Caso Senasa
La corrupción desafinada
Uno de los problemas es que nuestro país da mucha vuelta para decirle ladrón a los ladrones.

Senasa
Días atrás una persona me expresó que mis artículos eran muy buenos, pero que debía escribir más corto; me refiero al profesor José Vanderlinde, él ha estado enseñando en las aulas por 50 años. Sin temor a ser evaluado, tengo que decir que el profesor Vanderlinde tenía mucha razón, por eso en este artículo, a diferencia del anterior, seré corto y claro, pero explícito y cáustico en el tema de la corrupción.
Las estafas que se comenten en nuestro país se deben a una cosmovisión que nos domina, los paradigmas y pensamientos occidentales, los nuestros, poseen grietas abstractas pero reales. Uno de los problemas es que nuestro país da mucha vuelta para decirle ladrón a los ladrones. Nuestra cultura es espiral y relacional. Espiral porque damos muchos rodeos para decir lo que deberíamos decir, lo que es obvio. Un ejemplo de esto fue la pregunta que le hicieron a Milagros Ortiz Bosch sobre cuál ha sido su reflexión sobre el caso de SeNaSa. Milagros dio mucha vuelta y no dijo nada, fue espiral, usó tecnicismo y diplomacia. El caso de SeNaSa es simple para explicarlo: ¡Se robó! ¡Se mintió! ¡Se abusó de toda una nación! ¡Y la República Dominicana está llena de leyes que solamente castigan a los que no tienen relaciones o influencia en las estructuras de poder.
Nuestra comunicación es basada en las relaciones; por eso es común y casi una práctica escuchar a los entrevistados expresar frases como: “Fulano de tal es mi amigo. Tal persona es mi familia y por eso no puedo opinar. Su familia es amiga de mi familia. Estudiamos juntos y somos muy cercanos”. Y esos lazos de amistad invalidan las leyes, dejándonos huérfanos y sin protección; generando un país inseguro, corrupto y con una creciente pobreza.
El caso de SeNaSa es para que cualquier presidente de nuestra nación, en este caso Luis Abinader, pare el país, que se olvide de relaciones, de amiguitos, de tecnicismos y populismo, y de forma pública dejar claro quiénes han cometido este suicidio y crimen a las familias dominicanas. Seré claro y corto, un país como el nuestro nunca saldrá de la híper corrupción porque nuestro sistema político está montado en una estructura alimentada por prácticas tóxicas, ilegales, indebidas e infructuosas. Compramos el voto con dinero, algunos senadores y diputados violando la dignidad del pobre, porque la mejor forma de ayudar a los pobres es devolviéndoles su dignidad, no es llegando a sus casas, grabándolos y luego preguntándoles qué cuáles son sus problemas, luego que ellos expresan sus problemas, los funcionarios y “servidores públicos”se muestran como los rescatadores del dolor humano, le dan algo y así termina la historia, subsanando todos los males por un encuentro puramente infructuoso pero asistencialista y humillante.
Señor Luis Abinader, no es suficiente que usted no robe, porque todos sabemos que en la esfera de la política este país está lleno de ladrones, el PRM está lleno de ladrones, los demás partidos están repletos de ladrones, el congreso está lleno de ladrones, nuestra cultura promueve y hacemos chistes con la corrupción. Sociológicamente, la historia comparativa que usamos entre un gobierno y otro es mediocre, tales como: “Balaguer mató mucha gente pero hizo el país”. Cuando Leonel Fernández se robó pero el país se modernizó. En el gobierno de Hipólito Mejía se robó menos que en el gobierno de Danilo Medina”. Esos son algunos de los muchos ejemplos.
José traté de ser más corto y más claro, pero es difícil ser corto y claro en un país con problemas tan largos y tan oscuros. Termino diciendo que no creo en la comunicación espiral y mucho menos en amistades que afecten el orden del bien común. No creo en las prácticas de nuestros políticos, no creo que las cosas podrían cambiar en un país donde todo es permitido cuando se trata de proteger y apoyar a un grupo determinado e intocable. El país no cambiará solo con talleres y seminarios, aquí necesitamos un milagro social que nos sorprenda, una implosión social que nos obligue a cambiar, que se forme una masa crítica y que sirva de modelo, encarnando una revolución moral, y un gobierno que realmente castigue a los corruptos.