Cuando la Promesa se Vuelve Acción: el poder del Movimiento Scout en la construye ciudadanía

Elisa Elena González
Cuando Ana llevó a su hijo Luis a su primera reunión scout, lo hizo con la esperanza de encontrar “algo que lo desconectase del celular”. Lo que no imaginaba era que ese sábado por la tarde sería el inicio de una revolución personal profunda.
Luis tenía 12 años cuando volvió a casa hablando de la promesa scout y con mucha curiosidad por lo que pasaría el próximo sábado; ese detalle fue sin dudas el punto de inflexión para el joven y toda su familia.
Puede leer: Cuando la palabra se convierte en causa: el Foro que reivindica
Cosas simples pero significativas comenzaron a ocurrir: comenzó a hacer su cama “porque así empieza el día con orden”. Eso fue una sorpresa y sin proponérselo su madre también comenzó a cambiar. Ana, que al principio solo observaba desde lejos, empezó a involucrarse: primero ayudando a organizar meriendas de la Manada, luego uniéndose a las actividades comunitarias y apoyar como madre en los campamentos; sin darse cuenta, comenzó también su propio viaje de transformación.
Esa historia, que bien podría parecer excepcional, es compartida en esencia por miles de familias en todo el mundo que forman parte del Movimiento Scout, porque el escultismo —más allá de tiendas de campaña, brújulas y fogatas— es una poderosa experiencia educativa que transforma personas y fortalece comunidades.
En el Movimiento no se enseña con palabras, sino con vivencias. El método scout propone una educación activa, basada en valores vividos y modelados desde edades tempranas. Niños, niñas y jóvenes aprenden a convivir, a resolver conflictos, a dialogar con respeto y a tomar decisiones en grupo. A través de seisenas, patrullas, comunidades, equipos, y juegos con intencionados, se entrenan en liderazgo, cooperación y empatía.
Luis, por ejemplo, aprendió que en su patrulla nadie se impone, todos acuerdan. Aprendió que se lidera desde el ejemplo, no desde el grito, y Ana, al ver esto, lo llevó también a casa: se propouso organizar las tareas familiares, fomentó espacios para hablar sin interrupciones, y redescubrió el valor de escuchar.
En el Movimiento Scout, la ciudadanía se practica, no se memoriza. Cada actividad es una oportunidad para servir, para cuidar del entorno, para comprometerse con el otro. Los jóvenes desarrollan su capacidad de agencia, no son receptores de indicaciones. Desde pequeños participan en jornadas de reforestación, limpiezas de playas, campañas de reciclaje, visitas a hogares de ancianos o proyectos de ayuda comunitaria. Aprenden que el mundo mejora con pequeñas acciones sostenidas en el tiempo.
Y lo que es aún más valioso: no están solos. Madres, padres, voluntarios, líderes —todos conforman una red de apoyo que guía y acompaña sin imponer. En ese entorno, la familia se fortalece, los vínculos se profundizan y los jóvenes crecen con una brújula ética clara.
Estudios como el del Instituto de Estudios Religiosos de Baylor (EE. UU.) han comprobado que los exscouts tienen más probabilidades de votar, participar en voluntariados y ejercer un rol cívico activo. El escultismo deja huellas que se prolongan en la adultez. No es casual que el Movimiento Scout esté alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), trabajando por la justicia social, la inclusión y la sostenibilidad desde la infancia (scout.org).
Luis ahora lidera su propia patrulla: escuchando, motivando, guíando. Ha aprendido que el verdadero liderazgo es acompañar el crecimiento de otros. Y Ana, como muchas madres y padres, ya no ve el escultismo como una actividad extraescolar, sino como un estilo de vida que transformó su hogar.
Porque cuando un niño cambia, cambia una familia. Y cuando muchas familias cambian, una comunidad se transforma. El Movimiento Scout, con su pedagogía silenciosa y su filosofía de servicio, está – desde hace más de 100 años-cultivando la semilla de una ciudadanía más empática, participativa y responsable en todo el mundo.
Hoy más que nunca, necesitamos jóvenes con propósito, familias comprometidas y líderes humanos.
Si alguna vez te preguntaste cómo aportar a un mundo mejor, quizás la respuesta comience —como le pasó a Ana— con acompañar a alguien a su primera reunión scout.