder cultural y dignidad. Y eso, en el Caribe, no es poca cosa.

El reggaetón nunca fue “solo fiesta”: nació como idioma de barrio y diáspora

El reggaetón viene de una mezcla viva: dancehall, hip hop, reggae en español… y el “underground” puertorriqueño que fue censurado, perseguido y demonizado antes de ser aplaudido. Esa es la primera lección de resistencia: lo que hoy se celebra, ayer se quiso borrar.

Por eso, hablar de “nueva era” no es decir “ahora sí nos aceptaron”. Es reconocer que el género llegó a la mesa grande sin pedir permiso para cambiar el acento.

La nueva era se mide en instituciones conquistadas sin perder el idioma

Si hay una imagen potente de esta etapa, es esta: un álbum íntegramente en español ganando Álbum del Año en los GRAMMYs. Eso rompe una barrera simbólica enorme: el mainstream ya no te exige traducción para validarte. Y súmale el dato frío (pero revelador): Bad Bunny ha sido coronado Top Artista Global en Spotify varias veces; en 2025, por ejemplo, con 19.8 mil millones de streams. Eso no es “moda latina”: es poder de audiencia sostenido.

Resistencia cultural: cuando la canción se vuelve postura

La resistencia cultural no siempre se grita; a veces se produce, se coreografía y se distribuye con estrategia.

Puerto Rico en primer plano: gentrificación, apagones y colonialidad

Con “El Apagón”, Bad Bunny llevó la discusión a un formato híbrido (video + documental) sobre fallas del sistema eléctrico, desplazamiento y gentrificación. En otras palabras: puso en HD lo que muchos prefieren dejar en “modo silencio”.

De artista a ciudadano: 2019 y el pulso de la calle

En las protestas de 2019 en Puerto Rico, “Afilando los Cuchillos” se convirtió en una pieza clave del clima político-cultural que exigía rendición de cuentas. Cuando un artista entra ahí, no está “opinando”: está asumiendo costo reputacional por una causa.

Machismo, género y responsabilidad: el reggaetón mirándose al espejo

“Yo Perreo Sola” fue un gesto provocador y pedagógico: drag, mensaje explícito de respeto (“si no quiere bailar contigo, respeta”) y el guiño a “Ni una menos”. Eso tensiona el machismo dentro y fuera del género, y abre un espacio de conversación que no siempre es cómodo.

Pero ojo: resistencia también es saber reconocer contradicciones

La influencia masiva trae dilemas: ¿qué pasa cuando el “regreso a la isla” se cruza con turismo, mercado inmobiliario y desplazamiento? Hay lecturas críticas que advierten lo complejo de convertir un símbolo cultural en “motor de visita” sin que eso alimente el mismo problema que denuncia. La resistencia, para ser ética, necesita coherencia y mecanismos (no solo narrativa).

Lecciones “Empresarialidad 4.0” (sí, desde el perreo también se aprende)

Si yo lo traduzco a gobernanza, ética y valores —como haríamos con una MiPyME o un proyecto social—, me quedan cinco aprendizajes aplicables:

Identidad como ventaja competitiva: el producto no se “neutraliza” para vender; se afina para escalar sin diluirse.

Narrativa con evidencia: no basta decir “orgullo boricua”; se muestra con decisiones creativas, alianzas, símbolos y temas.

Gestión del impacto reputacional: hablar de gentrificación, migración o violencia de género no es gratis; requiere consistencia y cuidado.

Diseño de experiencia: música, visuales, performance, documental… el mensaje vive en el sistema completo, no en un tuit.

Poder cultural = responsabilidad: cuando te vuelves referencia global, tu silencio también comunica.

Cierre: lo que Bad Bunny nos está diciendo

Bad Bunny encarna una idea poderosa: se puede ser global sin dejar de ser local. Y más todavía: se puede convertir el entretenimiento en una forma de conversación pública sobre dignidad, identidad y futuro.

La “nueva era” del reggaetón no es que suene en todas partes. Es que —por fin— se le reconoce como cultura con capacidad de resistir, incomodar y proponer.

Y ahora te la dejo como pregunta de trabajo (de esas que me gustan): ¿Qué estás haciendo tú —en tu negocio, tu comunidad, tu vida— para que tu identidad no sea un adorno, sino una decisión con gobernanza, ética y valores?

Sobre el autor
Dora Pariente

Dora Pariente

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