Salud oral
Cesárea o parto natural: una diferencia que llega hasta la boca
El microbioma es el conjunto de microorganismos, bacterias, hongos y virus, que habitan en el cuerpo humano y que cumplen funciones esenciales para la salud.

Cesárea
Mayo es el mes en que celebramos a las madres, y qué mejor momento para hablar de algo que ocurre desde el primer instante de vida y que tiene repercusiones que pocas veces se asocian con la salud oral. República Dominicana se encuentra entre los países de América donde mayor número de partos por cesárea se realizan, muy por encima de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Realidad, que responde a múltiples factores: médicos, sociales y económicos; tiene consecuencias sobre el microbioma del recién nacido y, en particular, sobre su salud oral.
El microbioma es el conjunto de microorganismos, bacterias, hongos y virus, que habitan en el cuerpo humano y que cumplen funciones esenciales para la salud. Durante el parto vaginal, el recién nacido entra en contacto con la microbiota del canal de parto de la madre, lo que le permite colonizar su organismo con bacterias beneficiosas, entre ellas los lactobacilos, microorganismos protectores que también están presentes en la cavidad oral y que ayudan a mantener un equilibrio en el ambiente bucal, reduciendo el riesgo de infecciones. En el caso del parto por cesárea, ese primer contacto no ocurre de la misma manera, y el bebé recibe predominantemente bacterias del entorno hospitalario y de la piel, lo que resulta en una microbiota inicial diferente, con menor presencia de esas bacterias protectoras.
Esto no significa que los bebés nacidos por cesárea estén condenados a tener problemas de salud; significa que hay que prestar atención a su microbioma desde temprano. Aquí es donde entran los probióticos, microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, aportan beneficios comprobados tanto para la salud general como para la salud oral.
A nivel general, los probióticos contribuyen al fortalecimiento del sistema inmunológico, mejoran la digestión, reducen la inflamación y ayudan a prevenir infecciones recurrentes, especialmente en los primeros años de vida, cuando las defensas del organismo aún están en desarrollo. En el contexto de la salud oral específicamente, cepas del género Lactobacillus han demostrado reducir la colonización de bacterias cariogénicas como el Streptococcus mutans, disminuir la inflamación gingival y fortalecer las defensas locales de la mucosa oral. En bebés nacidos por cesárea, su incorporación temprana, ya sea a través de la lactancia materna o de suplementos indicados por el pediatra, puede contribuir a equilibrar la microbiota y acercarla a la de un bebé nacido por vía vaginal.
La lactancia materna cumple un papel fundamental en este proceso, independientemente de la vía del parto, ya que transfiere bacterias beneficiosas, anticuerpos y prebióticos naturales que favorecen el desarrollo de una microbiota saludable. Los estudios muestran que las diferencias en el microbioma entre bebés nacidos por cesárea y por parto vaginal tienden a reducirse considerablemente al año de vida, especialmente cuando se mantiene la lactancia y se incorporan hábitos adecuados de higiene y alimentación.
Es importante recordar que la cesárea es un procedimiento necesario y que salva vidas cuando está médicamente justificada. El llamado no es a evitarla, sino a estar informadas sobre sus implicaciones y a tomar acciones que favorezcan la salud del bebé desde el inicio. Consultar con el pediatra sobre el uso de probióticos, mantener la lactancia el mayor tiempo posible y comenzar los hábitos de higiene oral desde el nacimiento son pasos concretos que marcan una diferencia real.
Recuerden que la salud oral comienza antes de que salgan los dientes, así que si tienen dudas sobre cómo cuidar la boca de su bebé o cuándo hacer la primera visita al dentista, no esperen más para consultar con su odontólogo de confianza. Ese es el mejor regalo que pueden darle al bebé en materia de salud oral.