Alianza Público Privada
La carretera del Ámbar: ¿regalo millonario al Consorcio Quisqueya?
El cumplimiento de esa promesa electoral ha tropezado con una realidad incómoda para el Gobierno

Carretera del Ámbar
Durante el proceso electoral, a la sazón, candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abinader, se comprometió en más de una ocasión con la construcción de la carretera del Ámbar. Una vía de Santiago a Puerto Plata a través de 35 de kilómetros que conectará la capital del Cibao con las hermosas playas de la Costa Norte.
El cumplimiento de esa promesa electoral ha tropezado con una realidad incómoda para el Gobierno: los proyectos de infraestructura no se pueden limitar a un estrecho análisis costo beneficio, requieren ser analizados desde una perspectiva más amplia: su impacto en el comercio, el turismo, la competitividad y la calidad de vida de la gente.
Múltiples mecanismos se han utilizado para para intentar materializarla.
El primero fue a través de la Alianza Público Privada (DGAPP) en el año 2020, en la cual el Consorcio Quisqueya – compuesto por la Constructora Rizek, Ingeniería Estrella, Constructora Mar –; presentaron una atractiva oferta en la que el Estado tenía que garantizarles el reembolso del diseño, nada más y nada menos que casi 8 millones de dólares, bajo condición de que, si se les adjudicaba a otros oferentes, el agraciado tenía que cubrirle el costo del diseño a dicho consorcio.
Luego de frustrados intentos. Se ha emprendido un nuevo esfuerzo para desarrollar la necesaria carretera a través del Fideicomiso RD Vial y curiosamente se ha eliminado esa condición.
Es decir, los que ayer corrieron con la ventaja y se les garantizaba el reembolso del costo de su diseño y construcción, ahora participaran desde cero, en “igualdad de condiciones” en el diseño y construcción de la carretera con otros oferentes bajo el la condición de que nadie gozará de ese privilegio, y “todos” tendrán que bandeárselas por la gracia de Dios en un limitadísimo y angustioso período de seis meses (contando desde noviembre del año pasado) para presentar el diseño geométrico, hidráulico, estructural y de memorias de cálculo, los diseños de señalización y seguridad vial, pavimento, estudios topográficos, estudios geotécnicos, sondeos de prospecciones, los ensayos de geofísica, informes, estudios hidrológicos e hidráulicos, entre otros.
¿Acaso en tan poquísimo tiempo y sin una garantía de reembolso de inversión podrán los nuevos oferentes hacer todos esos estudios necesarios para presentar el diseño de la obra y arriesgarse a perder casi 8 millones de dólares? Evidentemente que no. Lo que en apariencia refleja que hay un acuerdo tras bastidores para los que tienen su diseño debajo del brazo.
Todo el que le ha dado seguimiento a ese proyecto sabe que el diseño original lo hizo ODEBRECHT. Empresa a la cual le fue suspendida el Registro de Proveedores del Estado por acusaciones de sobornos para la obtención de contratos, cuyo socio principal en el país era Manuel Estrella, que, por cierto, no fue invitado ni siquiera a tomarse un café amargo y tostado a la Procuraduría General de la República.
El poder en su momento lo protegió del vendaval de ese escándalo de corrupción a quien manejo casi tres mil millones de dólares en contratos, cuando hasta los santos intuyen que si hubo algún pecado fue en el jardín del Edén de las cubicaciones donde Adán, Eva, Pedro y Juan se vieron tentados por satanás a comerse los frutos prohibidos.
A inicios del Gobierno del presidente Abinader, recién sacado del horno como presidente electo, le organizó una cena discreta y moderada, legítimo en un esquema de libre mercado, pero como esos rituales que conocen los que saben saltar del barco antes de que se hunda, no bien inicia la etapa más compleja del gobierno actual y ya andaba detrás de Leonel en New York viendo unos estudios de cine.
Lo mejor sería para el Estado, en vez de hacer una licitación maquillada para regalarle los 32 mil millones de pesos -empezando– al Conjunto Quisqueya, oficialmente denominar la estrella del Ámbar, como la carretera Quisqueya.
Eso sí, el presidente Abinader debe estar consciente del costo político y el inmenso riesgo que tendría a su salida del poder entregarle un proyecto de esa envergadura a un solo grupo económico que mañana serán las grandes “víctimas” -Manuel Estrella, Mícalo Bermúdez y la Constructora Rizek-. El mismo grupo que construye la Autopista Duarte.
Algunos no se conforman con el monorriel de Santiago, carretera Cibao Sur, la fatídica Circunvalación de Baní que a los pocos días de inaugurarla hubo que rehacer un tramo. ¡QUIEREN LA HISPANIOLA COMPLETA!
Los espejos son incómodos para los presidentes porque reflejan una realidad simbólica desde el poder que dista mucho de la de sus predecesores, pero hay una ley inevitable: tarde o temprano un presidente será expresidente.
Presidente Abinader, aún está a tiempo de seguir cuidando su actual y futura investidura, todos los oferentes deben participar en igualdad de condiciones, no caiga en el gancho de los que mañana serán las primeros en desgancharse.