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Qué se dice

Cayó en la tentación.

Habría que estar en la cabeza del fiscal adjunto del PEPCA Aurelio Valdez Alcántara, en el ojo de un huracán mediático tras ser acusado de aceptar un soborno de 10 mil dólares de un imputado al que investigaba

Aurelio Valdez Alcántara

Aurelio Valdez Alcántara

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Cayó en la tentación.- Habría que estar en la cabeza del fiscal adjunto del PEPCA Aurelio Valdez Alcántara, en el ojo de un huracán mediático tras ser acusado de aceptar un soborno de 10 mil dólares de un imputado al que investigaba, para saber qué lo hizo cambiar de bando y cuándo o en qué momento tomó la decisión, pero es muy probable que esa no haya sido la primera vez, algo que tendrá que determinar con sus pesquisas el Ministerio Público, que solicitó un año de prisión preventiva como medida de coerción en su contra. Eso obligará al órgano acusador, bastante cargado de trabajo con los casos de corrupción que investiga, a mirar hacia atrás, a tener que examinar con mayor cuidado y detenimiento, y desde otra perspectiva, los casos en los que intervino, que pudo haber contaminado.

A juzgar por lo que exigió como soborno (200 mil dólares en efectivo, un Mercedes Benz 450 color negro y un reloj Rolex) al imputado en el caso Senasa Roberto Canaán, trasmutado en testigo por el Ministerio Público, resulta evidente que aprovechó la información privilegiada a la que tuvo acceso para hacer su exigencia, que según el órgano acusador fue tan intensa que se convirtió en acoso. Pero también está bastante claro que se dejó deslumbrar y tentar por la gran cantidad de dinero envuelta en los casos de corrupción que manejó, y mas que nada por la facilidad conque toda esa riqueza mal habida fue a parar a cuentas bancarias de particulares. Desde luego, en su caso solo se trató de un engañoso espejismo provocado por la codicia, y ese afán de ostentar riqueza tan característica de los tiempos que estamos viviendo. Pero para el joven fiscal, que parecía tener un prometedora carrera por delante, ya no hay vuelta atrás, por lo que tendrá que asumir las consecuencias de sus acciones, que cambiarán para siempre su vida y la de su familia. Ojalá que puedan mirarse en ese espejo otros miembros del Ministerio Público expuestos a las tentaciones de la corrupción, que ha vuelto a demostrar que puede tocar todas las puertas.

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Claudio Acosta

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