Deficiencia mental, actitudes familiares
ATAHUALPA SOÑE M.
La toma de conciencia que de manera progresiva se ha podido ir tomando en nuestro país sobre los problemas de la deficiencia mental se han extendido, tanto en el sector público como en el privado. Aunque el aspecto de la problemática resulta ser una tarea de médicos, sus múltiples aspectos poseen implicaciones sociales que aconsejan tratamiento de carácter pluri-dimensional.
En esta cobertura se tocan los tópicos más concretos del grado de relación mutua entre medicina y sociedad.
Se abren las puertas para que la rehabilitación de los deficientes mentales en sus tres vertientes: educación familiar, enseñanza especializada y formación laboral. Debe pretenderse que la planificación asistencial debe ser consecuencia de una distribución demográfica ampliada con las peculiaridades más destacables, a fin de que la acción y nivel familiar del procedimiento resulte útil y en adecuación a la programación.
Acorde con los criterios actuales, las instituciones han de asumir responsabilidades de tipo técnico-profesional, en tanto en el marco familiar del niño mentalmente retrasado, siempre habrá la oportuna adopción de disposiciones para que el mismo logre las ventajas que la vida familiar reporta.
El sentido direccional de las consideraciones expuestas, sólo pretenden que el retrasado mental llegue a ser, en lo posible, un miembro útil e independiente de la colectividad, para que sus padres y familiares hagan frente a sus responsabilidades, en función de ayuda, información y adecuada educación.
El hecho presencial de una persona incapacitada por retraso mental constituye una carga de tensión emocional e influye sobre el bienestar y eficiencia social de toda la familia. Por eso la necesaria indagación de los problemas que enfrentan esos padres y sus efectos en la vida familiar.
El tópico de las relaciones existentes en el hogar, conforme a nuestra estructura, normal suele ser la patriarcal, pero se modifica de manera contraria en lo concerniente al cuidado de los hijos, lo cual es propio de nuestra cultura, más aún cuando existe la presencia de un deficiente mental, la madre asume por lo general a prestar la mayor atención en cuidado y afectividad al subnormal.
Las familias con uno o dos hijos, de los cuales uno es deficiente, se observa una mayor tendencia hacia la ansiedad en los padres.
Otros factores inciden en las actitudes de los padres limitando en mayor grado la influenciabilidad positiva con respecto al desarrollo de la personalidad del hijo subnormal, por sobre todo, lo relativo a la comunicabilidad con el hijo, no sólo desde el punto de vista verbal, sino principalmente desde lo emocional y lo afectivo.
Aquellos padres que son sobre-protectores o dominantes en demasía respecto a su hijo deficiente, que valoran la conducta actual con matices no reales para futuras motivaciones, o que rechazan al hijo a pesar de su apariencia afectiva, pueden producir un inadecuado impacto en el desarrollo de la estructura personal de su hijo.
La sobre-protección familiar prolonga más allá de lo posible los cuidados infantiles, con lo cual se proporciona una necesidad excesiva de relación inter-personal. De esta manera se priva al deficiente de una serie de aspectos que presentados de una forma adecuada pueden resultar beneficiosos.