Guerra
Deterioro mundial de la Salud Mental
La guerra entre EEUU, Irán e Israel va para largo, la participación de los grupos radicales y terroristas han decidido confrontar los espacios en cualquier nación de oriente que represente intereses de los EEUU.

Salud mental
El mundo en los momentos actuales es hostil, tenso, en confrontación y en guerra, cargando de amenazas y en conflicto regionales que, predicen una de las mayores vulnerabilidades de salud mental más allá de las fronteras regionales.
La guerra entre EEUU, Irán e Israel va para largo, la participación de los grupos radicales y terroristas han decidido confrontar los espacios en cualquier nación de oriente que represente intereses de los EEUU. Es una guerra que deja miles de pérdidas de vidas, de destrucción de hospitales, escuelas, plazas culturales, de puentes y edificios familiares de ambos bandos. Pero también, esa guerra deja pobreza, crisis económica, deudas, inflación, destrucción y atraso. Lo mismo pasa en la guerra de Rusia y Ucrania, una destrucción deshumanizada y una fuerte migración en manada huyendo de la muerte y las torturas existenciales por cuatro años a fuego cruzado. Vivimos en un mundo hiperconectado, de tecnología y redes sociales, recibimos las informaciones reales y crudas del dolor y el sufrimiento humano y de traumas difícil de superar para lograr bienestar y felicidad.
Sin embargo, la mayor impotencia y frustración es, aceptar conscientemente que vivimos sin árbitros mundiales, sin líderes y sin organismo internacionales que controlen, fiscalicen o sean escuchados y respetados por los países en conflictos para poder dialogar antes de decidir la guerra. El cerebro de liderazgo mundial luce inflexible, radical, de memoria corta y hostil, defensivo y desafiante, frontal y predeterminado al exterminio, sin pensar en sus ciudadanos, en su cultura, su historia, sus antecedentes y la vida sagrada de los niños y adultos que no logran comprender los por qué de una guerra salvaje dónde pierde la humanidad. Las consecuencias en la salud mental son devastadoras e irreparables: sufrimiento y duelos colectivos de millones de personas, estrés agudo y postraumáticos, depresión, ansiedad, miedo, paranoia, traumas psicoemocionales, desconexión de personas, familias y comunidades, buscando refugio. Cada conflicto y guerra deja huellas somáticas en el cerebro de los niños, adolescentes y adultos, difíciles de superar y, peor aún, quedar huérfanos, sin hogar, sin escuela, o amputado de piernas o brazos, viviendo el sufrimiento y el dolor para toda la vida.
El impacto del COVID 19 en la salud mental triplicó los trastornos mentales, los maltratos infantiles, divorcios, depresión y el abuso de sustancias psico-activas en todo el mundo.
Pero, una guerra prolongada como la de Rusia contra Ucrania o estos conflictos y guerra en medio oriente dejarán millones de desplazados, en condiciones de pobreza crítica, desnutrición y pérdidas existencialmente. Esperamos que Venezuela, Cuba, Nicaragua y Haití, puedan resolver de forma reflexiva y con inteligencia emocional y social, pensando en su población y su historia, sin buscar confrontaciones, estimular adversidades e intolerancias innecesarias en estos tiempos de sobrevivencia, y, donde Latinoamérica no está dentro de los propósitos urgentes de la agenda del liderazgo tripolar del mundo. Cada país debe cuidar y proteger la vida, buscar el diálogo, sentarse en la mesa a sabiendas de que, el que maneja conflicto tiene que ceder, perder, ganar, mantener el equilibrio, reflexionar y adoptar una visión horizontal para salir bien de las adversidades. Hay que cuidar la salud mental, priorizarla, cuidarla y ponderarla, junto a la vida, a la historia, la cultura y los valores e identidad de cada nación. Las guerras nunca serían la solución de los conflictos y las diferencias.